Aportación de más de 750.000 millones de euros para cambiar de signo la recesión global
El G20 aprueba más normas, más control y más dinero para conseguir la recuperación mundial
Barak Obama impone su nuevo liderazgo y Nicolás Sarkozy asegura que se ha llegado más allá de lo previsto
Tiene una forma fácil de hacer política. Promueve la aprobación de decisiones de manera imperceptible. Prácticamente no se nota que las ha impuesto. Era su primera cumbre y el resultado no puede ser, al menos para él, más satisfactorio. Los mercados reaccionaron con alzas muy notables. Espectaculares en algunos casos. Empiezan a contabilizarse la serie de signos positivos que se pueden ir encontrando entre los indicadores que habitualmente medía Greenspan. La Bolsa de Nueva York ha subido en marzo como no lo hacía desde hacía seis años. Los industriales alemanes se muestran menos pesimistas sobre el futuro. En algunos de los restaurantes clásicos de Madrid hay que llamar con días de adelanto. Otros han vuelto a poner el cartel de completo. Los chinos vuelven a comprar cobre y el índice de fletes del báltico muestra señales iniciales de recuperación. Las previsiones del Banco Mundial y de la OCDE indican que aún queda por atravesar lo peor de la crisis. Obama incluso sugiere que se tardará dos o tres años más para volver a lo mejor del crecimiento. Pero se ha llegado más allá de lo esperado. La cumbre no podía fracasar.
El documento final de Londres, pese a que marca importantes objetivos a conseguir, en muchas ocasiones sin precisar y que deben desarrollarse en los próximos meses y años, pueda calificarse de audaz. Hay más normas, se propone más control y se dota al Fondo Monetario Internacional de recursos hasta hace muy poco impensables. 750.000 millones más si se le añaden a los 500.000 millones directos, los 250.000 en derechos especiales de giro del FMI. Son los activos de reserva internacional creados para complementar los activos de reserva existentes pagados por los países miembros. Esta decisión abre la puerta a la cooperación más allá de la veintena de países asistentes a la cumbre de Londres.
(De esta manera, el Fondo Monetario Internacional (FMI) triplicará sus recursos y recibirá 500.000 millones de dólares adicionales a los 250.000 millones ya comprometidos para este organismo, y habrá otros fondos para el Banco Mundial (BM) y el Foro de Estabilidad Financiera. Los líderes políticos del G-20, grupo que representa al 85% de la economía y a dos tercios de la población mundial, acordaron además medidas concretas contra el proteccionismo y decidieron establecer sanciones contra los paraísos fiscales.)
No resulta sencillo creer que los objetivos se hayan conseguido de forma tan sencilla como decía el siempre conciliador Zapatero. Porque según el presidente del Gobierno español, no había varias alternativas sobre la mesa, sino sólo diferencias de matiz.
Pese al incremento de recursos y a las nuevas normas y medidas de control, nadie se ha atrevido a vender el fin de la crisis para mañana. Menos en nuestro país. Prácticamente ninguna de las medidas, salvo por el efecto inducido que conlleva la recuperación de los demás, servirá para sacarnos a los españoles de nuestra la crisis. Van en este sentido las opiniones de los internautas, como puede comprobarse en los foros abiertos en TVE, que no pueden ser más pesimistas sobre el futuro. Quizás se han visto impactados de nuevo más por los muy pesimistas datos del paro, que por los esperanzadores resultados de la cumbre de Londres.
La maquina de concesión de créditos, sobre todo en manos de bancos y cajas de ahorro, sigue paralizada. Todavía parece necesario que pase algún tiempo para que se recupere la confianza tanto del lado de los prestamistas como de los prestatarios. Los consumidores no parecen haber pagado todavía sus excesos que han llevado al mayor endeudamiento de la historia de hogares y empresas.
EEUU ha insistido en Londres en la necesidad de coordinar las políticas económicas y monetarias de todos los países. Como tantas veces se ha dicho el terreno de juego es global, planetario. Y EEUU ha fijado cuales son las condiciones que deben aceptar por todos. América ya no será el único gran consumidor de todos los productos que se fabrican en el mundo, ni se puede esperar de ella que sea la única locomotora que tire del tren al que se han subido todos los demás. Cada uno tiene que asumir su propia responsabilidad. Aunque exista ya el nuevo liderazgo de Obama.
Hará falta tiempo para aplicar algunas de las complejas e imprecisas medidas adoptadas por el G20 para poner en orden en el sistema productivo y devolver la confianza a los ciudadanos. Con el empeño de introducir más normas, más control y más dinero, los líderes mundiales han dado un paso de gigante para conseguir la recuperación.