Sin novedad en la AEB
La gran banca renueva a Miguel Martín
Seguirá otros cuatro años al frente de la patronal
Los presidentes de los bancos integrantes del Grupo Primero de la Asociación Española de Banca (AEB) acordaron el pasado 23 de noviembre proponer a la próxima asamblea general, convocada para el 25 de marzo, la reelección de Miguel Martín como presidente de la patronal bancaria para un nuevo mandato de cuatro años. Es decir, Emilio Botín (Santander), Francisco González (BBVA), Ana Patricia Botín (Banesto) y Ángel Ron (Popular) han pedido al antiguo subgobernador del Banco de España que siga cuatro años más, que no están las cosas para cambiar de entrenador, y más cuando los resultados (los de sus gestiones, no los de las entidades que le pagan el sueldo) son buenos.
Por supuesto, Miguel Martín ha expresado su "profundo agradecimiento y disponibilidad" a seguir al frente de la AEB y ha comunicado el acuerdo de las grandes entidades, que son las que manejan el cotarro en la patronal, a los restantes grupos. Martín fue elegido presidente de la AEB, sustituyendo a José Luis Leal tras su renuncia a un nuevo mandato, en la asamblea general del 30 de marzo de 2006. Un mero trámite, porque Emilio Botín ya había impuesto su nombramiento muchos meses antes, tras conocer la decisión de Leal de no seguir a los 66 años, 16 de ellos al frente de la patronal.
Ya entonces se hablaba de una especie de pacto de rotación. El primer presidente de la AEB fue Rafael Termes, consejero delegado del Banco Popular, ya fallecido. El presidente del Popular, Luis Valls (también fallecido), propuso su nombre como candidato de consenso entre los dos grandes bancos, entonces el Central de Alfonso Escámez y el Banesto de Pablo Garnica. Tras Termes, vino Leal, ex ministro con UCD y procedente del BBV, en donde ejercía de asesor económico. Primero fue el Popular, luego el actual BBVA, así que le tocaba elegir al grupo Santander (que incluye Banesto). Y salió Miguel Martín, que en su etapa como subgobernador fue decisivo en la intervención del Banesto de Mario Conde, en el proceso de saneamiento, pilotado por Alfredo Sáenz, actual vicepresidente segundo y consejero delegado del Santander, que fue quien se quedó con el banco tras la correspondiente subasta.
Curiosamente, Martín fue recibido con ciertas suspicacias en el sector bancario, pero no por la intervención de Banesto, sino porque siempre se le ha considerado muy cercano a las cajas de ahorros, los principales competidores. Pero tras cuatro años de mandato, se ha valorado especialmente su defensa de la buena salud de la banca española ante los reiterados ataques, sobre todo de la prensa económica británica, y de algunas agencias internacionales de calificación crediticia. El hecho de proceder de un Banco de España que ha ganado aún más prestigio con la crisis financiera internacional gracias al acierto de las provisiones anticíclicas y de la supervisión prudencial pero muy cercana de las entidades, ha ayudado mucho a la banca española a superar el trance.
Mientras en Estados Unidos y en prácticamente toda Europa recurrían a las ayudas públicas para poder sobrevivir, en España, que vivió en los años 80 una de las mayores crisis bancarias de la historia de Occidente y luego la intervención de Banesto, ninguna entidad, hasta ahora, ha recibido un solo euro del Estado. Y sólo una entidad, CCM, ha sido intervenida por el Banco de España.
Lo que más ha gustado de Martín es la insistencia, especialmente ante Bruselas, de que las ayudas públicas a los bancos debían concederse sólo a entidades que fueran viables, que no debían perjudicar a la competencia, por lo que deberían estar acompañadas de procesos de reestructuración, y que deberían haberse coordinado desde la Unión Europea. Y no convertirse, como ha sucedido, en una defensa numantina de las posiciones bancarias de cada país, dando un claro paso atrás en la complicada marcha hacia el mercado único financiero en Europa.
Vamos, que el entrenador Martín se ha ganado claramente la renovación. Tras sufrir como presidente de la AEB el duro trago de la crisis financiera internacional, agravada en España por el desplome del ladrillo, Miguel Martín deberá ayudar a que la nave bancaria encauce su andadura por una recuperación que tardará más en España que en otros países de Europa. Algo que preocupa mucho a los bancos. Casi tanto como el nuevo mapa del sistema financiero español que surgirá tras el proceso de concentración de las cajas. Esas viejas amigas, y ahora rivales, del antiguo subgobernador.