Cinco bancos españoles entre los más seguros del mundo
Bernanke ya no teme la quiebra ni insolvencia de ningún gran banco norteamericano
En cambio, la aseguradora AIG se convierte en una bomba de relojería que amenaza a todo el sistema financiero
El Tesoro norteamericano va a inyectar otros 30.000 millones de dólares adicionales para evitar la quiebra de la aseguradora AIG. Se ha convertido en el problema mayor del mundo financiero internacional. Las pérdidas se han acercado al finalizar el ejercicio a los 100.000 millones de dólares. Las ayudas concedidas en total suman 180.000 millones. Y probablemente los 30.000 millones aprobados ayer no sean los últimos que necesite. Es un problema tan serio que, en su comparecencia ante el Senado de EEUU, el presidente de la Reserva Federal confesó que si hay "un solo acontecimiento que desde hace 18 meses me ha encolerizado, no puedo pensar en ningún otro que no sea AIG". Fue la mala noticia de ayer. Parece una bomba de relojería a la que no se le pueda parar el mecanismo diseñado para explotar. La buena noticia, en cambio, es que en esa misma comparecencia, Ben Bernake rechazó la idea de que haya bancos insolventes en EEUU.
Todos tienen viabilidad, aseguró. Wall Street cerró tras las declaraciones con una pérdida moderada de algo más de medio punto. Bank of America y Citigroup registraron una subida del 0,55 y del 1,67 por ciento. Pero sus acciones valen la ridícula cifra de 3,65 y 1,22 dólares, respectivamente. Con anterioridad a las declaraciones de Bernanke, hemos sabido que cinco entidades financieras españolas están entre las 30 más seguras del mundo, según la revista especializada Global Finance. Santander, BBVA, Banesto, La Caixa y Popular tienen tan inmenso honor.
Al ser preguntado Bernanke por las afirmaciones de algunos economistas que estiman que el Estado mantiene en vida "bancos zombis" cuyas deudas son tan grandes que les hace prácticamente insolventes, negó rotundamente que haya ningún gran "banco zombi"; todos siguen prestando dinero y todos son viables. En los momentos en los que se duda sobre dónde pueda estar el suelo en la cotización de las grandes entidades financieras españolas y mundiales, sus declaraciones alcanzan un significado especial.
El propio Bernanke, aprovechando sus conocimientos académicos como catedrático de Economía, especializado en la crisis del 29, explicó a los senadores que la expresión de "bancos zombis" nació en Japón en los años 90, cuando el Estado había impedido artificialmente a los bancos que fueran a la quiebra, pero se les impedía seguir concediendo créditos, mientras sus operaciones corrientes se financiaban con dinero público.
En línea con lo manifestado por el Gobernador del Banco de España y del vicepresidente económico del Gobierno, está en contra de nacionalizar bancos, si bien admitió que el Estado está llevando a cabo las funciones de control para verificar que a los que ha ayudado toman las medidas adecuadas para sanearse.
El riesgo sigue siendo AIG. Bernanke justificó la decisión de no dejarla caer porque la quiebra del mayor grupo asegurador mundial habría sido devastador para la estabilidad del sistema financiero mundial. Y más después de la quiebra el 15 de septiembre de Lehman Brothers. Al día de hoy las cifras de pérdidas y ayudas alcanzan cifras astronómicas que no nos caben en la cabeza al ciudadano corriente. Pero lo peor es que pueden no ser las últimas ayudas.
Obama anunció con ocasión de la presentación del presupuesto para el 2010 que asignaban otros 500.000 millones de dólares para la recuperación del sistema financiero norteamericano a expensas de conocer con más detalles las necesidades. Y los tendrán que utilizar. AIG tiene todavía en sus libros otros 300.000 millones de dólares de CDs de los que una parte relevante habrá que cargarlos en su cuenta de resultados. La única ventaja del caso para no temer la quiebra es que, si lo hiciera, el efecto de sus holas sería tan similar al efecto de tsunami que puede darse por descartado que esto suceda. Ni los contribuyentes, ni los accionistas de la banca de todo el mundo saben si han pagado ya las consecuencias de todos los desmanes de quienes, pese a las chapuzas realizadas, quieren cobrar su avariciosa pensión.