ANÁLISIS
El BCE teme tomar la iniciativa
Como se esperaba, el Banco Central Europeo, ha decidido rebajar los tipos de interés y ha dejado abierta la puerta a nuevos recortes. Lo ha hecho con ese lenguaje medido que caracteriza a los banqueros centrales para dejar abierta la puerta a una nueva decisión, pero sin decir que la puerta está ya abierta. Las decisiones hay que tomarlas cuando son necesarias. En cambio el Presidente del BCE, Jean Claude Trichet, sólo matizó que el "Banco Central Europeo, no ha decidido que el 1 por ciento sea el nivel más bajo al que se va a situar su tasa rectora". Pese a que no quiso separarse de esta declaración institucional, la repitió al menos en cuatro ocasiones, como puede consultarse en la web del emisor europeo, añadió en la rueda de prensa también que "nuevos recortes de los tipos de interés dependerán de las condiciones económicas futuras".
Junto a la bajada de los tipos de interés, Trichet también dio a conocer otra serie de medidas de política monetaria, como la prolongación del vencimiento de sus operaciones de refinanciación hasta doce meses y el anuncio de que en la próxima reunión de junio aprobarán las condiciones para la compra de bonos asegurados. No quiso responder en ningún momento por qué se ha tomado esta medida, a la que varios de los gobernadores de los bancos centrales de los países miembros se oponían, pero no se explicarán las condiciones hasta que se celebre la próxima reunión decisoria del Banco Central Europeo en el mes de junio.
La medida ya la aplican otros bancos, como la Reserva Federal, desde hace varios meses, y pese a las reticencias de Alemania nadie entiende como Trichet no ha logrado imponer la medida hasta ahora. Sobre todo cuando la mayoría de las críticas se centran en que la crisis, al menos en parte, se debe a que no ha sabido adoptar las medidas en el momento necesario. Los cursis solían repetir, hasta no hace muchos años, la expresión de adoptar las medidas necesarias "en tiempo y forma". En tiempo y forma sería conveniente que se implicara también en las pruebas de solvencia del sector financiero europeo, en aras de la mayor transparencia que dicen beneficia al sistema, como ha hecho Estados Unidos. Pero tampoco aquí parece muy decidido el BCE a emprender un trabajo a escala comunitaria.
Pues eso. Trichet ha vuelto a dejar pasar otra oportunidad para tomar la iniciativa. Lo hace porque quiere lograr las decisiones por consenso. Ayer durante la rueda de prensa insistió en que todas las decisiones se adoptaron por unanimidad, aunque previamente se discutió muy a fondo.
Tras admitir que la recesión se ha expandido durante el primer trimestre, incluso de forma más intensa que la peor de las previsiones, no han adoptado medidas que otros países ya están aplicando con éxito para sacar a su sistema financiero del bache que atraviesan y a la economía de la depresión.
Pese a lo acertado de muchas de sus medidas, el temor a adoptarlas, el miedo a aplicarlas y el fracaso al explicarlas está provocando ya importantes problemas sociales. Sobre todo por el importante aumento del desempleo. Como advertía el primer ministro de Luxemburgo y presidente del eurogrupo, "me preocupa que a muchos de los dirigentes europeos no les preocupen los riesgos sociales que Europa está asumiendo despreocupándose del paro creciente". Pareciera que además de señalar a sus colegas los jefes de Estado y de Gobierno que no han querido celebrar la cumbre del empleo en Praga, estuviera también estimulando a Trichet para que las decisiones las anticipe. Ahora puede ser ya demasiado tarde.