LA PIPARRA
Garoña, una decisión incómoda y difícil
El resultado de las elecciones europeas -con victoria clara pero no contundente de Mariano Rajoy sobre Zapatero (nunca lo tendrá tan fácil el líder del PP, habida cuenta de los errores de gestión del presidente del Gobierno en el manejo de la política económica)-, no va a ayudar mucho a acelerar ni definir la decisión que debe adoptar el Gobierno sobre la continuidad de la central nuclear de Garoña, tras el informe positivo del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) del pasado viernes. El Gobierno tiene un mes para decidir si ratifica el informe del CSN, que no es vinculante, o simplemente lo rechaza. Hasta el viernes, Zapatero no había deshojado la margarita (incluso había cambiado dos o tres veces de opinión) y se reservaba la carta, obvimante por razones electorales, hasta ver qué pasaba con las europeas. Ahora puede estar todo más confuso, ya que hasta el viernes, en fuentes próximas a lo que sucede en Moncloa, se indicaba que Zapatero simplemente aceptaría el informe del CSN y santas pascuas.
Pero la cosa no parece tan sencilla. Zapatero está sometido a muchas presiones dentro de su propio partido y fuera del él. También a intereses económicos contrapuestos como puede ser el lobby de las energías renovables y el no menos fuerte de la energía nuclear, que no es el mismo (el eléctrico) aunque a veces lo parezca. De hecho, la continuidad de Garoña perjudicará -no tanto como parece en cualquier caso-, a la utilizacvión prioritaria de las nuevas centrales fotovoltáicas, que asemejan en potencia, aunque no en coste, a la nuclear en discordia. Porque si bien es cierto que si se aprueba la continuación de la central burgalesa será para que funcione a plena capacidad, también lo es que las fotovoltáicas ganarán en credibilidad, como el resto de renovables, si el Gobierno decide prescindir de forma paulatina de todas las centrales nucleares, como indicaría el cierre de Garoña.
Porque el principal problema que tiene Zapatero es, precisamente, el de la credibilidad. El inquilino de La Moncloa ha perdido una bunea dosis de ella con su tardía y dubitativa política económica frente a la crisis, como indica el resultado de las europeas. Y ahora, si pretende recuperar pulso y confianza, sólo le faltaría dejar de cumplir algunas de sus promesas electorales, por muy irracionales que sean, como es el caso de dar carpetazo paulatino al uso de la energía nuclear en España. Si Jesús Caldera y su Fundación Ideas representa algo dentro del PSOE, está claro que Zapatero no tendrá más remedio que seguir sus mandatos, pese a lo pueril e irreal que es hoy en día pronosticar un futuro energético basado exclusivamente en renovables.
Pero nada parece claro. La derrota electoral en las europeas -primera que recibe en su vida política- no va a sentar nada bien a Zapatero. Y tendrá que reflexionar qué está haciendo mal, sin proyectar responsabilidades hacia la crisis. El PSOE, está claro, está perdiendo espacio político y es previsible que trate de buscar sustituciones para el que se aleja, Y éste no es precisamente el del centro y menos de los medios y sectores económicos que, digámoslo claro, nunca ha creído en él. Es lógico que busque apoyo por la izquierda, que gratuitamente le cede Izquierda Unida. Y todos sabemos lo poco nuclear que es la izquierda. Ni aquí ni en Rusia...