La constructora San José se queda sin cobrar una venta por segunda vez en un año
El extraño caso de la no fusión de Parquesol
Caja Castilla-La Mancha y un empresario argentino, atrapados en la operación
Jacinto Rey, empresario pontevedrés y dueño de la constructora San José, que a su vez es propietaria de la mayoría del capital de la inmobiliaria Parquesol (cotizada en Bolsa), ha vuelto a quedarse compuesto y sin novia en menos de un año. Hoy lunes tendría que haber comenzado a cotizar la nueva sociedad surgida de la unión de las empresas Udra (con la que Jacinto Rey ha hecho sus inversiones), San José y Parquesol. Pero no ha sido así. En el entorno de la constructora mantienen que es que no han llegado a tiempo. Pero algo indica que las cosas no van bien. La operación lleva puesta en marcha más de dos años (se anunció el 26 de junio de 2007) y se ha torcido en una semana en la que Caja de Castilla la Mancha celebraba su asamblea (es accionista de Parquesol con un 13,371%) y diez días después de que el empresario argentino Diego Eduardo León Casado, viejo amigo de Jacinto Rey, haya comprado a plazos un 20,256% de Parquesol a 6,214 euros por acción, menos de la tercera parte de lo que Rey pagó por hacerse con el control de la inmobiliaria en julio de 2006.
En aquella fecha, Jacinto Rey, en pleno boom inmobiliario, pagó más de 400 millones de euros a la familia Fernández Fermoselle por el 54,7% que poseían de Parquesol, una inmobiliaria radicada en Valladolid que había pasado de ser una empresita familiar a cotizar en Bolsa. La compra fue realizada a 23,1 euros por acción. Los Fernández Fermoselle, que creían colmadas sus aspiraciones económicas con vender sólo el 50,7% del capital (y el control, por tanto) al dueño de San José, decidieron a última hora quedarse con un 4% de la inmobiliaria. Pocos meses después, visto el éxito que tenía vender, se lo colocaron a la Caja de Castilla La Mancha, que sigue manteniendo la participación de forma directa. Esta entidad financiera pasó entonces a controlar el 13,371% de Parquesol, ya de CCM corporación (su filial de participaciones no financieras) ya tenía anteriormente el 9,371%.
Ahora CCM está intervenida por el Banco de España y los gestores nombrados por la autoridad monetaria quieren todos los datos y muchas explicaciones. Llevar a cabo una fusión en la que más de un 13% del capital no se apunta y además con el Banco de España detrás es problemática. En el entorno de San José se mantiene que los planes siguen y que ha sido un simple problema de plazos.
Pero esta es la segunda vez en un año en la que Jacinto Rey calcula mal los tiempos para hacer caja. El 10 de diciembre de 2007 vendió, también a plazos, un 12% de Parquesol a la inmobiliaria Grupo Lábaro, que después acabaría en concurso voluntario de acreedores. En julio de 2008 Parquesol desestimó la operación y recuperó sus acciones sin haber recibido ni un euro de Lábaro. Ahora, concretamente el 15 de junio pasado, había cerrado otra operación parecida.
El dueño de San José es a su vez el mayor accionista y presidente de la constructora argentina Carlos Casado, donde vigila sus intereses su socio y amigo Diego Eduardo León Casado, que es vicepresidente. Diego le compró a Jacinto un 20,256% de Parquesol, por 50 millones de euros. Pero no comenzará a pagar el primer plazo de 3 millones hasta las 72 horas siguientes a la salida a Bolsa de la sociedad resultante de la fusión de San José y Parquesol. Otra vez sin cobrar, al menos por ahora.
Esta historia no tendría más trascendencia que la de una búsqueda de oportunidades en un mercado muy difícil si no fuera porque el pasado mes de abril San José llegó a un acuerdo con un sindicato de nueve bancos (entre los que está CCM) para refinanciar su deuda. En el acuerdo se contempla una estructura que contiene préstamos y créditos por un importe máximo de principal total de 1.112,37 millones de euros; un tramo de descuento comercial y financiero con un límite máximo de 243,85 millones de euros; un tramo de confirming por un límite máximo de 105,25 millones de euros, un tramo de avales para la licitación y ejecución de obras, y de avales financieros, por un límite conjunto máximo de 501,94 millones de euros, y la obtención de una línea de financiación adicional de liquidez contingente por importe de 212,01 millones de euros. Para ello, y para los tres años que le han dado de carencia los bancos (el plazo de amortización es de seis en total, pero no tiene que devolver principal hasta 2012), San José ha tenido que poner garantías sobre la mesa.
La constructora puso en prenda sus acciones de Parquesol, lo que explica que la última venta realizada a su socio argentino no esté acabada hasta la salida a Bolsa. También ha puesto como garantía el 27,5% que San José posee en Desarrollo Urbanístico Chamartín (Duch), la sociedad creada por bancos e inmobiliarias para construir edificios en las zonas que abandona RENFE en el barrio madrileño de Chamartín.
La operación es complicada y la CNMV tiene la promesa de San José de que en cuanto logre inscribir la fusión la nueva sociedad saldrá a Bolsa. Una historia que en los tiempos del boom habría pasado desapercibida pero en la que ahora los bancos miran con lupa hasta la letra más pequeña de los contratos que puedan firmar sus acreedores. Y entre tanto, la familia Fernández Fermoselle, y más concretamente Marcos, el hijo del fundador, ha reestructurado su cartera de inversiones y ha traspasado toda la cartera que tenía en dos sicav a una sociedad limitada denominada Naropa Capital. Naropa es el nombre de un monje budista que vivió en el siglo XI y la sede social de esta empresa familiar está ahora en Valladolid, donde siempre ha estado Parquesol. Las dos sicav la tenían en Madrid.