Monitor de Coyuntura
Europa emergente, camino de la recesión
Depreciación de las divisas y castigo bursátil en la Europa emergente.
El día 17 de febrero la agencia de rating Moody's anunció que probablemente revisaría su valoración de calidad crediticia de diferentes entidades financieras con importante presencia en la Europa emergente. Esta noticia actuó como catalizador de un sensible movimiento en los mercados financieros que llevó a ciertas bolsas de referencia a caer fuertemente en pocos días (la de Budapest, por ejemplo, cedió un 12% en la semana siguiente) o depreciaciones superiores al 4% en divisas como el florín húngaro o el zloty polaco. Aunque observando esta súbita corrección financiera parecería que las dudas sobre la región acababan de aparecer, lo cierto es que desde finales del verano de 2008 la evolución de bolsas, divisas e indicadores de riesgo-país sugiere que esta reevaluación del riesgo regional no es nueva.
La dependencia de una eurozona en recesión y las dificultades para financiar internacionalmente la actividad, lastres para el crecimiento en 2009.
Dos cuestiones de carácter macroeconómico subyacen a la pérdida de confianza de los mercados. En primer lugar, al tratarse de países notablemente dependientes del ciclo económico de la eurozona, la entrada en recesión de la misma implica que las previsiones de crecimiento se están revisando fuertemente a la baja. Un segundo riesgo se debe a que el elevado dinamismo de años anteriores se ha realizado, en ciertos países, al precio de generar desequilibrios macroeconómicos (exterior, pero también fiscal e inflación).
El que más preocupa actualmente es el de la elevada dependencia de la financiación exterior, cuya sostenibilidad, en un contexto de crisis financiera internacional, queda puesta en cuestión. Esta realidad se ve agravada, en algunos países, por el hecho de que una parte apreciable del saldo crediticio está denominado en moneda extranjera, lo que, en un contexto de fuertes depreciaciones de las monedas nacionales, conlleva riesgos de morosidad creciente y efecto negativo en la capacidad de gasto de familias y empresas.
En el frente de los desequilibrios macroeconómicos, los países percibidos como más vulnerables son los bálticos. Por lo que se refiere a la interrelación con la eurozona, ésta afecta a la economía de referencia de la zona, Polonia, y también a la República Checa. Pero la peor parte se la llevan, seguramente, tres países que combinan simultáneamente importantes desequilibrios macroeconómicos y vinculación cíclica con la zona del euro, Rumania, Bulgaria y Hungría.
Hungría sufre una caída cíclica notable y el margen de la política económica es escaso.
Esta última economía reviste especial interés por cuanto su evolución reciente puede revestir cierto carácter anticipatorio para otros países de la región. De entrada, Hungría está más avanzada en el ciclo que otras economías de Europa central, como atestigua el hecho de que en el cuarto trimestre de 2008 ya registró un descenso intertrimestral del PIB del 1%, mientras otros países, como la República Checa, todavía se mantenían en la zona del crecimiento trimestral positivo. Otros indicadores disponibles, como la producción industrial (que se desplomó un 23% interanual en diciembre), reiteran la contracción de la actividad.
Un segundo rasgo significativo es que, a pesar del retroceso económico y de la moderación de la inflación (situada en el 3,4% interanual en enero), el margen disponible para la política económica es escaso. Por un lado, aunque el Banco Nacional de Hungría procedió en febrero a recortar el tipo de referencia en 50 puntos básicos, hasta el 9,5%, un excesivo relajamiento podría hundir aún más la cotización del florín. Por otro, la política fiscal está circunscrita a las condiciones pactadas con el Fondo Monetario Internacional en octubre pasado, restricción que limita los aumentos de gasto y las rebajas de impuestos.
Llegado el momento, la región dispondrá de ayuda financiera internacional.
Precisamente, dicha ayuda del Fondo representa el tercer elemento de la coyuntura magiar que puede tener un cierto carácter general. Aunque Hungría ha sido hasta la fecha el único de los países miembros de la Unión Europea que ha recibido esta ayuda para evitar el riesgo de impago de sus obligaciones internacionales, es altamente probable que Rumania y, quizás, Polonia, acaben beneficiándose de acuerdos similares. En definitiva, los acontecimiento de este mes nos recuerdan que la zona sufrirá en 2009 un debilitamiento cíclico notable pero también que estas economías van a disponer de ayuda internacional que evite un peligroso contagio regional que acabe lastrando a toda Europa.