Solbes, Vegara y MAFO pararon el intento de Sebastián de resucitar el coeficiente de inversión obligatoria
"El Gobierno no se está planteando volver al coeficiente de inversión obligatorio", responde a CapitalMadrid el secretario de Estado de Economía, David Vegara. "El Gobierno lo que ha hecho es tomar medidas para impulsar el crédito, como el Fondo de Adquisición de Activos Financieros, los avales públicos o las líneas del Instituto de Crédito Oficial, en las que por primera vez el Estado comparte al 50% los riesgos de las operaciones de financiación con entidades privadas", añade. El coeficiente de inversión obligatorio y medidas similares "no mejorarían la situación del crédito", concluye Vegara.
El secretario de Estado de Economía no miente, por supuesto. Pero tampoco dice toda la verdad. Porque si bien es cierto que el Gobierno "no se está planteando" la resurrección del coeficiente de inversión obligatorio, también lo es que sí se lo planteó a principiso de febrero. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, entonó aquello de que "al Gobierno se le está acabando la paciencia con la banca" y que actuaría "en consecuencia" si las pequeñas y medianas empresas y las familias no lograban financiación. Unas palabras que recibieron el apoyo, aunque matizado, de Zapatero, la regañina del vicesecretario general del PSOE, José Blanco, y la irónica respuesta del vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, "yo nunca pierdo la paciencia".
El caso es que Sebastián encontró una fórmula mágica para obligar a la banca a dar créditos, como desveló CapitalMadrid el 6 de febrero. Consistía en resucitar el "coeficiente de caja" o "de inversión obligatoria", desaparecido hace dos décadas, y que obligaría a los bancos y cajas que pidan avales públicos o acudan a las subastas de activos a dedicar un porcentaje de su negocio a la concesión de préstamos a pequeñas y medianas empresas, bien de modo directo o apoyando y complementando la línea abierta por el Instituto de Crédito Oficial (ICO).
El plan de Sebastián provocó que algunas entidades, como los dos grandes bancos, Santander y BBVA, no acudieran a ninguno de estos instrumentos, para no ver coartada su libertad de actuación. Otras, como La Caixa, sólo fueron a las líneas de liquidez instrumentadas por el Gobierno cuando recibieron garantías de que el coeficiente de inversión obligatoria no volvía de la tumba.
¿Qué pasó? Que una acción coordinada entre el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, su secretario de Estado de Economía, David Vegara, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y algunos responsables de entidades financieras disuadió a Sebastián de llevar su plan al Consejo de Ministros. Aquí jugó también un papel entre bambalinas pero muy influyente en pararle los pies a Sebastián el ex gobernador del Banco de España y consejero del Santander, Luis Ángel Rojo, quien fue precisamente quien se cargó esa fórmula franquista de controlar a la banca.
Hasta entonces, las entidades financieras estaban obligadas a tener en una cuenta corriente abierta en el Banco de España hasta el 17% de los depósitos de clientes. Una parte de esa cuenta estaba remunerada, pero otra no, lo que reducía el coste de la financiación del Estado a través del Banco de España. Este coeficiente de caja fue condenado a muerte por Luis Ángel Rojo cuando era gobernador del Banco de España en 1990. En el año 2000 este sistema pasó a la historia tras los diez años de transición ideados por Rojo.
La idea de Sebastián era obligar a bancos y cajas no a inmovilizar parte de sus depósitos de clientes en el Banco de España, sino a utilizarlos para conceder créditos a empresas y familias, si quieren acceder a las líneas de liquidez del Estado. Afortunadamente, tan polémica iniciativa duerme plácidamente en el baúl de los sueños rotos.