El enfrentamiento de Merkel y Sarkozy con Obama concede un margen a Zapatero para mediar
G20, la cumbre que no puede fracasar
El desacuerdo está en decidir quién va a aportar los recursos adicionales para atender a los países más necesitados
La cumbre no puede fracasar. La reunión en Londres del G20 se celebra en el momento en el que se están agudizando todos los peores síntomas de la situación económica y financiera de la crisis. Dos de los más relevantes organismos internacionales -el Banco Mundial y la OCDE- acaban de hacer públicas sus previsiones para el año en curso y plantean una contracción de la economía como no se ha conocido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. El informe preliminar de primavera elaborado por el Fondo Monetario Internacional contiene también los pronósticos más negativos de su historia. Y los que mañana vaya anunciar el Banco de España para los años 2009 y 2010 no pueden ser peores. Las dificultades concretas para dar por cerrado el comunicado de la cumbre se centran en saber quien va a pagar la factura del incremento de los recursos para que el FMI pueda atender a los países en situación más crítica y a cuanto va a ascender la misma. La disposición al diálogo y al consenso del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, parecen hacerle valedor de una posición de mediación en las posiciones antogónicas del eje franco-alemán de Nicolás Sarkozy y Angela Merkel frente al norteamericano Barak Obama. Aunque bueno será no hipervalorar ni los riesgos de fracaso ni el alcance del posible papel mediador del presidente español.
Es una crisis sin salvedades. Aunque hasta ahora ha afectado, sobre todo, a los países más ricos del mundo ni Iberoamérica, ni Asia, ni las naciones de la Europa central y oriental se van a librar de ella. Incluso algunos, como los del Este, con muy bajo sistema de protección social, están sufriendo incluso carestía de alimentos y medicinas en los hospitales y han tenido que retrasar el pago de salarios a colectivos como maestros y médicos.
El estrangulamiento del crédito ha provocado la paralización de los mercados inmobiliario y automovilístico. Los estamos sufriendo, especialmente en España, en el ámbito laboral. Pese a la contención en el ritmo de destrucción de empleo las cifras publicadas ayer sobre el paro registrado son angustiosas. Los intercambios comerciales pueden desmoronarse casi un 10% a escala planetaria, según las estimaciones de la Organización Mundial del Comercio. Por ahí tampoco puede esperarse mucho.
Los excesos financieros habían inflado tanto la burbuja de la avaricia que han provocado una explosión inimaginable. Son lógicas la angustia y las protestas que se han producido en Londres entre los más desfavorecidos bajo el grito de no queremos ser los paganos de la crisis. Sin duda es el mundo de los financieros irresponsables uno de los causantes fundamentales de la situación. Es lógico que los encargados de la regulación, responsables por omisión de la catástrofe que sufre el mundo, traten ahora de salvar la cara.
Las diferencias no parecen insalvables. Como ha dicho Obama en rueda de prensa en Londres y Sarkozy en un artículo es un momento para actuar. Estando de acuerdo en este principio, nadie puede esperar que Sarkozy acabe dando un portazo por que la redacción del comunicado final no recoja todas las comas que él quiere introducir en la supervisión del sistema.
Las dificultades concretas están en saber quien va a pagar la factura del incremento de los recursos de FMI para atender a los países en situación más crítica y a cuanto va a ascender la misma. Porque no se ha escrito mucho al respecto pero es una cuestión central. Esto son hechos y no ideología. El papel puede resistir una redacción más o menos afinada sobre hasta donde se pretende llegar en la regulación del sistema y en el control de la avaricia de los gestores.
Pero los recursos comunes para ayudar a la recuperación de los que cuentan con menos medios exigen cifras concretas que deben quedar plasmadas también en el comunicado final de la cumbre. Aunque los más inclinados por la ideología quieran también que quede por escrito cual es el nuevo papel del Estado y del libre comercio en esta batalla, no será el principal escollo del debate.