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Publicado el miércoles 8 de abril de 2009
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LA PIPARRA

Recuperar el control del partido y aislar al Banco de España

Alberto Valverde.– Ha mantenido un silencio elocuente, pese al tímido apoyo, al día siguiente de la intervención de Caja Castilla La Mancha, de la decisión del Banco de España. Pero a Zapatero no le ha gustado nada la solución ni le apasiona Miguel Ángel Fernández Ordoñez, en lo que coincide con muchos, dicho sea de paso. La sustitución de Pedro Solbes, cantada desde hace tiempo pero nunca ejecutada, tiene que ver mucho con la crisis. Pero no con la económica, que también, sino con la financiera, especialmente con su solución. Hace menos de diez días, antes de la intervención, el presidente de Gobierno había dado por zanjada la cacareada crisis de Gobierno. No pensaba en ella ni a corto ni a medio plazo. Tan era así que incluso en los aledaños del Ministerio de Economía se afirmaba que, muy a su pesar, Solbes tenía cartera para rato. Se sugería que en Moncloa lo tenían claro: cambiar de jockey en medio de la refriega financiera era como admitir que el actual no servía y que la meta estaría siempre fuera de alcance del caballo, es decir del Gobierno y su presidente.

Pero la crisis de CCM, más bien la solución finalmente adoptada, cambió el curso de la historia. En Moncloa se consideró que el Banco de España hizo muy poco o nada para estudiar la viabillidad de otras opciones, especialmente las que hubieran trenido un menor coste político para el Gobierno y el partido que lo sustenta.

Al PSOE -al menos a algunos de sus barones, como es el caso de Chaves en Andalucía, Barreda en Castilla La Mancha y el tándem Serra y Montilla en Cataluña- no le ha gustado nada la intervención decidida en solitario por Fernández Ordoñez, apoyado en todo momento, eso si, por Solbes. Aseguran que la forma elegida por MAFO se parece mucho a la "hoja de ruta" que demanda el PP para resolver la crisis bancaria. Es decir, intervención en caso de problemas y falsedades contables -amén de errores crasos de gestión, como es el caso de la CCM- y sustitución inmediata de sus gestores, sean de color que sean. La fórmula hasta la había proclamado en Estados Unidos Francisco González, el okupa del BBVA, que hablaba en este caso, sin que nadie le demandara su opinión, por la voz de su amo, algunos dirigentes destacados del PP.

En el PSOE, al menos Barreda y Narcis Serra, necesitaban otra cosa. Una especie de cafe para todos. Es decir, una simple y única inyección genérica de dinero público para el conjunto del sector al estilo de la Administración norteamericana  y que cada caja (los bancos no están tan dañados) resolviera sus problemas a su manera, en el convencimiento de que la ansiada recuperación económica y del valor de los activos tocados haría el resto. Pero la cosa no pasaba por el aro del Banco de España que, amén de contar con el apoyo de Solbes, hasta negociaba el apoyo de Cristobal Montoro, delegado para ello por Mariano Rajoy.

La solución dada a CCM por Fernández Ordoñez -empeñado en filtrar por curiosos mecanismos la idea de que fue la resistencia de Juan Antonio Griñán y de Braulio Medel la que impidió la aplicación de la solución ideada para tapar los errores de Moltó y, sobre todo, reducir al mínimo el coste político que va a suponer el escándalo- ha condicionado en gran medida la "hoja de ruta" que negocian MAFO y Montoro. Va a ser muy difícil ahora que cualquier caja que admita problemas de liquidez encuentre el apoyo del Banco de España sin que se avengaa desnudar previamente sus cuentas para determinar si las dificultades son también de solvencia.

Y bastará la mínima sospecha de mala gestión o de riesgos inmobiliarios imprecisos para que se le aplicque la vacuna CCM. A menos que vengan con la fusión cantada, lo que quizá sea posible en Castilla y León e incluso en Andalucía. Pero que no es previsible que esto ocurra en Cataluña, donde hay más agentes e intereses en juego, pese a las urgencias de Serra y su Caixa Catalunya.

Zapatero ha tenido que recurrir a sustituir a Solbes muy a su pesar. En primer lugar, porque siempre le ha reservado como el comodín necesario para echarle la culpa si las cosas van a peor y se retrasa la salida en tiempo y forma de la crisis. Y en segundo lugar, porque Solbes ya no le servía tampoco para trasladar las instrucciones políticas a destino -es decir, al Banco de España-, y evitar los costes políticos y electorales para el PSOE de las impopulares medidas que había que adoptar. En ese sentido, la rebelión de MAFO ("es su carácter", opinaba un socialista de pro recordando la fábula del escorpión y la rana), ha encolerizado a Zapatero y sobre todo a los barones del partido, que han reclamado un cambio de rumbo a toda velocidad.

No está claro que Elena Salgado se vaya a plegar mejor que su predecesor al juego y a las necesidades del PSOE, que ya se prepara para sufrir un varapalo sin paliativos en las próximas elecciones europeas. Pero al menos se intentará. Procedente de la cuadra de Borrell y compañía, Salgado no es de la misma cuerda que el colectivo de técnicos del Estado históricos socialistas, en sus diferentes versiones, a los que pertenecen Solbes y MAFO. Jamás ha gozado de poder sobre la maquinaria de ese complejo Ministerio, pese que así se lo han vendido a Zapatero. Pero siempre se podrá argumentar que para doblegar cualquier voluntad en el actual Gobierno ya está Rubalcaba, el gran vencedor de la crisis.