Monitor de la Construcción
De líder en crecimiento económico a primero en parados
Dos años perdidos y sin salida a la vista
La licitación pública, la mitad que el año pasado a pesar del Plan E
Dice con sorna y fina ironía el presidente de uno de los grandes grupos constructores que "no entraremos en la Unión Europea hasta dentro de doscientos años". No entraremos de nuevo, supongo yo, ante el éxito rotundo que para la economía en su conjunto y para la construcción en general está suponiendo el grandilocuente cambio de modelo económico, productivo, o como se llame esta semana la cosa sostenible, que ha acometido el Gobierno y que nos ha llevado de luchar por el podio del crecimiento a liderar el porcentaje de parados de toda la UE, y a lo que contribuirán entusiásticamente las políticas de gasto expansivo y de subidas de impuestos encubiertas, cubiertas, lineales, mediopensionistas et alia, junto con las no menos entusiastas políticas de drástica reducción de las inversiones en infraestructuras excepto para aceras municipales, mantenimiento de algunas carreteras y poco más.
Hasta el ministro de Fomento ha puesto su granito de arena en estas políticas con su personal puya al manifestar que "en la CEOE piden austeridad presupuestaria pero a la vez que aumentemos la inversión en infraestructuras" como si eso fuera una incongruencia interesada. Ya que no se le puede suponer ignorancia hay que sospechar cierta mala fe ya que el ministro sabe que no es lo mismo el gasto improductivo -por necesario que sea- que la inversión. Y que la destinada a aumentar las infraestructuras genera evidentes efectos de arrastre e incentiva la actividad en otros sectores, alienta aumentos significativos del PIB regional y del empleo y, en el caso de las carreteras, minora sustancialmente los costes sociales y económicos generados por la accidentalidad. No tiene el ministro más que echar una ojeada a los documentados estudios que su correligionario y también gallego Pérez Touriño, producía en los años noventa desde su cátedra en la Universidad de Santiago de Compostela sobre los efectos beneficiosos e incuestionables que la infraestructuras de nueva creación producían ya entonces y lo harán por varias generaciones futuras.
En lo que se refiere a la construcción, el año 2009 es ya un año perdido, camino de mínimos históricos de actividad. Los datos de la Contabilidad Nacional son contundentes. Desde el segundo trimestre de 2008 hasta el mismo período de 2009, la inversión en construcción en España ha ido de mal en peor, alcanzando sucesivamente cotas negativas trimestrales del -4,2%, -7,2%, -10,3%, -11,5% y -12%; la FBCF en construcción, según los indicadores de FUNCAS, ha caído en construcción residencial sucesivamente un -24,3% y un -25,5% en los dos primeros trimestres de este año, mientras que el indicador para el resto de construcción ha conseguido mantener los niveles alcanzados a finales de 2008 (crecimientos de 1,7% y del 1,2% en los dos primeros trimestres de este año), aunque hay que señalar que en el último trimestre de 2008 cayó un -2,3%. El empleo sectorial ha perdido uno de cada cuatro trabajadores en poco menos de un año y la caída del consumo de cemento está nada menos que en el entorno del -40%.
La licitación pública está en la mitad que el año pasado a pesar de los efectos de los 8.000 millones de euros del PlanE para los ayuntamientos. Los afiliados a la Seguridad Social en el sector a agosto han sufrido un descenso del -21,7% y los visados para edificación residencial -en términos de superficie a construir- mostraban en mayo pasado una caída del -37,4%. Para terminar de arreglar el panorama, en 2010 no se construirá más que un número insignificante de nuevas viviendas -la actividad residencial no se recuperará hasta que se absorba el stock existente, lo cual es evidente que no pasará en ese año- y no habrá "ni un duro" para invertir en nueva obra pública por parte de Fomento y Medio Ambiente (a duras penas podrá atender lo ya comprometido) y, mucho menos, por parte de las comunidades autónomas; los ayuntamientos una vez consumido el PlanE y la parte de los 5.000 millones de euros del nuevo PlanE que dediquen a obra pública, se sumirán en un absentismo inversor absoluto; bastante tendrán con intentar pagar las facturas pendientes, que tampoco lo intentan demasiado.
La prometida "actualización" del PEIT tampoco llegará a tiempo por lo dilatado de los plazos para su implementación; actualmente todavía está en el inicio del estudio de impacto ambiental del propio Plan actualizado, trámite que luego habrá que repetir con cada programa y después con cada actuación concreta...tenemos para año y medio por lo menos.
Si a esta previsible reducción del pastel de obra pública se suma que en últimos años se crearon un número ingente de empresas, es claro que habrá menos para repartir entre más, por lo que la competencia se exacerbará exponencialmente, y si la redacción de los pliegos no lo remedia -que hasta ahora no lo ha hecho- se incrementarán inevitablemente las bajas temerarias con objeto de arañar la mayor cuota de cartera posible y luego, ya se verá. Solo van a sobrevivir las empresas constructoras diversificadas y con presencia en el exterior sobre todo en países que están remontando la crisis o la han sufrido menos; aquellas que tengan flujos de caja estables y continuados. "Hay muchas empresas constructoras que están muertas, pero aún no lo saben.
Las constructoras ya se están comiendo la cartera de obras y se la comerán aún más en 2010 sin poder reponer nada por nueva contratación. Ello hará más negativos si cabe, los resultados de 2010 y 2011. Muchas de las inmobiliarias grandes se irán a la quiebra porque la mayoría está muy "tocada del ala". Solo podrán sobrevivir las que tienen un importante activo patrimonial y mantienen los ingresos por alquileres (oficinas y no residencial), que suelen ser las que tienen potentes accionistas de referencia", dicen sotto voce muchos directivos del sector. Vamos a asistir -se dice también- a una gran pelea por la cuota de contratación pública según el tamaño de las empresas, pelea de una previsible dureza no vista desde la época de Álvarez Cascos, que pretendió seguir un sistema de reparto entre empresas grandes y medianas que tan malas consecuencias tuvo, recuerdan los viejos del lugar.
Queda la tan cacareada financiación privada y por CPP pero será prácticamente inexistente o testimonial para 2010 entre otras razones porque todo -o casi todo- depende de esa nueva ley de financiación, que al estar pendiente de trámite en las Cortes Generales no entrará en vigor hasta mediados del año 2010 y a partir de ahí, los entes públicos inversores deberán negociar con las entidades financieras importes máximos, extratipos de interés, garantías exigibles, etc., etc., lo cual deja ese año en blanco en relación a las posibles nuevas concesiones. Además y por lo contenido en el anteproyecto, esta ley es bastante restrictiva y complica enormemente su utilización para el fin perseguido. Por lo tanto lo más probable es que hasta muy avanzado 2010, y eso en el mejor de los casos, tampoco se liciten obras por sistemas de financiación privada o métodos concesionales, como ya ocurrió en 2008 y en 2009.