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Publicado el jueves 28 de enero de 2010
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ANÁLISIS

De Cospedal, una postura anacrónica, irracional e insolidaria

La líder manchega del PP prefiere supuestos votos a la prosperidad que supondrá el ATC para Yebra

Alberto Valverde.– A fecha de hoy, las encuestas más fiables anticipan que la secretaria general del PP, Dolores De Cospedal, será la próxima presidenta de la Junta de Castilla La Mancha si, de cumplirse los pronósticos, Mariano Rajoy le da la oportunidad de enfrentarse en las próximas autonómicas al actual presidente, el socialista José María Barreda. A menos que siga mostrando su cara menos responsable, De Cospedal recogerá los frutos de la cadena de errores que el PSOE ha cometido en Castilla La Mancha (entre ellos, el disparate de mantener hasta última hora a Hernández Moltó al frente de la CCM) desde los últimos años de reinado de José Bono y pasará a convertirse en la primer presidenta 'popular' de Castilla-La Mancha. Pese a estas más que fundadas esperanzas, y analizando sus últimas actuaciones, está claro que De Cospedal no las tiene todas consigo y que aún teme un milagroso retorno electoral del PSOE, con el consiguiente descalabro de sus ambiciones políticas.

Sólo desde esta perspectiva puede explicarse la posición intransigente, anacrónica, irracional e insolidaria que la líder manchega (y "número dos" nacional) del Partido Popular ha adoptado en el asunto del concurso convocado por el Gobierno de Zapatero para la ubicación del primer Almacén Temporal Centralizado (ATC), nombre eufemístico con el que se ha bautizado al lugar donde 'aparcar', de manera segura y durante 70 años, los desechos radiactivos de nuestras centrales nucleares. Al oponerse a la candidatura de Yebra y de cualquier otra localidad manchega, incluso llegando a expedientar y amenzar con suspender de militancia a los alcaldes populares que defiendan esas opciones, De Cospedal deja entrever que, además de poseer un cierto rictus autoritario, está anteponiendo sus intereses políticos personales a los de unos concejos que, desamparados por la gravedad de la crisis económica del país, optan por aferrarse a cualquier oportunidad que signifique ingresos seguros y recurrentes para sus ciudadanos. No hay que olvidar que la localidad elegida para ubicar el ATC será recompesada, amén de con varias decenas de puestos de trabajo, con unos 700 millones de euros, una cifra ciertamente astronómica, incluso para estos tiempos que corren.

La líder manchega -aunque en las últimas horas parece haber dado marcha atrás en algunos de sus planteamientos iniciales, quizá espoleada desde arriba-, no deja de ser ciertamente irracional. Frente a un arbitrarismo escasamente justifcable del presidente del Gobierno en materia nuclear -no compartido, eso sí, por otras mentes pensantes del PSOE-, el Partido Popular, con su líder a la cabeza, mantiene posiciones ideológicas mucho más acordes a la modernidad que impera en asuntos energéticos en casi todos los paises de la Europa comunitaria, como es la defensa razonable de esta opción en paralelo a la apuesta por otras energías renovables limpias, tales como la eólica o incluso la solar. Generar energía eléctrica con tecnología nuclear es una opción que, hoy por hoy, muy pocos países pueden permitirse el lujo de condenar, y menos España, donde los recursos energéticos autóctonos son nulos o caros y además excesivamente contaminantes.

El PP ha optado frente a Zapatero (reiteramos: no todos los socialistas piensan igual) por una bandera distinta y claramente diferenciable, aunque se enfunden en el paraguas de la necesidad de plantear el debate nuclear. De ahí que Mariano Rajoy haya ofrecido al Gobierno su colaboración para llegar a un consenso sobre la ubicación final del ATC, decisión que por ley corresponde al Gobierno. Con su oposición arbitraria y personalista a la localización dell ATC en su comunidad, De Cospedal rompe con la unanimidad de su partido en este punto al tiempo que envía señales confusas a su electorado, quizá el que objetivamente podria ser más proclive a la defensa de la opción nuclear. Es obvio que ella no le cree así, sin duda porque considera que le será mucho más rentable desde el punto de vista electoral y sin pensar que en asuntos de considerable interés económico, el electorado suele hilar muy fino.

Cualquier potencial votante, popular o no, debería plantearse seriamente si debe fiarse de un político que en un asunto de tanta trascendencia prefiere votos a las opciones responsables desde el punto de vista del interés económico nacional. De Cospedal no sólo condena al ostracismo laboral e industrial a todo un pueblo como Yebrá (o cualquier otro de su región) sino también a toda una comunidad que, como es el caso de Ascó en Tarragona, le resulta harto difícil en medio de un crisis económica sin precedentes, propulsar de materia inmediata alternativas para escapar del "sáhara" inversor que padecen.

Por cierto, y hablando de Ascó, todo lo dicho sobre De Cospedal es perfectamente aplicable al catalán José Montilla, pero con mayor enfásis si cabe. Sobre todo porque el socialista Montilla, aparte de haber sido el impulsor cuando era ministro de Industria de la ley que dio amparo normativo al ATC ahora en litigio, debería dar lecciones de responsabilidad política teniendo en cuenta que ocupa el sillón presidencial de la Generalitat de Cataluña.