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Publicado el miércoles 8 de julio de 2009
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Monitor de Latinoamérica

Los ritos de la democracia: en auge oficial, en entredicho real

Manuel Zelaya apoyado por mandatarios latinoamericanosJosé Antonio Fernández.– (1) Ricardo Lagos, ex-presidente de Chile, ha terciado en la crisis hondureña con un artículo, El predominio de los ritos de la democracia (domingo 5 de julio, diario Clarín de Buenos Aires), que contrasta con otros análisis, más difundidos por cierto en nuestros medios. Lo que dice Lagos es incuestionable desde la acera del pensamiento democrático. El golpe de Estado de Honduras es eso, un golpe de Estado sin más, por más que el gobierno de facto y muchos otros traten de justificarlo en las pretensiones inconstitucionales del presidente derrocado, que, aún si fueran ciertas, no legitiman lo obrado por los otros poderes del Estado. "Lo que se ha querido hacer en Honduras es dar un golpe preventivo... So pretexto de que el gobernante de turno va camino de cometer una ilegalidad, se da un golpe para que no la cometa".

La acusación reiterada es la intención que se atribuye a Zelaya de querer perpetuarse en el poder como los demás integrantes de la alianza bolivariana. Mal podría querer perpetuarse en el poder si el referéndum para convocar una asamblea constituyente se iba a realizar en noviembre, el mismo día en que se elegiría el sucesor de Zavala. Y tal referéndum (la cuarta urna) sólo tendría lugar en caso de recibir una respuesta positiva a la encuesta que desencadenó el golpe. Que la consulta fuese declarada ilegal por el Congreso y el Tribunal Supremo Electoral, ha sido y es el argumento de cuantos avalan el golpe diciendo que no hubo golpe, sino destitución legal.

En vísperas del día de autos, el enviado especial de la BBC a Honduras quitaba hierro a la encuesta: "no tiene carácter vinculante y el presidente Zelaya sólo la quiere para presionar al Congreso, que a fin de cuentas es el que deberá decidir si aprueba la colocación de una cuarta urna en las elecciones generales de noviembre próximo, para que el pueblo decida directamente si hay que convocar a una Asamblea Constituyente o no. Si la participación es escasa, o los resultados poco creíbles, la encuesta perdería mucho del peso moral que le adjudica el presidente Zelaya".

Golpe preventivo

A estas alturas, es patente (para quienes no ven el mundo con anteojeras) que el golpe ha sido preventivo, aunque todavía ignoremos todo sobre lo que se quería prevenir, pues no es imaginable que los poderes fácticos tomen una decisión de tal calibre para prevenir a los hondureños de las aviesas intenciones de un hombre, empresario y político tradicional de centro-derecha, que les era familiar desde hace treinta años. Familiar hasta en sus modos y torpezas. Por lo que no extrañaba mucho a los hondureños el duelo verbal previo al golpe. El enviado de la BBC describe un clima no especialmente crispado entre la gente, aunque tenso entre los poderes, en las 48 horas previas.

Lo que pasó en Honduras en los últimos dos meses fue una secuela de torpezas políticas del presidente Zelaya magnificadas por las intenciones que se le atribuyen. ¿Será posible que el miedo al bolivarianismo-chavismo (al fantasma y al encarnado en los hechos antidemocráticos de Chávez y Morales) pueda desatar golpes de estado comprensibles y comprendidos por muchos? Si hubiese que derrocar a un presidente cada vez que se muestra sin matices, pertinaz en el error, incapaz de negociar con su oposición y hasta con sus partido, tendríamos golpes de Estado, en todas la latitudes (incluida la Europa de los 27), cada mes.

Si cualquier negocio con Chávez es sospechoso, ¿qué decir de la paciente, eficaz y rentable negociación del Banco Santander con Chávez para venderle el Banco Venezuela? Por ceñirnos a Latinoamérica, si resulta que Zavala es un peligroso izquierdista, es como para que se echen a temblar el recién electo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, que preside un gobierno basado en el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional), la antigua guerrilla y, sobre todo, el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, el obispo de los pobres, a quien, sin embargo, las noticias sobre sus hazañas sentimentales y sus varios hijos, han tenido el efecto de dejarlo fuera del ataque contra el eje del mal.

La argumentación comprensiva o/y condescendiente

"El miedo es el motor de todos los conflictos y Honduras no es la excepción. El miedo que generó el acercamiento del derrocado presidente Zelaya al coronel Chávez condujo a que la clase política hondureña hiciera lo que sabe hacer en esos casos. Enjuiciar al presidente era demasiado sofisticado para Honduras". El veredicto de Joaquín Villalobos de hace una semana (De nuevo las repúblicas bananeras, El País, 30/06/2009) era ofensivo para la clase política de Honduras, al tiempo que legitimaba el golpe perpetrado por los golpistas de esa clase política. En artículos posteriores se ha visto obligado a matizar:

"Hay ilegalidades y arbitrariedades indiscutibles en el derrocamiento del presidente Zelaya, pero Honduras no es Bélgica y ha cambiado, pero no tanto. No se trata de estar a favor o en contra de un golpe por simpatías ideológicas, un golpe de Estado es negativo por sí mismo, pero es necesario entender la realidad para evitar agravar un problema en vez de resolverlo" (¿Aislar a Honduras o parar a Chávez?, Infolatam, 3 de julio de 2009).

Entre estas dos posiciones del ex-guerrillero oscilan muchos de los análisis y, sobre todo, de los comentarios que reflejan un estado de opinión que, imposible de cuantificar, es preocupante, porque, en el fondo, se sitúan en la orilla de enfrente a la de Ricardo Lagos: la democracia se defiende con más democracia y no con menos. Hay demasiada gente que se mofa o desprecia los ritos de la democracia y es un peligro cierto el deslizamiento hacia una nueva forma de desprecio hacia la democracia formal, que era en tiempos la postura correcta de los leninistas ortodoxos.

Lagos se felicita por la reacción internacional unánime frente al golpe de Honduras. "¿Cuál es el Presidente que es recibido en estos días en Naciones Unidas, en la sede de la OEA o en la transmisión del mando de Panamá, bajo el aplauso de sus pares? Aquel que fue elegido en las urnas y cuya política -si existen cuestionamientos- se debe confrontar en los espacios de la democracia. El error fundamental de los confabuladores en Honduras es haber regresado al uso de las armas y de la violencia golpista, en vez de usar la fuerza de las convicciones y de las decisiones políticas".

Aun cuando en las crisis de los últimos años (Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela...) varios gobiernos terminaron antes de lo dispuesto por el mandato constitucional, los ritos de la democracia predominaron: renuncia de los mandatarios y sucesión de acuerdo a lo establecido en la Constitución. Esto había mejorado la imagen de Latinoamérica ante el mundo. Claramente en el caso de Honduras las cosas no fueron así. No se han respetado los ritos en que consiste la democracia. Por ello, el restablecimiento de la imagen democrática de Latinoamérica se está consiguiendo por la reacción posterior al golpe. Lagos cita al presidente Obama (sería un terrible precedente aceptar un golpe ilegal) y señala las coincidencias entre Felipe Calderón, hablando a nombre del Grupo de Río, Michelle Bachelet, en nombre de UNASUR, y los países centroamericanos a través del Sistema de Integración Económica. "Cuando todos recurren a la Carta Democrática de la OEA, estamos legitimando una convivencia política moderna en el continente".

El retorno a la guerra ideológica

A fuer de lúcido y sensato, es inevitable someter el análisis de Lagos al contraste con la opinión publicada y divulgada. La pulcritud del fondo y de la forma con que se expone la teoría democrática choca con las opiniones, aún las muy matizadas, de quienes miran al mundo con otros anteojos. Es notorio cómo este caso ha servido para hacer aflorar con todas sus aristas lo que, en otros asuntos, se manifiesta con mayor recato: las dos nuevas trincheras desde las que se ve, se analiza y se toman decisiones en y para Latinoamérica. No son las mismas trincheras ni los mismos actores que los de los años 60-80 del siglo pasado.

Si fueran los mismos, ni Chávez estaría donde está, ni Zelaya habría dejado de ser un latifundista, ni el analista Joaquín Villalobos escribiría dos columnas semanales... Sin embargo, el referente imaginario de cuantos enmarcan cuanto sucede en Latinoamérica (menos los enredos amorosos del presidente- obispo) es la época de las revoluciones, las guerrillas y las contraguerrillas. Por entonces se tejió la tupida urdimbre hecha con mimbres muy diversos. Por un lado, la revolución cubana imaginada y vivida de varias maneras; los varios marxismos y la teología-movida cristiana liberadora... Por el otro, la seguridad nacional, la defensa de los principios y valores tradicionales de las repúblicas y el miedo a las revoluciones. Las venas abiertas por las estructuras socio-económicas injustas se abrían más y más por los ímpetus ciegos desatados por el odio y la ceguera de los grupos armados de la izquierda y la impunidad con que actuaron los escuadrones de la muerte en todas sus variantes nacionales.

Los militares se encargaron de liquidar o recomponer esa amalgama contradictoria, pero la vida real ha sido demasiado dura para la gente como para dedicar mucho esfuerzo al desmontaje ideológico y a la reconstrucción de nuevos pensamientos en la derecha y en la izquierda. La renovación ideológica ha sido más bien cosa de individualidades aisladas, sobre todo en la derecha, que se ha renovado con gentes lúcidas y de gran solidez intelectual provenientes en buena medida de la izquierda. Es un buen exponente Joaquín Villalobos (el comandante guerrillero que firmó los acuerdos de paz de El Salvador), como lo son Los Vargas Llosa (padre e hijo) y muchos más. El problema es que tal renovación ideológica tiene el tono dogmático de los conversos, lo que sitúa este tipo de personajes en la mira de sus ex-compañeros, que amén de traidor, tildan a Villalobos de asesino y sectario.

El renacer de lo peor de la época de la guerra fría en el imaginario colectivo es el fruto del esfuerzo de algunos veteranos, pero, lo más alarmante es que la mayoría son hijos de aquellos. Se consolidan, aquí y acullá, los clanes de analistas agrupados por no sé qué intereses, a lo mejor, hasta simplemente por el miedo irracional a que Evo Morales sea tan sanguinario como el Che o Chávez sea la reencarnación de Fidel y, por el otro lado, que cualquier partido de derechas sea la vuelta de Patria y Libertad, de la Triple A, y de otras siniestras siglas... Con ocasión de la elección de Mauricio Funes como presidente de El Salvador, Villalobos dijo que la derecha de su país no había hecho campaña del miedo, sino que había manifestado el miedo existente a que se haga en El Salvador lo mismo que en Bolivia o Venezuela.

Así, en ambas trincheras, la del eje del mal (Chávez, Morales, Ortega, Correa...) y en la de sus enemigos, hay viejos amigos y camaradas. No sería serio explicar por esta sola causa la beligerancia y el dogmatismo que emana de los cientos de artículos que las varias agencias de uno u otro bando cuelgan en unas decenas de páginas de internet. Pero sería torpe no tener en cuenta ese dato.

Ellos, los situados en sendas trincheras, no se andan con ingenuidades: los otros son unos vendidos. Unos a las empresas del voraz capitalismo. Los otros, a los petrodólares de Chávez. Por esos días, un cotizado columnista se ha atrevido a meter a José Miguel Insulza en el saco de "los vividores del presupuesto venezolano" (José Brechner Latinoamérica y Obama el marxista, www.josebrechner.com, 30/06/09). El político boliviano Brechner, cofundador del partido de Hugo Banzer, es uno de los más activos alimentadores de la teoría del eje del mal.

Es lamentable que estos forjadores de opinión tengan eco entre nosotros.

(1) José Antonio Fernánez es un Analista vivencial de América Latina, ha pasado buena parte de su vida en Chile y en otros países latinoamericanos