Monitor de Coyuntura
Estados Unidos: ¿cuánta ayuda hará falta?
El estímulo fiscal de 788.000 millones se distribuirá principalmente en los próximos tres años.
El plan de estímulo fiscal del presidente Obama toma forma. El acuerdo entre el Congreso y el Senado dejó el montante total en 787.800 millones de dólares. De este total, 211.800 millones serán destinados a la reducción de impuestos. A estos se suman 267.000 millones de dólares en transferencias, entre las que se encuentran devoluciones de impuestos por valor de 73.800 millones. La mayor partida son los 309.000 millones de gastos directos que incluyen 51.000 millones en energías alternativas y agua y 71.000 en educación y salud. Los efectos del estímulo se empezarán a sentir en 2009 pero el mayor peso se concentrará en 2010 y, en menor medida, en 2011.
También habrá ayudas para reducir la morosidad de las hipotecas.
Adicionalmente al estímulo fiscal, la Casa Blanca aprobó un plan de ayuda a las familias para el pago de las hipotecas. El plan incluye fondos adicionales a las aseguradoras hipotecarias Fannie Mae y Freddy Mac, 100.000 millones de dólares para cada una. También contempla incentivos económicos (hasta 1.000 dólares) para los bancos que suavicen las condiciones de sus hipotecas existentes. Adicionalmente, si el cambio redunda en un cumplimiento puntual de las cuotas, los bancos pueden recibir hasta 1.000 dólares anuales por tres años. También los hogares que cumplan con las cuotas hipotecarias pueden verse premiados con una reducción de hasta 1.000 dólares anuales de la deuda pendiente por un periodo de cinco años.
La mayor duda no está, sin embargo, en la idoneidad de estas medidas sino en su suficiencia. 2009 será inevitablemente un año de retrocesos y hay dudas respecto a la recuperación de 2010. A la economía en recesión, con el producto interior bruto (PIB) del cuarto trimestre que retrocedió un 3,8% intertrimestral anualizado, se añade una drástica reducción de los flujos del comercio mundial. El mayor problema estará en reactivar un consumo privado que empieza esta crisis con un alto nivel de endeudamiento. La necesaria recuperación del ahorro hará que muchas de las ayudas vayan a ahorro y no a reactivar las compras. Por otra parte, está la cuestión de financiar las ayudas en una economía que ya es deficitaria con el exterior y en un entorno global de recesión.
El ánimo de los consumidores es un fiel reflejo de estas dificultades. El índice de confianza del consumidor del Conference Board volvió a marcar en enero un nuevo mínimo histórico en los 40 años de vida del indicador bajando de 38,0 hasta los 37,3 puntos, mientras que continúa el empeoramiento de la percepción de la situación presente. Las ventas minoristas de enero tuvieron, sin embargo, un comportamiento mejor de lo esperado, con el primer mes de subidas intermensuales, aunque modestas, después de cinco meses consecutivos de descensos. La recuperación estuvo en alimentación y electrónica de consumo mientras que los materiales de construcción siguieron a la baja. Aun así, sin los fluctuantes automóviles y gasolina, el consumo al por menor cedió un 2,7% respecto al mismo periodo del año anterior. Mostrando una debilidad más intensa, la venta combinada de turismos y todoterrenos fue de 655.000 unidades, el mínimo de los últimos 30 años.
Los empresarios siguen siendo pesimistas, especialmente en el empleo.
Según el índice de actividad del Institute for Supply Management, la visión empresarial mantuvo este escenario de recesión profunda aunque se recuperó de sus mínimos históricos. Así, el índice de manufacturas subió de 32,9 al nivel de los 35,6 puntos, aún muy por debajo del equilibrio de los 50,0 puntos, que se considera el umbral que señala riesgos de recesión. Por su parte, el índice de servicios tuvo su segundo mes consecutivo de ascensos, pasando de 38,9 al nivel de los 44,2 puntos. En ambos casos persiste la debilidad del empleo y, en el caso de manufacturas, de los nuevos pedidos.
La construcción sigue sin tocar fondo y los precios acumulan un descenso del 27%.
La vivienda sigue sin tocar fondo. Por el lado de la demanda, el precio de los inmuebles sigue empeorando la situación patrimonial de los hogares. El índice Case-Shiller de diciembre aumentó la intensidad de sus descensos y acumuló un retroceso del 28,3% respecto al máximo de junio de 2006 que, considerando los incrementos del IPC, queda en un 31,6%. Por el lado de la demanda, la confianza de los constructores está en mínimos y la corrección de la oferta de viviendas parece no tener fondo alguno porque en diciembre se iniciaron 466.000 viviendas en términos anuales, un nuevo mínimo histórico que apenas es un quinto de lo que se construía en 2006. La única nota positiva fue que las ventas recuperaron, en diciembre, el fondo de estabilidad de los meses previos, aunque esto fue a costa de la disminución de los precios y el aumento de los embargos.
El mercado laboral acentúa su deterioro, con 3,6 millones de empleos perdidos desde enero de 2008.
Si la vivienda determina la riqueza de los hogares, el mercado de trabajo determina los ingresos de una gran parte de ellos y aquí la situación también siguió empeorando. En enero se perdieron 598.000 empleos no agrícolas. Así, desde enero de 2008, cuando empezaron los descensos, se llevan destruidos 3.572.000 puestos de trabajo, un descenso récord en términos absolutos. La tasa de paro de enero reflejó también esta situación encaramándose al 7,6% de la población activa, el máximo de los últimos 15 años.
La inflación llega a cero a causa de las fluctuaciones del petróleo.
En el frente de los precios, el índice general de precios al consumo (IPC) de enero permaneció invariado respecto al mismo periodo del año anterior. Así, los peligros de inflación de meses atrás se tornan en riesgos deflacionistas. Sin embargo, el tono en este sentido vendrá marcado por el índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, que en términos interanuales se desaceleró hasta el 1,7%. El IPC de 2009 tendrá meses con descensos interanuales pero la verdadera deflación deberá darse en el subyacente, descontando las fluctuaciones del petróleo. En este sentido, la deflación aparece algo más lejana considerando los datos en el corto plazo, mes a mes, ya que el IPC de enero subió respecto a diciembre, rompiendo una racha de cinco meses de descensos consecutivos.
El déficit comercial se corrige a costa de una disminución del comercio.
El sector exterior sigue siendo una preocupación, no ya por la persistencia del déficit sino por la mencionada reducción de los flujos comerciales en parte a causa de la crisis en los mercados de crédito y caución, que dejan a los proveedores indefensos frente a los impagos de sus clientes. El déficit comercial de bienes y servicios siguió reduciéndose en diciembre hasta los 39.929 millones de dólares, muy por debajo de los 56.690 millones de octubre. El problema es que las exportaciones se situaron un 11,7% por debajo del nivel de hace dos meses, siendo compensadas por la mayor reducción de las importaciones, donde la menor factura del petróleo hizo la diferencia.