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Publicado el lunes 20 de abril de 2009
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Monitor de la Construcción

 

La caída de actividad en el sector hace más vulnerables unas autonomías que otras

Obras Ignacio Mulas.– La incidencia de la actividad constructora en la actividad económica total de cada comunidad autónoma es dispar tanto en términos absolutos de producción y empleo como en relación con la actividad total de cada una de ellas. Así, hay comunidades en las que la contribución de la construcción al respectivo PIB regional es mayor que en el resto y por lo tanto esos territorios dependen más de esta actividad. En esta situación se encuentra especialmente Extremadura, pero también Castilla-La Mancha, Andalucía, Asturias, Galicia o Cantabria. Sin embargo hay otras, como País Vasco, Cataluña, Madrid, Baleares o Navarra, que no solo lideran el crecimiento de la economía española, sino que también son aquéllas en las que, aún siendo en algunos casos muy elevada la producción en construcción, su creación de riqueza depende menos de ella porque el porcentaje de esta actividad en la economía productiva total del territorio es menos significativo.

Dicho con otras palabras, en estos tiempos de intensa recesión, hay territorios más vulnerables que otros a la actual reducción de la actividad constructora, al repercutir en mayor medida en la evolución de su PIB y en el mantenimiento del empleo regional, aunque no sea muy elevada la respectiva producción en construcción en relación al total nacional. Y ello a pesar de que en 2008 los resultados de la industria de la construcción sufrieron una caída generalizada en todas las comunidades autónomas, situándose en un -3,3% de media respecto a lo alcanzado el año anterior según los datos del INE elaborados por SEOPAN.

El menor retroceso se produjo en Asturias, Extremadura, País Vasco, la Rioja y Galicia, con tasas entre el -1,1% y el -1,7%. Con tasas negativas superiores pero por encima de la media quedaron Castilla y León con un -2%, Cantabria con un -2,1% y Madrid con un -3%. Baleares y Castilla-la Mancha quedaron aproximadamente en la media nacional, y ya por encima de esta media se situaron, de menor a mayor descenso, Comunidad Valenciana y Andalucía con un -3,5% y un -3,7% respectivamente, seguidas de Cataluña con el -4% y Aragón y Murcia con porcentajes ligeramente inferiores. El retroceso fue mucho más intenso en Canarias con un -6,3% y sobre todo en Navarra, que cayó un -6,6%.

El peso de la actividad de la construcción respecto al respectivo PIB regional en 2008 fue, sin embargo, muy distinto. El mayor peso se alcanzó en Extremadura con el 14,7%, superior en cerca de 4 puntos al 10,6% de la media nacional. A continuación se encuentra un grupo formado por Castilla- La Mancha, Andalucía y Asturias, todas ellas muy cerca del 13%, seguidas por Galicia, con el 12,1%, Cantabria con el 11,9% y Comunidad Valenciana con el 11,3%, así como Murcia y Castilla y León con un 10,9% cada una. Por debajo de la media nacional y de más a menos, quedaron Aragón, Canarias y La Rioja, todas ellas en el entorno del 10,3%. Las comunidades donde menor fue la incidencia de la construcción en el total de la actividad económica fueron Navarra (9,8%), Baleares (9,5%), Madrid y Cataluña (9,2% cada una) y País Vasco (8,8%). Por otra parte, la distribución del Valor Añadido Bruto en construcción en 2008 por territorios y en términos absolutos, muestra una singular concentración del mismo en cuatro comunidades (Andalucía, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana) que acapararon el 58,4% del total.

El empleo, centrado en cuatro comunidades

En términos de empleo y con los últimos datos disponibles correspondientes al cierre del ejercicio 2007, bastante más de la mitad del total ocupado nacional en la actividad constructora se concentra en cuatro comunidades autónomas, Andalucía, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana. A continuación se sitúan Galicia, Castilla y León, Canarias, Castilla-La Mancha y País Vasco, quedando el resto de los territorios por debajo de esta cifra, siendo las de menos empleo sectorial Murcia, La Rioja y evidentemente Ceuta y Melilla. El peso de este empleo sectorial respecto al total ocupado regional muestra su mayor incidencia en Murcia, Baleares y Extremadura seguidas por Andalucía, Cantabria, Canarias, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha. El peso del empleo en la construcción sobre el empleo total es menor en el resto de comunidades destacando la menor incidencia en el País Vasco, Madrid, Cataluña y Aragón, que se sitúan por debajo de la media nacional.

Entre las conclusiones que esta evolución evidencia pueden destacarse dos. En primer lugar que subsisten desequilibrios importantes en la creación de riqueza en las distintas comunidades autónomas y que los resultados alcanzados en 2008, aunque muestran algunos cambios respecto a lo que ha venido ocurriendo en el conjunto de los últimos nueve años, evidencian estos desequilibrios. Entre 1995 y 2008 la comunidad autónoma que mayor crecimiento medio anual de su PIB alcanzó fue Murcia,-más de siete décimas por encima  de la media nacional-, junto con Madrid y Navarra. Las comunidades que alcanzaron menor crecimiento de su PIB fueron por el contrario, Asturias, Castilla-León y Galicia. Poniendo estos resultados en relación con los alcanzados por la evolución regional de la construcción, se observa que en ese mismo período, siendo el crecimiento anual medio de la actividad el 4,4%, las que mayor crecimiento obtuvieron fueron La Rioja y Cantabria, así como Valencia y Navarra. La comunidad con menor impulso sectorial fue Extremadura, seguida de Castilla y León y Castilla-La Mancha.  

En segundo lugar que aunque la construcción ha sido un elemento clave para determinar los niveles de crecimiento de los territorios en los últimos años, no explotará todo su potencial de apoyo al crecimiento territorial en estos momentos de recesión generalizada si no se estimulan cambios en el modelo productivo de las menos favorecidas. Entre los elementos de este cambio de modelo están sin duda las infraestructuras básicas, sobre todo de transporte, pero también logísticas, del agua o urbanas. Atender con mayor urgencia estas necesidades en los territorios menos favorecidos es sin duda una política urgente y no solo respecto a aquellas infraestructuras circunscritas a cada territorio, sino sobre todo a las de carácter interterritorial -red de alta velocidad de larga distancia, ferrocarril de pasajeros y mercancías...- de modo que aporten la red infraestructural que demanda el necesario crecimiento armónico del conjunto de la nación.