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Publicado el miércoles 18 de marzo de 2009
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Monitor de Latinoamérica

Lula, cruzado del anti proteccionismo, busca apoyos para su silla en el G-20

Lula y Obama reunidos en la Casa BlancaAna Iglesias.– El rearme arancelario del mundo en momentos de contracción del comercio está generando importantes fricciones entre vecinos y ex aliados. Aunque larvada, la crisis de Brasil con Argentina por el desequilibrio en la balanza comercial y las consecuentes medidas proteccionistas establecidas por el Gobierno Kischner está dando que hablar en el Cono Sur. Y mientras el brasileño Lula departe con Obama ("llámame Barack") en el despacho Oval, sus segundas líneas tratan de destensar un poco las cosas con los argentinos. Siempre partidario de resolver amablemente las controversias, Lula mandó a sus funcionarios a destrabar la cuestión de las barreras arancelarias argentinas "sector por sector", a fin de procurar corregir los desiguales intercambios comerciales producto de la crisis económica global.

Ya no es momento de volverse sobre si las medidas de protección de sus industrias y el empleo se tomaron frente a "agresiones" de terceros países o si se diseñaron pensando en el vecino, argumentan los brasileños.

La "alianza estratégica", dicen, debe prevalecer, porque tanto Brasil como Argentina comparten el objetivo de "fortalecer la integración". Pero lo cierto es que las cosas no están mejor de lo que han estado desde que Brasilia protestó por la aplicación de licencias no automáticas y precios mínimos por parte de Argentina a unos 200 productos de diferentes orígenes. Sin embargo, en los próximos días, habrá reuniones sectoriales para avanzar en alternativas menos proteccionistas en sectores como los de las harinas, herramientas, juguetes, calzados, motocicletas y electrodomésticos, entre los más importantes.

Comercio desigual con Argentina

"Quien crea que se salvará con proteccionismo va acabar hundiendo a su economía en el medio plazo" y deberá entender que se "necesita más comercio, mas comercio y más comercio para que la economía empiece a volver a la normalidad", había dicho Lula en una reunión con su homólogo uruguayo, Tabaré Vázquez, el otro socio en el Mercosur. Ambos instaron a retomar las negociaciones de la Ronda de Doha, en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y negaron estar evaluando medidas conjuntas contra Argentina.

Pero Brasil sí que parece haber evaluado la posibilidad de llevar una demanda contra Argentina en el OMC, al conocer los números del comercio bilateral primer bimestre de 2009: las exportaciones cayeron el 46,5%. Según fuentes del Gobierno brasileño, el 10% de las ventas a Argentina están afectadas por barreras como medidas antidumping y licencias no automáticas, que retrasan los trámites de ingresos de mercancías hasta 60 días.

Los funcionarios de Lula han expresado, además, otras preocupaciones, como la "invasión" repentina de leche argentina en su territorio. De hecho, la Secretaría de Comercio brasileña planeaba pedir restricciones al ingreso de harina de trigo y leche en polvo argentinas (un periódico paulista llegó a publicar un artículo acerca de ciertas sospechas de "triangulación" de estos productos, a precios subsidiados, desde la Unión Europea, para reexportarlos vía Argentina).

Nadie descarta que el adalid del anti-proteccionismo hoy en el mundo, Luiz Inácio Lula da Silva siga con su cruzada, sobre todo, después de haber conseguido que la OMC sancionara a Estados Unidos por las subvenciones al sector algodonero de 1998 a 2002 y el consiguiente daño económico sufrido por ese sector en Brasil.

La campaña está en marcha y la próxima estación es la reunión del G-20, mientras los empresarios y la prensa brasileña apuntalan a su Gobierno contra los despiadados vecinos proteccionistas. Y van más allá, la FIESP -la cámara que agrupa a los poderosos industriales de Sao Paulo- exige a Lula mayor firmeza y menos solidaridad con Argentina. El talante conciliador de Lula, sin embargo, no dará lugar a conflictos estruendosos, porque para él la buena relación con Argentina es una prioridad.

Impedir la volatilidad en los países emergentes

El otro frente que Lula ha abierto en el camino hacia la cumbre de los 20 en Londres pasar por exigir la creación de un mecanismo de regulación de los flujos internacionales de capitales en los países emergentes para impedir la volatilidad en tiempos de crisis. En esta empresa, Brasil pretende lograr las adhesiones de China, India y Rusia.

El pilar del sistema sería el Fondo Monetario Internacional (FMI), capaz de dirigir los flujos de divisas de los países ricos hacia los más necesitados, "para corregir distorsiones".

La razón de la propuesta, según Brasilia, es que cuando las crisis se agravan, los inversores retiran capitales de los países emergentes para canalizarlos hacia los países desarrollados, como Estados Unidos, lo que provoca la apreciación del dólar. Esta situación perjudica las exportaciones de los grandes y las importaciones de los países en vías de desarrollo.

Si lo sabrá el gigante sudamericano, que padeció el desplome del real el año pasado... El dólar pasó de valer 1,60 reales a mediados de agosto de 2008 a cambiarse a 2,33 reales, a finales de año. La economía brasileña sufrió un parón y el Producto Interior Bruto se contrajo un 3,6 % en el último trimestre del año.