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Publicado el miércoles 20 de mayo de 2009
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TRIBUNA DE EUROPA

El desafío económico y constitucional de Europa

Por José Manuel Aguilar de Ben(*)

Está Europa inmersa en un doble desafío, el de la crisis económica global que afecta ya a la UE, más de lo que inicialmente se pensaba, y el de la crisis institucional interna, derivada de la no ratificación unánime, que España si ratificó en referéndum, primero del Tratado Constitucional y luego del modificado Tratado de Lisboa, aún pendiente en varios estados miembros. Los liberales progresistas hemos tenido desde hace años una posición firme y consistente. Avisamos, cuando nadie escuchaba, de la crisis cíclica que se avecinaba en la economía global, e instábamos a la pronta ratificación de un tratado constitucional mínimo, que diera suficiente coherencia política a la Unión, de las políticas económicas y monetarias que se derivaban del mercado único, y de la adopción del Euro.

Quizá por eso hoy nos sentimos cargados de razón para pedir que los ciudadanos europeos de España, pero también de los otros estados miembros, nos escuchen, y eventualmente nos voten, para poder impulsar las políticas públicas europeas que nos permitan superar la crisis económica y afianzar nuestras instituciones políticas comunes europeas.

La crisis económica global tiene un origen cíclico, tras el largo ciclo expansivo de crecimiento económico y especulación financiera incontrolada vivido en los últimos años. Cierto que la crisis estalló por la hipotecas "suprime" en EEUU. y los activos tóxicos incontrolados globalmente, pero podía haber estallado por cualquier otro fallo del naturalmente imperfecto sistema capitalista que nos hemos dotado. Que tras los gastos militares por las aventuras imperialistas y los desequilibrios macroeconómicos de la anterior administración norteamericana, vendría una gran crisis, como la que hubo tras la guerra civil de 1863, era predecible, casi como que la democracia americana, permitiría que surgiera un líder ciudadano, para intentar hacer frente a tantos desafíos, incluido el del cambio climático, crisis alimentaria o de salud pública como la actual. Y que siendo EEUU. el país de referente democrático y económico, la crisis se extendería a casi todo el planeta.

Europa, aunque el Euro nos ha salvado de lo peor, esta reaccionando tarde y mal, pues sus sistemas de seguridad social, están amortiguando la crisis desde el lado de la cobertura del  desempleo, pero no desde el lado de la iniciativa privada que esta en recesión y no crea empleo, ni beneficios para invertir y contribuir a la hacienda pública, y que las políticas públicas iniciadas son van a paliar. A nivel nacional, desde luego ir con pequeñas iniciativas de gasto público y a remolque de lo que se acuerde en el G-20, o en el Consejo Europeo, esta siendo un mal planteamiento. España necesita un plan  global de reactivación, que ni el Gobierno lo propone, ni la oposición lo apoyaría, lo que traerá una más larga recuperación de la economía española. Y que demuestra que el modelo político actual está agotado 30 años después de su instauración y que hace falta una renovación democrática nacional. A nivel europeo, como nacional y regional, hacen falta políticas públicas de inversiones en infraestructuras y de apoyo empresarial mucho más significativas que las tomadas hasta ahora lentamente.

A nivel europeo, habría que rediseñar el plan Delors de infraestructuras pan-europeas, y Europa o tomar la iniciativa global para un plan Marshall global o apoyar a EEUU. a su recuperación, como EEUU hizo con casi toda Europa tras la II Guerra Mundial, para generar la necesaria confianza mundial, incluida la de China, en la dinámica económica y tecnológica norteamericana.

 El nuevo parlamento europeo que salga de  las elecciones del 7 de junio, y el nuevo ejecutivo comunitario tendrán que discutir y aprobar estas y otras muchas líneas de actuación comunitaria, que generan casi el 80% de las políticas públicas de los gobiernos nacionales y regionales de los estados de la Unión.

El segundo gran desafío de la próxima legislatura comunitaria europea, será junto con la Comisión y el Consejo Europeo, reconducir democráticamente con el apoyo ciudadano pan-europeo, el sistema institucional político de la Uníón, de forma mucho mas transparente, coherente, atrevido y eficaz. Hacer nacionalismo a costa de Europa, en lugar de europeismo a costa de renunciar a ciertos nacionalismos es lo que viene asfixiando el proceso europeo desde hace 52 años, pese a sus muchos logros. Solo que ahora ante la crisis global y la emergencia de otras grandes naciones del mundo, Europa no puede seguir permitiéndose quedar aislada, e inoperante, por los nacionalismos que a nivel europeo resultan provincianos, e impiden que el gran proyecto de regeneración europea que tantos ciudadanos, pensadores y lideres han soñado y por el que han luchado desde hace mas de 60 años.

En Europa ese nacionalismo provinciano evidentemente lo representan mayoritariamente los partidos populares, y en España muy en particular, incluso más que los nacionalismos separatistas o periféricos.

Y los socialistas no terminan de impulsar un nuevo plan Delors para toda la UE, mientras que en España están estancados en el estatalismo administrativo, ni se mueven con paso decidido hacia estatalizar más servicios públicos, mas allá de los sanitarios, ni a crear una empresa nacional de infraestructuras, nacionalizar el crédito, u otras medidas típicamente socialistas, dado que en el pasado apoyaron el proceso de privatizaciones privilegiadas hecho por los populares, que terminaron con el sector empresarial estatal.

Estos dos grandes desafíos europeos, el económico y el constitucional, tienen además lugar en un momento histórico, en que Europa debe estar empezando otro gran ciclo de evolución propia, como el que se inició hace 360 años tras la Paz de Westfalia, que en Gran Bretaña coincidió con la revolución puritana de Cronwell y en España con la independencia de Portugal del Rey de España y la revuelta separatista de los "segadors" en Cataluña.

Razón de más para que los ciudadanos electores entiendan el sentido de su voto en las próximas elecciones europeas, y para que los que aspiramos a representar a nuestros conciudadanos en la Eurocámara, expliquemos con claridad nuestra vocación demócrata, liberal, progresista y europeísta.  
 

  (*)  Nº 1 de lista de Unión Centrista Liberal (UCL) a las elecciones europeas al Parlamento Europeo del 7 de junio 2009. Economista y ex eurofuncionario de la CE.