ANÁLISIS
Elena Salgado marca su territorio
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, ofreció ayer en el Congreso y ante los medios una muestra de su ganada fama de firmeza e independencia. Pese a que contó con la sombra de su predecesor, Pedro Solbes, durante todo el debate sobre la ratificación del decreto ley autorizando la decisión del ejecutivo y el aval del Estado de hasta 9.000 millones de euros para el rescate de Caja Castilla-La Mancha, no dudo en mantener su propio discurso. Pero donde marcó las mayores diferencias fue al presentar los dos decretos que aprobará hoy el Consejo de Ministros para que los ayuntamientos puedan pagar sus deudas. Junto con el aval del ICO para que PYMES y autónomos puedan anticipar sus cobros la cifra es significativa: 14.000 millones de euros que deben estar, en el plazo máximo de cuatro meses, en los bolsillos de quienes contrataron con la administración.
Está claro que no es dinero que ponga el Gobierno. Pero los ayuntamientos también son Estado. La Unión Europea incluye su deuda a la hora de estimar los porcentajes admitidos de endeudamiento. Y estos tendrán que presentar planes suficientemente justificadas para que primero el Gobierno y luego las entidades financieras, les den los recursos que pidan.
Salgado tendrá que volver de nuevo a la Cámara para obtener el visto bueno de las medidas que apruebe hoy el ejecutivo. En esta ocasión va a tener más presiones para conseguir el apoyo necesario a sus medidas. Aunque dan por perdido el apoyo de los nacionalistas vascos no descartan conseguir el apoyo de los catalanes si la negociación para la financiación autonómica sale bien.
Salgado sabe que resulta necesario ganar tiempo hasta ver si la recesión, que el director gerente del FMI, Dominique Strauss Khan, la ha llevado hasta más allá del 2010, finaliza. Al menos a ver si desaparecen sus peores síntomas. Es una labor casi imposible. La peor de sus consecuencias, el paro, se va a ir acumulando hasta niveles próximos al 20 por ciento.
Para tratar de evitarlo ha deshecho el compromiso de Solbes de someter el déficit en los límites establecidos por Bruselas. Frente a la declaración de que no hay más margen en el segundo consejo ha ampliado en un 1 por ciento del PIB las medidas para estimular el consumo. Elena Salgado, que no se ve tan obligada como el ex comisario de asuntos económicos y monetarios de la UE, como era Pedro Solbes, a defender las bondades de los criterios de Maastricht, tendrá que oír las sugerencias del FMI de controlar el gasto. Será su primer gran encuentro con los organismos internacionales nacidos para afrontar una situación similar. La actuación de los últimos días anticipa que sabrá aprovechar la oportunidad. Al menos millones de parados lo necesitan.