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Publicado el viernes 18 de septiembre de 2009
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Entra en competencia en el mercado con CCM, que también pretende deshaerse de sus empresas

Caja Duero acelera la venta de participadas de cara a la fusión con Caja España y Caja Burgos

El alcalde de León plantea que entren en la operación CajAstur o Caja Cantabria

Julio Fermoso y Lucas Hernández, presidente y director general de Caja DueroMiguel Ángel Valero.– Caja Duero tiene prisa en dejar todo atado, y bien atado, antes de que comience en serio la fusión con Caja España y con Caja Burgos, prevista inicialmente para la tercera semana de este mes y que ahora se espera que quede cerrada tras el puente del Pilar. Es decir, la tercera semana de octubre. Y es que a una operación de estas características, tan compleja y con tantos intereses cruzados, lo más adecuado es ir con los deberes hechos. Otra cosa es que las circunstancias del mercado no sean precisamente las más propicias para hacer realidad ese propósito. Un consejo de administración extraordinario y monográfico sobre la situación de las empresas participadas dejó claro el mandato a los responsables de la entidad de vender si hay posibilidades reales de hacerlo. Y es que los consejeros creen que la crisis ha dejado algunas participadas en una situación "muy complicada". Por lo tanto, "en cuanto surjan oportunidades de vender en buenas condiciones se va a salir de esas sociedades", porque la caja "no gestiona empresas".

En Caja Duero han tomado buena nota de la situación de CCM con sus participadas, especialmente El Reino de Don Quijote y Ciudad Real Aeropuertos SL. Y también de que Caja Castilla La Mancha tuvo que suspender la venta de su participación en la constructora Isolux Corsán ya que nadie ponía encima de la mesa 300 millones de euros por su 12,5%.

Lo más curioso es que el consejo de administración de Caja Duero, en su sesión extraordinaria y monográfica sobre sus participadas, oficialmente hizo "un balance general de la situación de sus empresas", sin entrar en un estudio pormenorizado de éstas. Esto se explica en que no se quieren dar tres cuartos al pregonero, para no desvalorizar las empresas implicadas antes de que efectivamente se pongan a la venta. Si es que finalmente se hace. Porque lo habitual es encargar a un banco de inversión una prospección del mercado y una valoración de la participación que se quiere poner a la venta para ver si hay demanda y a qué precio.

En 2008, Caja Duero realizó inversiones por más de 160 millones de euros, frente a unas ventas que generaron algo más de 40 millones de ingresos. Entre las primeras, destaca la compra del 10% del capital de Wagaboo, la cadena de restauración fundada por la familia Domínguez, antiguos propietarios de la cadena de restaurantes The Wok, vendida en 2005 al Grupo Vips; Centrolid, Industrias Derivadas del Alumnio, Investigación y Desarrollo Energías Renovables, Altavista Hotelera o Metales Extruidos. Entre las segundas, la salida de Air Nostrum, Corporación Hotelera Oriental y Corporación Hotelera Dominicana.

Colocar el cartel de "se vende" a algunas de sus participadas tiene mucho que ver con las prioridades estratégicas de Caja Duero, que no pasan precisamente por gestionar empresas en circunstancias difíciles, sino centrarse en su negocio financiero. El presidente de la entidad, Julio Fermoso, y el director general, Lucas Hernández, tienen claro que sus prioridades son incrementar las dotaciones para morosidad y  mantener al menos su ratio de cobertura (está en el 73,23%, casi 20 puntos por encima de la media del sector), fortalecer la solvencia y la liquidez (sólo el 23% de los recursos se obtienen en los mercados mayoristas de financiación). En este último aspecto, controlando los márgenes y, por tanto, sin entrar en guerras de precios en la captación de recursos de clientes. También, la reducción de costes y la mejora de la eficiencia.

Mientras en Caja Duero afinan la estrategia de cara a la fusión, en Caja España suenan voces discordantes. El alcalde de León y vicepresidente segundo de la entidad, Francisco Fernández, que suele ir por libre en sus actuaciones, defiende un proceso de integración "más ambicioso y amplio", que involucre "a una caja de Asturias o de Cantabria", para crear un grupo "más competitivo" aunque sostenido por "la base de rentabilidad social que tienen en las distintas comunidades autónomas". Esto supone implicar en un proceso ya de por sí complejo, como lo demuestra la lentitud de esta fusión, a otras dos comunidades autónomas.

 

Esto supondría implicar en un proceso ya de por sí bastante complejo, como lo demuestran las dificultades y la lentitud de esta fusión, nada menos que hasta otras dos comunidades autónomas. Ambas, uniprovinciales y con una sola entidad de ahorro bajo su manto. Con todo lo complicado que resulta que un Gobierno autonómico acepte la pérdida de soberanía que supone quedarse sin su juguete financiero.

Pero el imperturbable y díscolo Francisco Fernández siempre se ha mostrado partidario de una operación entre Caja España y CajaAstur como la mejor opción estratégica para la entidad leonesa. Y para evitar lo que quería la Junta de Castilla León: una fusión virtual entre todas sus entidades de ahorro, ahora reconducida al menos de momento a una integración de Caja Duero, Caja España y Caja Burgos. Entre sus argumentos, que una fusión entre entidades de ahorro de dos regiones diferentes dificulta que suceda lo que, en su opinión, pasa en Castilla y León, donde "el Gobierno autonómico no está dejando que las cajas tomen sus propias decisiones" y hace planteamientos "políticos, sin tener en cuenta criterios financieros".