La crisis obliga a replantearse el modelo porque las prejubilaciones ya no son la solución
Bancos y cajas negociarán con los sindicatos cómo reducir la plantilla en 70.000 personas
Las entidades más grandes llegan a acuerdos iniciales pero los aplicarán después del verano
Durante muchos años los prejubilados de bancos y cajas han sido la envidia de buena parte de los españoles. Pero esa práctica ha quedado vetada en la práctica para bancos y cajas justo en el momento en el que los análisis internos que manejan las entidades financieras hablan de la necesidad de una reducción de plantilla de 70.000 personas en el sector. La reordenación del sector financiero dejará fuera del mercado laboral a unos 35.000 trabajadores de las cajas de ahorros y a otros 25.000 de los bancos, aunque por distintos motivos. Todos se afanan en buscar las fórmulas más baratas y menos traumáticas para el funcionamiento de la propia maquinaria interna. Algunas entidades como Santander, BBVA, Caja Madrid o La Caixa, han llegado a acuerdos de empleo con los sindicatos mayoritarios (CCOO es la central de mayor peso) pero para después del verano, que es cuando comenzará de verdad el proceso de reorganización de la banca.
Es probable que todas las entidades financieras, a través de sus patronales (AEB y CECA) o por sí solas deberán abrir el melón de las reducciones de plantillas. UGT, minoritario en el sector, se mantiene a la espera de los acontecimientos consciente de que la etapa de las prejubilaciones ha pasado a mejor vida.
Hasta ahora, las prejubilaciones siempre han seguido un guión común. Cuando las entidades financieras necesitaban cerrar o reducir áreas de negocio, como ha ocurrido recientemente con BBVA y su red de oficinas para inmigrantes o en el Santander y su financiera de créditos al consumo, se prejubilaba a los empleados de mayor edad (los de mayor coste por lo general) y se cargaba a resultados la provisión de fondos que hacía el banco para asegurar la renta de sus ex empleados. BBVA dedicó a ello 602 millones en 2008 y Santander hizo lo propio con otros 282 millones. Esas cantidades han sido históricamente compensadas con plusvalías de ventas de activos o con otros ingresos extraordinarios.
Pero las circunstancias han cambiado. Ahora los mercados de valores no permiten contabilizar plusvalías y las que consiguen los bancos suelen acabar en dividendos o en provisiones, mientras que en las cajas siempre acaban en provisiones voluntarias. Pero el Banco de España presiona para que haya fusiones y reducción de costes en la actividad ordinaria de las entidades financieras. Todos son conscientes de que no pueden seguir dando créditos al 8% con el euribor cada vez más cerca del 1,5% y eso restará margen financiero. La única solución es recortar la estructura.
Bancos y Cajas tienen dos modelos bien distintos y por tanto deberán buscar soluciones diferentes. La banca está más asentada en zonas urbanas y las cajas tienen una mayor cuota en el medio rural. Eso ha llevado a que los bancos, con más de 15.000 oficinas operativas abiertas, tengan 7.4 empleados por sucursal, mientras que las cajas, con casi 25.000 oficinas, disponga de 5,4 empleados por cada una de ellas. A primera vista parecería entonces que el ajuste en las cajas sería más fácil porque tienen manos trabajadores por oficina a los que despedir. Pero la realidad es que la mayor parte del ajuste del sector financiero lo tienen que hacer las cajas, que tendrán que prescindir de no menos de 6.500 sucursales de forma casi inmediata, mientras los bancos calculan que deberán reducir en 3.500 oficinas su red comercial, pero a un ritmo más pausado
El plan que en estos momentos elabora el Gobierno para el salvamento del sistema financiero prevé ayudas fiscales para fusiones, entrada en el capital de los bancos y la compra de acciones participativas de cajas de ahorros, hasta un importe máximo de 100.000 millones de euros. Pero lo que no prevé es la posibilidad de que las cantidades destinadas por bancos y cajas a prejubilaciones puedan laminarse en las cuentas de resultados. Las circunstancias obligan a que cada euro que se compromete de coste quede reflejado en la cuenta de resultados. En los despidos sin prejubilación las indemnizaciones también deben cargarse a la cuenta de resultados, pero son menos gravosas sobre todo cuando se despide a empleados con menor antigüedad.
El panorama asegura un otoño caliente en el sistema financiero. Con los casi 900 millones de euros que dedicaron en 2008 los dos grandes bancos a prejubilaciones se puede realizar una reducción importante de plantillas con despidos de empleados más jóvenes. Pero eso puede crear conflictividad social en un sector que lleva muchos años sin ella.