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Publicado el miércoles 13 de enero de 2010
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PRESIDENCIA DE LA UE

España y las 'institutrices' inglesas

Las regañinas mediáticas oscurecen el viejo y respetado "british style"

Por Luis Alcaide.– "El que puede, hace; el que no, enseña." Lo británicos atribuyen el aforismo a Bernard Shaw, los españoles a algún torero respondón. Este enero de 2010 es un buen momento para traerlo a colación. Los suecos acaban de entregar a los españoles un carámbano de hielo como testigo de la presidencia de la UE mientras que en Londres no había bastante sal para echarla sobre la nieve, así que la poca que quedaba había que derramarla sobre algún culpable del desaguisado: España y el gobierno de Zapatero. Respetadas y prestigiosas publicaciones británicas, Financial Times y The Economist, han aireado nuestras deficiencias y resaltado nuestros errores. ¿Qué hacemos presidiendo la UE en el primer decenio del Tratado de Lisboa con un 20% de paro?

El "Charlemagne" británico recordaba su paso por Barcelona en 2005. Los españoles se aprestaban a aprobar por referéndum el Tratado de Lisboa. Los fondos estructurales y de cohesión invertidos en kilómetros de carreteras y jaleados en carteles y paneles suministraban un argumento satisfactorio del porqué al SÍ en el Referéndum. "¿Pues hombre, cómo no?" La gratitud es de bien nacidos y había muchísima razones para esa gratitud. ¿Todas, pues no? Ningún otro país europeo había sufrido un periodo de negociación tan largo y exigente como España para ingresar en la Comunidad Económica Europea, auque Europa significase el definitivo fin de la dictadura política y del arbitrismo económico. Ningún otro país occidental se había visto sujeto por ataduras tan firmes y tan añejas, una presencia reguladora omnipresente del Estado y de pronto el mercado único exigía fronteras libres.

Todas las teorías y las pocas experiencias de uniones aduaneras versus áreas de libre comercio reclaman fuerte dosis de solidariedad inter-territorial. La batalla de Edimburgo-Escocia, A. Smith, la mano invisible que conduce al bien común- con Delors, González, y también Solbes, Solchaga y Boyer en el ajo, Guerra posiblemente ausente y la "derechona" perdida y al acecho, significó el reconocimiento de la cohesión. La apertura total de las fronteras para mercancías, personas y capitales necesitaba de una Europa mas uniforme en la que las diferencias de rentas se corrigiesen y no se ampliasen. La "convergencia" fue el mensaje. Pero ni el presupuesto europeo ni las partidas consignadas para la cohesión tenían un peso equiparable al de la desaparición de los aranceles y otras protecciones. El secreto de la convergencia no estuvo en las ayudas sino en el formidable acicate de la competencia. Las empresas españolas no se amilanaron, no buscaron protecciones oficiales, al contrario, se crecieron y compitieron con brío en el gran terreno abierto del mercado único.

Eça de Queiroz, el gran escritor portugués e ibérico, de lectura recomendada para los ibéricos españoles (solo la fatalidad hace dos de este único y tan ibérico país) explicaba el porqué de la atonía cultural ibérica: "los niños portugueses son tan vivos y imaginativos, incluso mas, que los niños ingleses hasta los 12-13 años. A partir de entonces les encadenan con lecturas sobre la vida de vírgenes y santos mientras a los ingleses les estimulan con historias de descubrimientos y aventuras." Resultado, los jóvenes portugueses se vuelven pasivos y bobalicones mientras los británicos se alimentan de inquietudes. La savia de la juventud se transmite al pulso de la vida cultural, política y económica pero Europa y los perversos instrumentos informáticos de la globalización han dinamitado aquellas estúpidas limitaciones.

El asfixiante modelo autárquico se sustituyó por otro competitivo. La balanza de pagos reflejaba fielmente la integración de España en la Europa del mercado común. Los niveles de prosperidad estaban cada vez más cerca sin que fuese necesario abjurar de las corridas de toros o el flamenco. Jóvenes y adultos cada vez mas sueltos en ingles, servicios bancarios de primer orden, trasportes de alta velocidad, autopistas, restauración hotelera aunque también ladrillos y construcciones demasiado cerca de las costas. En los últimos 5 años previos al estallido de los productos financieros estructurados, el crecimiento del empleo en Europa tuvo a España como protagonista principal. Aproximadamente unos cinco millones de nuevos puestos de trabajo en un mercado laboral a la americana con mucha libertad de contratación y despido.

El modelo autárquico de contratos fijos y despidos imposibles sufrió un severo ataque por los flancos, pero, sin duda, el centro de la formación se mantuvo  firme. Los propios españoles lo saben y lo han denunciado con tanta crudeza como exactitud: " tenemos una cobertura del desempleo muy generosa que una parte de la ciudadanía se lo toma como una beca... ¿podemos mantener el mercado de trabajo con un coste sobrevalorado porque cada empresa no puede negociar por su cuenta?... la inevitable reforma laboral incluye la descentralización de la negociación colectiva" (Carlos Solchaga, "Vanity Fair", noviembre 2009)

España, critican nuestras "institutrices" británicos, con un 20% de paro y una fuerza laboral sobreprotegida, no está en condiciones de recomendar el cómo reducir el paro en Europa; Zapatero anda mas preocupado por salir en las fotos, G20, cumbres comunitarias en Madrid, y menos por ordenar su país: cuentas publicas por sanear y reformas estructurales en el mercado laboral. El político que esté libre de pecado que  lance la primera piedra. Pero efectivamente aquí con o sin presidencia comunitaria las agresivas y certeras palabras de Solchaga se cumplirán, quiera o no hacerlas suyas el presidente Zapatero.

El monocultivo del ladrillo irá siendo sustituido por otras actividades, quizá no después de que los británicos abandonen su monocultivo financiero y quizá también cuando los perseverantes alemanes complementen sus mercados exteriores con el suyo propio, el mercado interno alemán.

No sabemos si Delors, Gonzáles, Solbes, presentes en La Moncloa, y los ausentes, Solchaga, pequeñas y medianas empresas, también las grandes, los parados, todos ellos residentes en España, se harán oír y se abrirán su propio camino. Ya ocurrió en 1958, en la transición política que también fue económica, cuando la entrada en el mercado único y la incorporación de la peseta al euro.

Regreso a mi banco del Retiro caminando sobre la nieve recién caída. Me asaltan los recuerdos: Seria por los años 1952-1953 recogiendo patatas ("spuds" que decían los chicos del este londinense) en Gloucestershire, y una joven británica muy sobrada que continuamente asediaba a su pareja con continuadas recriminaciones; alguien comentÓ: "Why are you always snagging?". Categórica respuesta : "I don't snag, I only pass remarks". Ha transcurrido mas de medio siglo y mi admiración por Inglaterra no ha decaído, sigue siendo un acicate intelectual, pero por favor, no más "regañinas", déjennos respirar tranquilos, todos somos Europa, aunque unos más que otros.

Presidente Zapatero, recuérdelo, tiene usted una deuda irrenunciable con sus colegas socialistas españoles, reconvertidores de cualquier modelo de crecimiento castizo.