Monitor de Latinoamérica
Cristina Kirchner ve en su vicepresidente el eje de una conspiración contra ella
El quilombo argentino
La presidente cerca a la empresa que suministra papel a los diarios opositores
Un nuevo capítulo de la saga Kirchner está deleitando a una estupefacta opinión pública internacional. En un nuevo arranque en el más puro estilo de la 'reina absoluta porteña', la mandataria argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha acusado a su vicepresidente Julio Cobos de conspirar contra ella en el polémico cese del gobernador del banco central, Martín Redrado. repuesto en el cargo tras una decisión judicial. Según los medios locales, la frustrada decisión de la presidenta de cesar por decreto al gobernador, por resistirse a que el Ejecutivo utilice las reservas de la institución para el pago de la deuda externa, ha ahondado la brecha en las difíciles relaciones que mantiene la mandataria con su vicepresidente Julio Cobos, aspirante a la presidencia por la fuerza rival, Unión Cívica Radica,l en las próximas elecciones, a raíz del intento de destitución de Redrado.
Este incidente es el penúltimo de una sucesión de enfrentamientos de Cristina Fernández con altos cargos de la Administración que ha dejado un rosario de destituciones fulminantes, poniendo de manifiesto el estilo personalista de la presidenta y su preferencia por las medidas contundentes cuando las cosas no se hacen a su gusto, antes que cualquier fórmula de compromiso. De momento, la única víctima que ha salido victoriosa tras la acometida presidencial ha sido Martín Redrado, un reputado economista que se opuso a su cese en cumplimiento de los estatutos de la institución que establecen que sólo puede ser removido del cargo por el Parlamento.
No obstante, la partida no está aún terminada y previsiblemente concluya con la "decapitación" pública de Redrado cuando se convoque el Parlamento en una sesión extraordinaria que, según medios locales, podría ser el 3 de febrero y en la que también podría plantearse la autorización para que el Gobierno pueda utilizar unos 6.600 millones de dólares de los casi 50.000 millones de reservas del banco central. El Gobierno federal tiene las arcas vacías, incluso después de 'estatizar' los fondos de pensiones privados, y por lo tanto no puede afrontar los pagos de la deuda externa que, de cuplir sus compromisos y tras proceder a una amortización anticipada de algunos de ellos, podría voler a endeudarse en los mercados de capitales internacionales.
La polémica entre la dignataria de la Casa Rosada y el gobernador del banco central desató una crisis política coincidiendo con una nueva oferta de canje de los 20.000 millones de dólares en bonos impagados en manos de inversores extranjeros, decisiva para que Argentina pueda regresar a los mercados internacionales tras el colapso de su economía por la crisis del "corralito" y reducir la elevada prima de riesgo país que debe pagar para financiarse que se sitúa entorno al 15%.
Control de la prensa
Pero la zarina porteña no busca sólo el control del banco central de Argentina. En su azarosa carrera por diseñar un Estado kirchnerista, Cristina Fernández está estrechando el cerco a la empresa de celulosa Papel Prensa, en la que participan actualmente los diarios Clarín y la Nación, con el 49 y el 22,5%, respectivamente.
Según informaciones locales, la presidenta quiere que esta empresa, cuya venta en 1976 se hizo en unas condiciones poco claras, acabe controlada por el Gobierno, de la que posee alrededor del 27%. Los intentos por hacerse con esta compañía que suministra papel prensa para acallar a los citados diarios, ya le ha costado el puesto al jefe del Tribunal de Cuentas argentino por oponerse a aumentar la fiscalización de la empresa.
Pocas semanas antes, corrió la misma suerte el responsable de la Comisión Nacional de Valores, Eduardo Hecker, que se resistió a las presiones políticas del ministro de Comercio Interior, Guillermo Moreno, hombre de confianza el marido de la zarina muy conocido por su estilo de portero de discoteca, quien al parecer exigió información contable confidencial de Papel Prensa.
Cristina Kirchner, una dama que gobierna a base de ucases, debe sentirse en la intimidad de sus aposentos de la Casa Rosada como una zarina incomprendida y entristecida porque el mundo no sea peronista. Porque si el mundo fuera peronista -quizá piense la enérgica Suprema- los inversores internacionales no huirían del país, los tenedores de bonos impagados no protestarían, los jueces gringos no embargarían activos del Gobierno, las cifras de la inflación no serían una ficción, los titulares de los fondos de pensiones no se sentirían estafados por el decomiso de sus ahorros y la seguridad jurídica en Argentina no sería una quimera.
No, si el mundo fuera peronista entendería a Cristina y su personalísima forma de dirigir un país que, a su trágico destino de emergente, se añade el grotesco espectáculo de una pareja de gobernantes -la oficial y el oficioso- que entiende la cosa pública como un vodevil de Pigalle que debe culminar siempre con gritos de ¡Viva Perón y la madre que le parió!