Desde la presidencia única, más de 200 altos ejecutivos han abandonado el banco
Con las indemnizaciones a sus directivos, FG podría pagar a los accionistas del BBVA un dividendo más
Goirigolzarri y Maldonado (que sigue en el consejo) suman casi 102 millones de euros
El pasado 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes (pero eso seguramente fue una coincidencia, porque de lo que se trataba es de adelantar la remuneración para que éstos tuvieran que tributar menos a Hacienda), el BBVA abonaba a sus accionistas 0,09 euros brutos por acción. Como actualmente hay en circulación 3.195.852.043 títulos del banco que preside Francisco González, el desembolso que tuvo que hacer el segundo grupo bancario del país para el tercer dividendo a cuenta de los resultados del pasado ejercicio ascendió a 287,62 millones de euros. Una cifra similar, o incluso mayor, podría haber repartido Francisco González a sus accionistas con el dinero que ha dado como indemnizaciones por la prejubilación o la marcha de algunos de sus directivos. Porque si algo ha caracterizado al BBVA de Francisco González es el permanente cambio del organigrama, de la primera línea ejecutiva.
Según cálculos de algunos de los afectados, desde que Francisco González logró la presidencia única del BBVA, tras el juego sucio con las cuentas opacas en paraísos fiscales y los planes de pensiones suscritos con dinero procedentes de éstas que provocó el adelantamiento de la marcha de Emilio Ybarra, unos 200 ejecutivos han abandonado el banco. Algo que contrasta con el mantenimiento de los altos cargos en el Santander una vez que Emilio Botín tomó definitivamente las riendas tras la absorción del Central Hispano.
Los cálculos de ex directivos del BBVA coinciden en que las indemnizaciones a éstos (sólo son de obligada divulgación las que afectan a miembros del consejo de administración) desde la presidencia única de Francisco González superan los 300 millones de euros. Alguno habla incluso de unos 500 millones, cifra que los demás antiguos directores generales del BBVA consultados por CapitalMadrid consideran desmesurada. En cualquier caso, un dinero que podría haberse destinado a remunerar mejor a los accionistas del banco, ya que supera el último dividendo a cuenta repartido por el consejo de administración que controla Francisco González.
Desde que González consiguió la presidencia única del BBVA en octubre de 1999, más de un centenar de altos directivos tuvieron que marcharse. Entre los primeros, Javier Echenique, actual presidente del Banco Guipuzcoano, que no quiso quedarse en el banco tras la marcha de su mentor, Pedro Luis Uriarte. Tras la purga de Benito que supuso el caso de las cuentas opacas (que finalmente se quedó en nada en los tribunales, pero que desalojó del consejo y de la primera línea ejecutiva a todos los procedentes del BBV, salvo a José Ignacio Goirigolzarri, que fue nombrado consejero delegado), personas como Mario Fernández, el responsable de la Asesoría Jurídica del Bilbao, del BBV y del BBVA, tuvieron que hacer las maletas. Éste se dedicó a su bufete, hasta su reciente nombramiento como presidente de la BBK.
En las cuentas de 2002, tres años después de la primera "limpia" en el organigrama tras la llegada a la presidencia única de Francisco González, se resta del beneficio nada menos que 53 millones de euros para un plan de prejubilaciones destinado específicamente a directivos del BBVA. Y tras un consejo de administración celebrado a mediados del año siguiente, FG se carga de un plumazo a 27 altos directivos. Entre ellos, cuatro directores generales. José Antonio Fernández Rivero (que ahora se sienta en el consejo de administración del BBVA, curiosamente como independiente), José Fonollosa, Gregorio Villalabeitia y Antonio Ortega, que para más inri era el responsable de Recursos Humanos del grupo.
Posteriormente, hubo más marchas, tanto forzadas como oficialmente voluntarias. Entre las más señaladas, la de Ignacio Sánchez Asiaín, hijo del presidente del BBV y artífice de la fusión entre el Bilbao y el Vizcaya, abandonaba su cargo de máximo responsable de BBVA en América por discrepancias con Francisco González y su equipo, para recalar en BBK, en donde es director general. O la de Jaime Guardiola, director general del banco primero en Argentina (donde tuvo que gestionar los impactos del corralito y del corralón) y en México, que también abandonaba el BBVA para irse al Sabadell, del que es consejero delegado.
La penúltima purga en forma de prejubilaciones afectó a directivos tan significados dentro del grupo BBVA como Vitalino Nafría, que llevó la compra de Bancomer por orden de Pedro Luis Uriarte y que situó al banco español como el primero de México hasta que fue llamado por Goirigolzarri para hacerse cargo de Banca Comercial en España y Portugal tras el fallecimiento de Julio López. Ahora es el presidente de Metrovacesa, nombrado por los bancos acreedores, entre ellos el propio BBVA. O José María Abril, que llevaba todas las participaciones industriales del grupo, especialmente Telefónica.
Y llegamos a los últimos movimientos, los únicos de los que se tiene información pública (al ser preceptivo legalmente) de las indemnizaciones oficiales que han recibido por prejubilarse y abandonar el BBVA. José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, que cumplía tres décadas en el grupo, ocho años como consejero delegado, decidió abandonarlo, oficialmente "de mutuo acuerdo", tras conocer que Francisco González iba a seguir cinco años más como presidente. La salida del consejero delegado se produce como una jubilación anticipada, según lo acordado entre el banco y el directivo, por lo que percibirá una pensión anual del 80% de su sueldo base, que ascendió a 4,28 millones de euros en 2008. Es decir, tres millones de euros. Una vez transcurridos los diez años que quedan para que Goirigolzarri cumpla 65 años, el directivo percibirá los 52,49 millones que el BBVA le tiene asignado en concepto de jubilación. En total, 82,49 millones. Además, Goirigolzarri contaba con un plan de incentivos en acciones por el que recibiría este año 383.400 acciones, que al cambio actual supondría unos 4,73 millones. En total, 87,22 millones de euros.
Poco tiempo después, se prejubilaba José Maldonado, secretario general y del consejo (aunque se mantendrá en éste como consejero). A 31 de diciembre de 2008 en su plan de pensiones había 8,7 millones de euros, por lo que en realidad la cifra que cobre en su momento será superior. A ésta hay que sumar el 80% de su retribución fija (532.000 euros sobre un total de 665.693 euros, porque la retribución total fue de 1,48 millones en 2008), que cobrará durante nueve años (los que faltan para que cumpla 65 años), más 142.000 acciones del bonus del plan 2006-2008, cuyo valor actual es de 1,8 millones de euros. En total, un mínimo de 14.75 millones de euros, con las salvedades mencionadas anteriormente, y sin tener en cuenta las dietas y demás gabelas que cobre como miembro del consejo de administración del BBVA.
Entre Goirigolzarri y Maldonado, los accionistas del BBVA han visto cómo 101,97 millones de euros se van de las cuentas del BBVA. Una cifra que, siendo elevada, empalidece con lo que costaría que Francisco González se marchara: un mínimo de 93,7 millones de euros, teniendo en cuenta que le quedan cinco años de mandato por mucho que ya no tenga blindaje al haber consolidado su plan de pensiones, superior a los 75 millones. Además, hay otros 15 altos directivos del BBVA con algún tipo de blindaje. Entre ellos, obviamente, el nuevo consejero delegado, Ángel Cano, y todos los miembros de la Comisión Ejecutiva del banco que preside Francisco González.