Letra más grande Letra más pequeña
Enviar este artículo a un amigo Imprimir este artículo
Publicado el lunes 4 de mayo de 2009
Enviar este artículo a un amigo
Email de tu amigo/a
Para que sepa quién lo envía...

ANÁLISIS

El Banco de España, aún más exigente que su gobernador sobre las pensiones

J. Hervás.– Se han hecho muchos esfuerzos, pero todavía falta mucho trabajo por realizar. Todo pese a que no estamos en el mejor de los momentos. Hay que introducir modificaciones si se quiere mantener la viabilidad de las pensiones. El informe de la Dirección General del Servicio de Estudios que el Banco de España ha enviado finalmente all Congreso de los Diputados (al que se puede acceder en el articulo anexo, en portada, debajo de esta información) es aún más exigente que las propuestas que ya anunció el gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez en su comparecencia ante la subcomisión del Pacto de Toledo.

El estudio hace una evaluación de lo mucho que se ha progresado y de los cambios introducidos en el sistema desde que en 1993 el Congreso advirtiera de las dificultades para mantener su viabilidad tras la universalización del sistema de pensiones. Sus 27 páginas además de estar llenas de análisis de la previsible evolución de la población hasta el año 2060 ofrece previsiones de cómo pueden afectar al producto interior bruto las diversas modificaciones que se introduzcan a partir de los nuevos acuerdos del Pacto de Toledo.

Además de alabar el trabajo realizado por el Congreso de los Diputados y los diversos gobiernos desde esa época para introducir las mejoras necesarias, advierte de lo mucho que queda por hacer si se quiere mantener su viabilidad. Es como el catálogo de las reformas inacabadas. No es tremendista. Pero insiste en la necesidad de empezar a hacer lo que hay que hacer en los próximos años.

En sus conclusiones en la página 14, antes de ofrecer una serie de anexos muy pertinentes para poder comprender cómo ha ido evolucionando el sistema en España, insiste en que aunque la aparición del primer déficit en el sistema pueda aparecer muy lejano, debe tenerse en cuenta que el horizonte de planificación y aplicación de las reformas es también largo. Por lo tanto deberían ser debatidas sin demora, para que tras una implantación gradual, las reformas surtan todos sus efectos cuando el fenómeno del envejecimiento empiece a incidir con mayor virulencia.

El estudio insiste en que por el lado de los ingresos, el aumento del tipo de cotización tendría efectos muy positivos sobre el déficit. Pero alerta de las consecuencias negativas sobre el empleo, al provocar un fuerte aumento del coste laboral, por lo que la mayoría de los estudios aconsejan descartar esta forma de afrontar el problema. Como desaconsejan eliminar los topes salariales sobre los que se aplican los tipos de cotización también por el efecto negativo que tendría para el empleo de los mejor remunerado.

Se muestra en cambio más partidario del incremento de las dotaciones al fondo de reserva. En la actualidad los complementos a mínimos de las pensiones suponen una merma de 3.481 millones de recursos del sistema de la Seguridad Social.

Por el lado del gasto promueve la reducción del gasto de pensiones a través del incremento del número de años de cotización, la reducción del porcentaje de la base reguladora que se percibe en caso de haber cotizado el período mínimo, retrasar la edad de jubilación, ligar la pensión a la esperanza de vida, y revalorización estricta de las pensiones con el IPC. Conllevaría efectuar una revisión automática a la baja en el caso de que el IPC fuese inferior al programado.

No será un programa sencillo de aplicar. Pero ahora que se cumplen 30 años del thacherismo, y aunque me encuentro en las antípodas de su capitalismo popular no está de más recordar que las grandes reformas, como ocurrió con el socialdemócrata Gerhard Schröder, las aplicaron en su segundo mandato.  Cuando pasen las europeas y conozcamos las nuevas previsiones de la Unión Europea y del la OCDE sobre el sector, habrá que volver a hablar.