EL ATRACTIVO ESTIVAL
Un paseo mediterráneo
Por Luis Alcaide
El calor de Madrid a finales de julio ahuyenta en tanto que el frescor de las laderas de la Maliciosa depara un cobijo tan agradable que abandonarlo exige un sacrificio. Pero este verano tenía dos compromisos: un cumpleaños en la Provenza francesa, concretamente en las estribaciones del Luberon, y la visita a una hija que trabaja en el nordeste de Marruecos. La liberalización del tráfico aéreo permite utilizar Marsella como bisagra eficacísima. Madrid-Marsella y Marsella-Oujda. Vuelos directos a buen precio. Cuando no hay trabas o prohibiciones la oferta y la demanda se dan cordialmente la mano.
Marsella se merecía una visita para compararla con Barcelona. Dos candidatas a pilotar la aventura europea del Magreb. Además existía una razón sentimental para un entusiasta lector de El Conde de Montecristo. Tenía pendiente una peregrinación al Peñón de If. Naturalmente la embarcación se llamaba Edmond Dantes. Peregrinos de todas las latitudes con el predominio de un contingente ruso de siberianos de Novosibirsk. Alejandro Dumas desde el Parnaso debió conmoverse.
Marsella tiene mucho encanto. El puerto viejo, la vista de la ciudad desde Nuestra Señora de la Guardia. Tres estrellas en la Guía Michelín que no impiden percibir una lenta y sosegada decadencia. Algo parecido a lo visto más tarde en Melilla, muy distinto de la pujanza de Barcelona o del rejuvenecimiento de Málaga.
La comarca del Luberon me recibe con un estruendoso concierto de cigarras. Casas de piedra dorada y pueblos encaramados, sin ninguna agresión edilicia. Una agricultura variada con la vid en el papel más destacado. En suma, un cuadro muy atractivo para inmigrantes parisinos y anglosajones. Normas de construcción claras y tajantes sobre alturas y volúmenes y la posibilidad de los vecinos de acudir al juez más cercano si la autoridad administrativa o algún avispado promotor maquina algún atentado. Ni rastro de agentes urbanizadores.
Las cigarras bajan el tono, sopla el mistral, arrecian los comentarios sobre si ese español, Contador, podrá con el reto, del Mont Ventoux. El monte destaca en la clarísima mañana. El muchacho de Pinto corona sin problemas y al día siguiente gana el Tour en París. Su hazaña sólo está empañada por el episodio cardíaco del Presidente Sarkozy y el recordatorio machacón de que un francés ha sido el décimo de la clasificación.
En Arles resulta difícil encontrar el puente pintado por Van-Gogh. Tampoco hay ningún cuadro suyo. Eso sí tres estrellas de la Michelín en homenaje a las abundantes ruinas romanas, pero qué diferencia con nuestras aseadas ciudades de Zamora o Soria o los vestigios romanos de Segovia. (En Málaga volverá a oír esos comentarios tan siniestros del mal de nuestras autonomías. Recuerdo a mis contertulios que los 8.000 municipios españoles y las 17 autonomías son mucho menos onerosos que los 60.000 municipios franceses).
Autopista hasta Aix-en-Provence. Ciudad animadísima. Un cochecito eléctrico muy mono por 0.50€ ofrece un paseíto agradable e instructivo. La exposición Picasso-Cezanne merece la visita. El tiempo apremia, el avión para Oujda exige volver a Marsella.
Marruecos, Oujda, enseguida Alhucemas, visita real, música, banderas y un joven bereber que habla canario. Bandera española en el Peñón , con su pequeño contingente de militares y su belleza en el centro de una bahía que acoge dos islotes pedregosos también con banderas españolas. El paisaje y las playas son deslumbrantes. Hacia el oeste hasta otro peñón español, el de Vélez de la Gomera, aunque el objetivo era Cala Iris. La naturaleza es excepcional, el agua también, lástima de la suciedad hasta llegar a la playa. Una excelente carretera litoral recién abierta facilita el viaje desde Nador. El potencial de crecimiento es clamoroso.
Melilla. Punto europeo más próximo al nordeste de Marruecos y el occidente de Argelia. Una plataforma determinante para el acercamiento de las dos orillas. Melilla más cerca que Barcelona o que Marsella con su extraordinario conjunto modernista, más de 900 casas, es un testimonio europeo. Imperdonable olvidar este legado al que tanto contribuyó un discípulo de Gaudí, Enrique Nieto enredado en el amor de una melillense. Melilla es Europa, es más que una plaza de soberanía española. Ni los esfuerzos del Instituto de Fomento Melillense y el plan de competitividad financiado por Tourespaña, ni el pujante comercio transfronterizo informal conseguirán evitar una decadencia tranquila pero inexorable.
Vuelo hasta Málaga. La ciudad está espléndida. La llegada de los cruceros es un éxito turístico. El Museo Picasso otro. Las calles limpias, acogedoras y los chiringuitos y restaurantes muestran una productividad turística de altos vuelos. El Ave en 2h y 35m me devuelve a las laderas del Guadarrama.