ANÁLISIS
Krugman se alía con los catastrofistas del PP frente al optimismo de Zapatero
El premio Nobel de Economía advertirá hoy al presidente que la recuperación española será extremadamente dolorosa
Las declaraciones a los periodistas del último premio Nobel de Economía, Paul Krugmann, nada más llegar a Sevilla el pasado viernes, no pueden ser más preocupantes. Aseguró que el camino para España será doloroso o extremadamente doloroso. El profesor, próximo ideológicamente a los postulados socialdemócratas, se ha aliado con las tesis más catastrofistas del PP frente al optimismo de Zapatero. Ve muy negra la situación europea, pero ve sobre todo difícil la situación española. Hoy se lo repetirá al Presidente del Gobierno español. Califica de insuficiente la respuesta a la crisis del plan de relanzamiento de la economía americana preparado por el equipo del presidente de Estados Unidos. Y ve todavía mucho más ineficaz el plan europeo porque supone sólo un tercio del montante de las ayudas previstas por la administración norteamericana.
Desde el primer momento se advierte su distanciamiento de las soluciones previstas por los europeos. Mientras el Comisario encargado de los Asuntos Económicos y Monetarios recuerda la necesidad de respetar el pacto de estabilidad, él estima que el gobierno estadounidense aún posee un margen de maniobra para gastar dinero en el caso de que se produjera una situación extrema, porque podría llegar hasta el 30 por ciento de déficit de su Producto Interior Bruto (PIB).
Su rueda de prensa no tuvo desperdicio, como tampoco la tuvo su intervención ante unos centenares de empresarios. El camino que España tiene por delante es difícil por el euro, hubiera sido mucho mejor para reaccionar a la misma si no estuviéramos dentro de la Unión Económica y Monetaria, afirma, y considera que los precios y salarios en el país son insostenibles porque están por encima de lo que supone la economía española en relación con el resto de integrantes de la Unión Europea. Krugmann advirtió a los periodistas que no podía extenderse demasiado sobre la situación española porque no es un especialista en la misma. De haberlo sido habría matizado algo más sobre estas cuestiones. Como lo ha hecho la OCDE que durante años ha señalado que desde 1995 al 2007 España ha sido el único de sus 30 socios donde los salarios han perdido poder adquisitivo mientras los beneficios empresariales llegaron a sumar medias muy notables. En algunos años incluso se llegó a superar el 35 por ciento.
Para Krugmann España tendrá que reducir los salarios y precios si la economía europea experimenta una deflación, una posibilidad certera. Pese a ser un liberal a la manera de los socialdemócratas europeos parece más cerca del análisis catastrofista realizado por los populares de nuestra situación económica que del incansable optimismo de Zapatero y vaticina que si la Unión Europea crece de un 2 a un 3 por ciento anualmente, España sentirá el dolor de cinco a siete años.
Donde fue más pesimista sobre la situación española fue a la hora de hablar de la decisión de incorporarnos al euro. No deja ninguna posibilidad de escapatoria. Cree que sería posible que se viviera una mejor situación si España jamás se hubiera unido a la Unión Económica Europea, para añadir que la hipotética posibilidad de abandonarla, aunque fuera temporalmente, nos llevaría al caos.
Dice bien Krugmann cuando asegura que no es un especialista en la economía española, al menos en lo que se refiere a su pertenencia al euro. Lo que sucede ahora es que nuestro modelo de desarrollo, nacido al abrigo de la Unión Económica y Monetaria, muestra sus debilidades y sus límites. Pero contra quienes desdeñan el papel del euro, como es su caso conviene recordar a los que lo ensalzan. El Gobernador del Banco de España, entre otros muchos. Fernández Ordóñez se felicita del éxito que ha conseguido la economía española gracias a las obligaciones que nos ha impuesto nuestra pertenencia al euro aunque señale que para volver a crecer a los niveles del 2-3 por ciento cuando se supere la crisis resultará necesario introducir muchas modificaciones en nuestra estructura económica.
Hasta ahora el euro ha hecho de colchón. Pero si España hubiera decidido mantener la peseta, la crisis hubiera sido mayor. Hubiera provocado más devaluaciones, subidas espectaculares de los precios de los productos importados y el estrangulamiento de la demanda interior, ahora paralizada.
La debacle financiera supone una advertencia para que políticos, empresarios y sindicatos aprovechen la explosión de la burbuja inmobiliaria para construir, sobre sus cenizas, un modelo económico distinto.