LA PIPARRA
La doble cara de Díaz Ferrán
Nunca en la historia de la CEOE ha existido un presidente tan próximo al poder político como en la actualidad. Ni siquiera en la etapa de José María Cuevas cuando gobernaba José María Aznar. El actual presidente de la Confederación Española de Organizaciones empresariales (CEOE), Gerardo Díaz Ferrán, ha estado siempre muy próximo a las posiciones socialistas (y, en especial, de Zapatero) hasta el extremo de casi provocar un cisma en la patronal cuando despachó sin contemplaciones, bajo una aparente dimisión, a su secretario general, Jiménez Aguilar, muy alejado de las posiciones socialistas.
Cuentan que Díaz Ferrán es prisionero de la debilidad de su propia empresa, Air Comet, que tiene atrasos con la Seguridad Social y acumula retrasos en los pagos de las nóminas. Para no molestar al poder, que podría exigirle lo mismo que al resto de empresas, el presidente de la CEOE suele dar una de cal y otra de arena.
Ayer, víctima hoy de un 'micrófono abierto', tocó la de arena. En conversación privada, Díaz Ferrán culpó al propio presidente del Gobierno de la situación económica actual y señaló que los malos momentos que atraviesa la economía española no es un problema de la "grave crisis" mundial, sino de los "años de Zapatero".
El desliz de Díaz Ferrán se produjo durante la celebración de la Asamblea general de CEIM 2009, mientras el presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, estaba pronunciando su discurso.
En el momento en que Fernández afirmaba que ninguna empresa deseaba reducir su número de trabajadores, el presidente de la CEOE comentó al secretario general de CEIM, Alejandro Couceiro, desde la mesa presidencial, que el problema no es de la "grave crisis", para añadir a renglón seguido: "son los años de Zapatero".
Sin embargo, durante su interlocución, Díaz Ferrán manifestó que, a pesar de la situación de crisis económica que atraviesa España, no es cuestión de "buscar culpables o amenazar" en el caso de que no se tengan en cuenta determinados puntos de vista, sino de emprender reformas estructurales, entre ellas, la del mercado laboral con el fin de intentar disminuir la "dramática destrucción del empleo".