Alberto Núñez Feijóo teme que Vigo le pase factura electoral por la fusión
La Xunta quiere contentar a todos y planea cinco sedes distintas para la nueva caja gallega
El grupo se dividirá en cuatro áreas: Negocio, Participaciones industriales, Obra social y Fundación Cultural
Por los despachos de la Xunta de Galicia circula una especie de hoja de ruta de la nueva entidad que deberá surgir, salvo que el Banco de España ponga obstáculos insalvables, de la fusión forzosa de Caixa Galicia y de Caixanova. Una operación orquestada por el presidente autonómico, Alberto Núñez Feijóo, a pesar de la reiterada oposición del PP nacional por la constitución de entidades financieras que actúen como auténticos bancos públicos regionales y de su predilección por propiciar procesos de integración real o virtual entre cajas de ahorros de diferentes autonomías. Evidentemente, siempre que éstas se encuentren controladas por la formación que preside Mariano Rajoy. Tras aprobar por la vía de urgencia la reforma de la Ley autonómica de cajas, que incrementa el control político de la Xunta sobre sus entidades de ahorro y que impide en la práctica que una de éstas llegue a alianzas estratégicas con cajas foráneas, el informe de auditoría de Caixa Galicia y de Caixanova encargado a KPMG ha llenado de argumentos, como se preveía, esa fusión que va a permitir la creación de la quinta entidad de ahorro de España.
Aunque cueste la destrucción de 1.300 empleos, 485 millones de euros en ajustes y 1.190 millones de apelación a las ayudas del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca (Frob). Que es, por cierto, donde el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, tiene la sartén por el mango, por mucho que le pese al presidente de la Xunta de Galicia, para dar el visto bueno o no a la fusión de Caixa Galicia y de Caixanova. La entidad que preside Julio Fernández Gayoso insiste en su rechazo a la operación, por mucha auditoría que le pongan encima de la mesa del despacho.
Pero en la Xunta quieren mirar hacia adelante. Y saben que una fusión fracasa o tiene éxito si está bien diseñada, si están adecuadamente repartidos los mecanismos del poder. Para ello, hay que hacer encaje de bolillos para no herir más sensibilidades territoriales en Galicia, donde existe una ancestral rivalidad entre A Coruña (sede de Caixa Galicia) y Vigo (donde está Caixanova), símbolos del norte y del sur. El propio Partido Popular escenificaba esa rivalidad entre los "de la boina", los caciques territoriales, tan poderosos y tan fundamentales para el acarreo de votos, y los "de la corbarta", los urbanos, los que estudiaron en Universidades, como Alberto Núñez Feijóo o Mariano Rajoy.
Por eso, la hoja de ruta que circula por la Xunta, pero que no es un documento oficial de ésta (al menos, de momento y hasta no ver las reacciones de cada estamento a sus propuestas) trata de zanjar desde el principio posibles conflictos sobre la ubicación de la sede de la nueva entidad. Previsiblemente, se optará por Santiago de Compostela, para evitar pugnas entre Vigo y A Coruña. Y sobre todo ha diseñado un complejo entramado para repartir subsedes entre las principales localidades de Galicia.
La solución por la que apuesta esa hoja de ruta para la entidad fruto de la integración de Caixa Galicia y Caixanova es dividir el nuevo grupo en cuatro divisiones, que tendrán sus centros de decisión en diferentes ciudades de Galicia. Por una parte, el negocio financiero, lo que en el Santander o en el BBVA es Banca Comercial. Por otro, las participaciones industriales, que aprovecharía el sistema ya existente de CXG, Corporación Caixa Galicia, figura que no existe en Caixanova, y que tiene todas las papeletas para quedarse en A Coruña. Un tercer bloque estará formado por las actuales obras sociales de las dos cajas gallegas. Y el cuarto sería una fundación dedicada exclusivamente a actividades culturales.
De esta forma, la nueva caja tendría cinco sedes distintas: la central, casi con toda seguridad en Santiago de Compostela; Banca Comercial, Grupo Industrial, Obra Social y Fundación Cultural. Como en Galicia hay cuatro provincias (Pontevedra, Lugo, Ourense y Coruña), puede pensarse que cada una tendrá al menos una de las áreas de la nueva entidad. Pero la hoja de ruta no es tan explícita ni concreta tanto sus intenciones en este sentido.
El planteamiento, que fuentes de la Xunta de Galicia insisten en que es "inicial" y desde luego no oficial, es ubicar en ciudades distintas las cuatro sedes operativas para romper la dualidad entre norte y sur, entre Vigo y A Coruña, y dar desde el principio un enfoque auténticamente gallego a la futura caja única de ahorros. Que toda la comunidad autónoma gallega se sienta representada en su nueva entidad financiera.
La mayor originalidad de este planteamiento reside en la diferenciación entre la Obra Social y la Actividad Cultural. Aparte del interés político de dar sedes a todas las grandes ciudades de Galicia, la separación tiene fundamento. Tanto Caixanova como, sobre todo, Caixa Galicia diferencian claramente en su balance y cuentas de resultados entre la acción específicamente social (lucha contra la exclusión de determinados colectivos, fomento del empleo y del autoempleo, del cooperativismo, asistencia, educación, investigación, formación, entre otras actividades) y la cultural. En el caso de la entidad que dirige José Luis Méndez, está la Obra Social y la Fundación Caixa Galicia, con su sede y su presupuesto totalmente diferente.
Previsiblemente, la Fundación Caixa Galicia asumirá todas las actividades culturales de la actual Obra Social de Caixanova para transformarse en la institución ejecutora de las actuaciones de la futura caja única gallega en este campo. Una Fundacióin exclusivamente cultural que nacería desde luego con un buen pan bajo el brazo:unos 50 millones de euros según los presupuestos para estas actividades contemplados por Caixa Galicia y Caixanova para el ejercicio que acaba de finalizar.
En el fondo de esa hoja de ruta planea el temor de Alberto Núñez Feijóo, compartido por muchos grupos dentro del PP gallego, de que Pontevedra y, especialmente Vigo (cuyo Ayuntamiento está en manos socialistas), castiguen electoralmente a la formación de Mariano Rajoy por quitarles su caja de ahorros para dársela a los del norte, a los de A Coruña. Y no hay más que recordar que un escaño puede hacer que la Xunta de Galicia cambie de propietario.