TRIBUNA DE ECONOMÍA
España e Irlanda: una crisis, dos políticas
Por Luis Alcaide (1)
La recuperación económica es sólo cuestión de tiempo. Basta mirar a las políticas de estímulo adoptadas a lo largo y ancho del planeta para confiar en que aquéllos años terribles 1929-1930 no se repitan. ¿Cuándo y cómo la recuperación? Los directivos de la Reserva Federal se felicitan de su buena vista: pimpollos verdes en las proximidades; el FMI, con su telescopio, los sitúa a finales de 2010. Pero son pimpollos no del todo identificados. España e Irlanda, dos campeones europeos indiscutibles, habían crecido por encima de la media de la UE. Pero como he comentado en la revista Consejeros, los éxitos pasados no siempre es fácil repetirlos ni mucho menos profetizar cuándo volveremos a las andadas.
España, lo ha repetido en más de una ocasión el Presidente del Gobierno, se izaba por encima de la renta per cápita de Italia y casi llegaba a la de Francia. Irlanda no sólo superaba al Reino Unido y a Alemania sino que recogía a sus conciudadanos que habían emigrado a Gran Bretaña. Irlanda y España, países de emigrantes, se habían convertido en naciones de acogida. El apogeo de su crecimiento en 2007, tenía en la construcción su principal protagonista. En Irlanda suponía el 12% y en España el 14% del PIB.
En su zenit del ladrillo o del hormigón armado explota la burbuja financiera y las aguas monetarias se llevan por delante todos los baluartes inmobiliarios. Se dispara el paro: 12% en Irlanda, 17% en España. La tragedia sobrevenida hace olvidar incluso que el número de personas ocupadas en cualquiera de los dos países, es decir de activos todavía ocupados, es el más elevado de toda su historia económica.
Electoralmente, las cifras de paro son insostenibles. No hay otra solución que acudir a eso que llamamos medidas keynesianas, es decir activación del gasto público a toda velocidad. Frenar la recesión y evitar la depresión era una prioridad absoluta. La bajada del los tipos de interés no bastaba porque los bancos no se fían de los deudores y, por otro lado, los deudores están demasiados escaldados como para meterse en gasto de consumo o de inversión. Así que pues coincidencia en las medidas de una primera fase de las políticas económicas: sostenimiento del consumo. No había otra alternativa.
Las diferencias empiezan precisamente ahí. ¿Cómo relanzar la actividad y al mismo tiempo evitar el hundimiento de las cuentas públicas?. En el exterior de un área monetaria el arma primera y más socorrida es devaluar la moneda para restablecer la competitividad o lo que es lo mismo aumentar las exportaciones y recortar las importaciones. Pero ni Irlanda ni España disponen de ese instrumento, como sí pueden hacer los ingleses devaluando un 30% la libra -que, ojo, ya empieza a recuperarse- o suecos o polacos devaluando sus monedas entre un 34 y un 29%. Sin devaluación no hay otro remedio que buscar por otros caminos la flexibilidad para recuperar la competitividad. Flexibilidad que exige una estrategia distinta.
A partir de ahí los caminos se separan. Irlanda reclama autoexigencia. Reflexiona sobre sus dificultades pasadas e intenta que no se repita. España, más pinturera, insiste en garantizar la capacidad adquisitiva: prestaciones sociales sin merma y promesas de elevar las pensiones más modestas. El Estado proveerá. Ninguna exigencia a los colectivos de funcionarios municipales o responsables políticos; ninguna contrapartida por el lado de los impuestos. Confianza en que el bajo nivel de deuda pública garantizará la solvencia del Estado Español, que incluso avala déficits de las entidades municipales sin reclamarles ningún reajuste en su prodigalidad ni en sus aberraciones.
La Comunidad de Madrid como si se tratase del KGB soviético espía al Ayuntamiento que a su vez, reclama árnica contra el espionaje. ¿No sería más razonable que, como sucede, por ejemplo, en Austria y Alemania, fusionar Ayuntamiento y Comunidad, reducir los puestos directivos y saber de quién son las competencias sobre el Canal?. Todo con tal de que esos agentes infiltrados sean liberados de las obsesiones de sus responsables para el curioso interesado se recomienda leer el artículo El Espionaje en Madrid, de la Revista Consejeros, número de abril 2009.
El Gobierno irlandés, más sensible a la memoria histórica ha recortado la remuneración y los gastos de los miembros del Parlamento, incluida las pensiones. Y sin ser un gobierno socialista sino de coalición ha establecido un impuesto extraordinario del 4% sobre los ingresos brutos para quiénes ganen más de 75.000€ anuales y del 6% cuándo se superen los 175.000€ (el gobierno de coalición de Alemania ha fijado un impuesto parecido). Este gravamen es independiente del impuesto general sobre la renta de las personas físicas.
Un buen correctivo de solidaridad para las rentas medias y altas. Solidaridad por un lado y un intento cifrado para corregir el déficit fiscal que podría dispararse hasta el 13% del PIB irlandés y comprometer su solvencia financiera. Recordemos que Irlanda fue el primer país que garantizó la totalidad de los ahorros depositados en sus bancos y que ha sido el primero en crear una agencia financiera que absorberá los activos y los préstamos inmobiliarios con un valor en libros de 89-90 mil millones de euros. Se descarga los balances bancarios y se facilita el crédito, pero el Tesoro anuncia que no olvida sus firmes compromisos financieros.
Sacrificios y flexibilidad. Los trabajadores españoles de la planta de Martorell han aceptado la congelación salarial como prescribe el criterio de cualquier buen padre o madre de familia. En Irlanda las remuneraciones han bajado entre un 7-8% en paralelo con el sector público. Un reajuste de los salarios reales imprescindible para recuperar la competitividad en ausencia de esa devaluación de la moneda. El equilibrio de las balanzas de pago empieza a ser ya una realidad y algunos de los motores de su economía -tecnologías de la información, productos farmacéuticos y, en especial los servicios de empresas- han encendido más bombillas. El Estado se ha comprometido a mantener el impuesto de sociedades en el 12,5%, para todas, grandes, pequeñas y medias.
Tiempos difíciles para los dos campeones europeos -8% de caída del PIB en Irlanda y 17% de paro en España- para quienes la Unión Europea y las exigencias de unas economía abierta, siguen siendo su principal referencia de prosperidad. El resto es paisaje o pasatiempo.
(1) Luis Alcaide, técnico comercial del Estado, fue director general de Patrimonio y director de Relaciones Informativas del Banco de España. Editorialista de varios diarios, es asiduo analista económico.