Monitor de Latinoamérica
Los asesores latinos en la esfera de Obama (y 2)
El brasileño Mangabeira, profesor del presidente de EEUU en Harvard, considera que España es "un país sin proyecto"
Arturo Valenzuela tendrá que esperar otra semana al menos para ser confirmado por el Senado para ejercer como Subsecretario de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental de la Administración de Barak Obama. El senador republicano Jim DeMint pidió el pasado martes, día 21 de julio, la postergación de la votación por la postura del presidente Barak Obama en el caso Honduras y la reticencia del candidato a subsecretario en la materia. DeMint es uno de los 17 senadores republicanos que han pedido formalmente a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que el Gobierno reconsidere su posición ante la crisis de Honduras. Este castigo probablemente no impedirá el nombramiento de Valenzuela, pero es un anticipo de las piedras en el camino que encontrará el gobierno de Obama para sacar adelante el nuevo enfoque en política exterior.
Piensen lo que piensen Valenzuela y Obama, muchos políticos, y no sólo algunos senadores republicanos, se atrincheran en la estrategia de las cestas de países, con la ayuda de los gobernantes, encabezados por Chávez y Ortega, que con dichos y hechos, alimentan la teoría y la práctica de las cestas. El tira y afloja y la larga espera -más de dos meses desde su nombramiento- resultan chocantes para los europeos y sudamericanos tanto como el hecho mismo del nombramiento de un chileno para dirigir las relaciones norteamericanas con América latina. Es muy larga la lista de los nominados que tienen que pasar por el examen ante los diferentes comités y subcomités y los senadores no se toman el asunto como un trámite, sino como una ocasión para marcar diferencias y velar sus armas.
En el mismo paquete del subcomité para el hemisferio occidental están, además de Valenzuela, su antecesor Thomas Shannon, propuesto embajador en Brasil y Carlos Pascual, embajador en México, cuyo nombramiento ha sido objetado por algún senador. Como los nombramientos tienen que pasar la barrera del pleno del senado, podrían pasar unos 80 días entre el nombramiento y la confirmación final, si esta se lleva a cabo antes del receso veraniego.
Brasil: el atípico ministro Mangabeira Unger regresa a Harvard
Expedita y sin tropiezos, y hasta con alivio de todas las partes, ha sido la salida del gabinete de Lula de Roberto Mangabeira Unger, que, profesor de Obama en Harvard, retorna a esta Universidad de la que es profesor hace casi 40 años. Lo hace para no perder la titularidad como profesor (tenure) que obtuvo hace casi 35 años... y para poder pagar los estudios de sus hijos. Naturalmente este argumento suscita hilaridad e incredulidad en Brasil.
Un intelectual político incómodo para todos sus pares
Nacido en Rio de Janeiro (1947), hijo de madre brasileña poeta y de padre alemán-norteamericano, abogado de profesión, heredó la vocación política de su abuelo materno, Otavio Mangabeira, que fue gobernador, senador y ministro, sufriendo dos exilios y otros avatares políticos a lo largo de su vida (1886-1960). Entre los seis y los once años vivió con sus padres en Estados Unidos. Luego regresó a Brasil, donde completó su educación, hasta titularse en derecho. A los 22 años (1969) se fue a la Universidad de Harvard para hacer un posgrado. En 1976 se convirtió en el profesor más joven de la Escuela de Derecho de Harvard. Entre sus alumnos está Obama, quien, entre 1988-91, hizo un postgrado en Harvard. El curso que siguió Obama, Democracia realizada, dio lugar a un libro de Mangabeira Unger del mismo título (Alternativa Progresista fue el subtítulo en la edición española), en que da vueltas a su tema estrella: las instituciones, es decir, la posibilidad de imaginar y recrear las formas que adoptan las democracias, las economías de mercado y las sociedades civiles.
Miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias desde 2004, ha publicado unos 40 libros con esta idea matriz, que ha sido su gran tema académico y el leitmotiv de toda su ya larga actuación política. El entrecruce de historias familiares y nacionales ha marcado las varias tensiones profesionales y vitales del profesor de Harvard, del escritor compulsivo, al que los juristas miran como un filósofo voluntarista, los filósofos como un intelectual diletante y los políticos como un sempiterno advenedizo, aunque lleve más de 25 años en la vida política brasileña y aunque pocos intelectuales brasileños puedan mostrar una tan coherente y rica producción. Ser heterodoxo y brillante tiene un precio. No ser ni de aquí ni de allá, también. No estar de acuerdo ni con la socialdemocracia ni con el socialismo revolucionario, declarándolos vía muerta; sostener que el manejo forestal sustentable no existe como técnica apropiada para los bosques tropicales; no aceptar las fronteras tradicionales entre derecha e izquierda, pero al mismo tiempo abominar del neoliberalismo y de la equidistancia, inclinándose por otra izquierda, "la que me interesa, que quiere reconstruir el mercado y reorientar la globalización con un conjunto de innovaciones institucionales"... En las actuales condiciones de sequía y de pereza política, se trata de un proyecto de vida eremítica, incompatible con el deseo de llegar al parlamento o a la presidencia de la República.
Por eso, Mangabeira, que ha sido candidato o precandidato a algo desde 1980, que asesoró a Lionel Brizzola y a Ciro Gomes, que ha intentado plasmar sus ideas en tres o cuatro partidos políticos, es visto siempre como un intruso o un outsider de la política. No sé si el apoyo y admiración que suscita en algunos foros de internet, le compense por la enemistad declarada o la reticencia de sus pares políticos y por la indiferencia del pueblo. Él sabe que, en una sociedad con tanto encanto, éste no es su fuerte. Ser desencantador o desmitificador permanente es un fastidio para todos.
Lo más sorprendente de esta historia fue la intuición de Lula al empeñarse en llevar al gabinete a uno de sus críticos más mordaces durante el primer mandato, teniendo que hacer malabares administrativos para nombrarlo a pesar de la oposición del Senado y, por supuesto, de su partido. Le encargó pensar en el futuro de Brasil, asunto que unía al obrero presidente y al intelectual que habla portugués con acento norteamericano. Nombrado ministro extraordinario para Asuntos Estratégicos en octubre de 2007, Mangabeira Unger se ha concentrado en cinco áreas: Amazonia, defensa, gestión pública, oportunidades económicas y educación.
El lanzamiento del Plan de la Amazonia Sustentable en 2008 fue saludado con la renuncia de la ministra de medio ambiente, aunque nunca se haya reconocido que hubiera una relación causa-efecto entre ambos hechos. La Amazonia no es solo un conjunto de árboles, sino un bosque habitado, en la parte brasileña, por 25 millones de personas. Es "un gran laboratorio nacional, la vanguardia donde repensar Brasil": desarrollo de un sistema de transporte multimodal y de una agricultura y una ganadería modernas, que sirvan de solución no sólo local, sino para todo el país. Mangabeira sostiene que la ocupación y el desarrollo de la Amazonia es la "única forma de preservar" su naturaleza, rechazando la idea del santuario y la entrega a actividades depredadoras. Por ser una obligación nacional, Mangabeira asigna un papel de protección a las Fuerzas Armadas en el Plan de Defensa Nacional que ha dejado elaborado. Las políticas amazónicas no se adoptan bajo "intimidación externa": es la única manera de que Brasil preserve en las mejores condiciones este patrimonio de la humanidad.
En todos los temas que ha tocado en la agenda política, análogo intento de conciliar y hacer converger lo que otros científicos sociales y, sobre todo, políticos, no consiguen conciliar o hasta se empeñan en disgregar. Aunque Richard Rorty llamara voluntarista a Mangabeira en una ocasión, en el fondo a ambos les movía el mismo afán transformador de la realidad y el mismo rigor intelectual.
Mangabeira y España, un país sin proyecto
En 2002, a petición del diario El País según testimonio del autor, Mangabeira escribió un paper España y su Futuro, que todavía se puede leer en la página web del autor en Harvard. Resulta difícil extraer algunas citas significativas. Al leer las 16 páginas uno tiene la tentación de citarlas todas, sea por concordar con sus intuiciones sea para polemizar con el autor o pedirle que aterrice. Con el ánimo de incitar a la lectura de este singular personaje, he aquí algunas perlas:
"España es hoy un país sin un proyecto capaz de aprovechar su potencial. Existe un proyecto dominante en España, articulado por las elites y por los partidos. Pero es un proyecto que no sirve, porque no guarda relación íntima con las características más importantes y fecundas de la sociedad española. España, un país relativamente pequeño, se está convirtiendo, por culpa de la falta de imaginación de los que ocupan el poder, en un pequeño país. En un país que, al dejar de hablar con una voz diferente dentro de Europa, está perdiendo contacto con las fuentes de su propia originalidad".
La estrategia europea y mundial urdida por las elites españolas parece más apropiada para otro país. Para la España de hoy, es una aberración. España es en la actualidad un país relativamente igualitario [...] La presencia dominante en el país es una clase que goza de una prosperidad modesta y sólida, al igual que una relativa independencia económica y política. Llamarla clase media tiene poco sentido, ya que más que media es la ampliamente mayoritaria. Son las otras clases las que son clases extremas [...] Puede parecer extraño para un español oír esto, pero, en un aspecto social profundo, el Reino de España ya es una república de iguales. El problema es que estos iguales no están de hecho en el poder, aunque la clase política se reclute entre ellos [...] El proyecto que las elites políticas y empresariales están ejecutando es una alianza ajena a los intereses, los valores y la personalidad de la nación. Esta alianza se basa en el mercantilismo plutocrático, falto de imaginación y de escasa promesa, conducido con igual ahínco por los dos principales partidos políticos, por las grandes empresas y por los que intentan hablar por toda la nación, empezando por el Rey [...]
El terreno privilegiado para la implementación del plan de expansión económica de España en el extranjero fue América Latina. De hecho en Brasil, España ha pasado a ser el mayor inversor extranjero, por encima de Estados Unidos. Hay dos errores en este proyecto expansionista: uno, superficial; el otro, más profundo. Los dos están ligados. La estrategia de inversión nunca superó un oportunismo contraproducente. En muchos países latinoamericanos de hoy, las empresas españolas son vistas con desconfianza. Se caracterizan por una falta de compromiso con los países que las acogen, manifiestan una falta de esfuerzo para hacer más densos los vínculos con las economías locales y transferir tecnologías y conocimientos [...] Es una actitud que se reduce a entrar, ganar dinero y mandar el dinero de vuelta [...]
La crítica más básica es la falta del vínculo orgánico de la estrategia mercantilista con la sociedad española y con aquello que la define: la gran clase de los españoles hacendosos, informados e independientes, dentro y fuera del grupo asalariado. Es como si el proyecto neo-mercantilista no tuviera nada que ver con ellos. Alguna empresa aquí y allí, en alguna Compañía de Indias. Pero, fuera de eso, una gran división, venenosa en una democracia, entre lo que preocupa a los ciudadanos y lo que absorbe la atención de gran parte de las elites.
Las dos críticas están ligadas. Si cambiaran el rumbo fuera del país, y se lanzasen a la obra que he descrito, el gobierno de España y las grandes empresas españolas crearían las condiciones para aprovechar mejor su potencial dentro de Europa. Tendrían cómo satisfacer mejor las necesidades y aprovechar los talentos y las energías de la mayoría. El inicio de esta reorientación del proyecto nacional español daría una base más sólida a otra forma de inserción de España en la economía mundial. Los independientes, espectadores del mercantilismo, pasarían a ser participantes de la transformación".
Que nadie se consuele pensando que Mangabeira escribió el paper en 2002, cuando gobernaba el partido Popular:
"En la actualidad la política española representa un ejemplo típico de política rutinaria. La desaparición de grandes diferencias entre los principales partidos es vista como señal de modernización y madurez, en vez de ser interpretada como prueba de que el país dejó menguar su capacidad de imaginar y de escoger su futuro. Un cambio profundo de rumbo exige la creación de un nuevo tipo de política: una política transformadora que se oponga tanto a la política revolucionaria como a la política rutinaria. Este tercer tipo de política cambia la estructura institucional del país, pero lo hace de una forma gradual y cumulativa. Combina la negociación entre los intereses organizados con la movilización de las masas desorganizadas. Y prescinde de las crisis como precondición para el cambio. Como todas las otras partes de un proyecto que tiene como objetivo profundizar la democracia, de democratización del mercado y de capacitación de ciudadanos y trabajadores, la creación de una política transformadora depende de innovaciones institucionales [...]
Este programa no cabe en el mapa tradicional de las divisiones entre derecha e izquierda. En un sentido, representa una reinvención del socialismo. Así es, si se entiende por esencia del socialismo la gestión colectiva de los problemas colectivos. El programa, sin embargo, lleva ese objetivo adelante sacrificando aquello que históricamente definió el proyecto socialista: el control por el Estado de los medios de producción. No se trata de un programa estatalista. En otro sentido, la alternativa que propongo es una radicalización del liberalismo. Sacrifica al esfuerzo para profundizar el valor liberal del engrandecimiento de la persona el repertorio institucional con el que el liberalismo clásico se identificó. Engrandece al hombre y a la mujer comunes para la construcción de una sociedad que les dé alas y brazos. El punto esencial es el vínculo entre renovación de las instituciones y renovación del espíritu del país y de Europa.
Efectivamente Mangabeira no tiene facilidad para ganar amigos en el mundo de la política ni facilita la tarea de quien quiere recetas fáciles para cambiar el mundo. Tal vez sea uno de los pocos brasileños que ha leído y citado a Unamuno. ¿Se entiende ahora mejor por qué ha terminado la anomalía de que Mangabeira fuese ministro de un gobierno?