Critican que sean oficinas poco rentables, sin muchos clientes y sin activos de calidad
Los bancos rechazan las sucursales que tratan de colocarles las cajas de ahorros
Varias entidades están optando por transformarlas en agencias de venta de viviendas
Obviamente, ya se lo esperaban. Por mucha necesidad de desprenderse de activos (y el más fácil de vender es una red de sucursales) que tengan las cajas de ahorros, nadie da duros a cuatro pesetas. Los bancos interesados en ganar cuota de mercado mediante la adquisición de redes de oficinas de las cajas sabían perfectamente que las que le iban a ofrecer no serían las mejores sucursales de estas entidades. Bancos como Sabadell o Popular recibieron sugerencias del Banco de España para que ayudaran a las cajas con problemas para deshacerse de algunos de sus activos. Otros, como el BBVA, quieren encontrar en esas redes la forma de crecer rápidamente en España y tratar de corregir errores en el ajuste de su propia capacidad de distribución.
El problema es que a estas entidades y a otros grupos extranjeros, como el portugués Banco Espirito Santo, no les convencen las oficinas que les han ofrecido algunas cajas. Y eso explica que no se haya cerrado todavía ninguna operación, pese a la insistencia del Banco de España en que las cajas hagan lo antes posible una dieta drástica de adelgazamiento de su red comercial, y en que los bancos ayuden a este proceso comprando sucursales y otros activos.
Los cálculos más moderados hablan de que las cajas deben desprenderse del 25% de su capacidad de distribución, lo que se traduce en unas 6.000 sucursales. El hecho de que hasta ahora la mayoría de las fusiones reales se hayan hecho dentro de las propias comunidades autónomas dispara la cifra de oficinas que deben cerrarse. Y multiplica los esfuerzos de financiación del ajuste. Lo que a su vez hace más perentoria la necesidad de venta de activos, de sucursales.
Un ejemplo de toda esta situación es Cataluña. El Sabadell está interesado en redes de oficinas que incrementen su presencia en su zona natural de actuación. Lo mismo que el Popular, que siempre ha considerado Cataluña como una zona estratégica. Las tres fusiones de cajas en marcha (las caixas comarcales más Girona; Caixa Catalunya, Tarragona y Manlleu, y Caixa Penedés y Laietana), aunque ahora paralizadas hasta que no se aclara si las ayudas que van a recibir del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca (Frob) y que tienen que autorizar la Comisión Europea van a ser suficientes para financiar sus proyectos de ajuste, van a generar el cierre de unas 800 sucursales. ¿Cómo es que todavía no hay ninguna operación?
Pues muy sencillo. Porque lo que ofrecen no convence a los potenciales compradores. "No hemos recibido una oferta que podamos considerar mínimamente interesante", señalan en una de las entidades que pueden adquirir oficinas de las cajas. Lo habitual es que un intermediario acuda a esos bancos y ofrezca un lote de sucursales y un precio mínimo, para comenzar el proceso de negociación. En ese lote suelen existir lo que en ese mundillo llaman sucursales gancho, que son las de de verdad pueden interesar a los bancos. A cambio, hay que comerse el marrón de hacerse cargo de oficinas sin ningún atractivo.
El Sabadell, que tiene mucha experiencia en integración de redes de otras entidades, ya puso hace tiempo las cartas boca arriba: sólo se plantearía adquisiciones de sucursales de cajas si la ubicación era buena, el volumen de activos y de clientes, adecuado, y el precio, atractivo. Un discurso similar hizo el Popular. Banesto y Bankinter declinaron hace meses participar siquiera en esos primeros contactos. "Estamos centrados exclusivamente en el crecimiento orgánico", explicó la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín. "No parece que haya grandes oportunidades", señaló el consejero delagado de Bankinter, Jaime Echegoyen.
"Hasta ahora, en este tira y afloja el problema es que las cajas quieren vender pocas sucursales verdaderamente buenas", señala un intermediario. Y la dificultad de vender esas oficinas es que ninguna de los lotes que se han ofrecido estaba en beneficios "Un banco puede comprar oficinas con cuenta de resultados en rojo, pero sólo si el volumen de créditos y de depósitos es atractivo y, sobre todo si el listado de clientes no oculta demasiadas sorpresas negativas", añade este experto.
Otro problema es que las cajas las primeras sucursales que cierran son las últimas que abrieron, generalmente fuera de sus zonas originales de actuación. Son oficinas abiertas al calor del boom inmobiliario, muy ligadas a promociones concretas, con mucho crédito (y, por tanto, con morosidad latente elevada) y con poco volumen de depósitos, y con clientes que están en esa entidad porque tienen la hipoteca allí. Con pocos elementos que sean atractivos para los bancos interesados en crecer en determinadas zonas. Porque generalmente las oficinas que llevan menos tiempo son también las que generan menor rentabilidad y las que están en números rojos.
Ante esta situación y ante la reflexión de que con esas ventas de sucursales se termina reforzando a los competidores o introduciendo nuevos en zonas que consideran estratégicas, algunas entidades de ahorro han optado por pasar de los bancos y recurrir a otro tipo de compradores para sus locales: franquicias, por ejemplo. El problema es que la actual situación económica no incentiva este tipo de inversiones.
Otra fórmula es la que va a adoptar la entidad resultante de la fusión entre Caixa Sabadell, Girona, Manlleu y Terrassa , que abrirá oficinas inmobiliarias en zonas donde tenga más viviendas disponibles a la venta y procedente de adjudicaciones de créditos impagados. Esta opción tiene la ventaja de que permite recolocar a parte del personal que se verá afectado por el cierre de aproximadamente el 25% de las sucursales bancarias. Y de paso ayuda a la caja a desprenderse de activos inmobiliarios. Todo menos hacer que los bancos sean más poderosos en Cataluña.