Nubarrones sobre el G-20
La crisis no ha terminado, Mr. Obama
Las dos jornadas de recuperación de los mercados han llevado casi a lanzar las campanas al vuelo al presidente de Estados Unidos. Barak Obama se ha mostrado optimista sobre las perspectivas económicas a largo plazo, bien es cierto que ha advertido que para salir de la crisis se necesita una acción concertada. Es la segunda vez en 48 horas que parece llamar la atención a los europeos. En sus declaraciones junto al secretario del Tesoro, Tim Geithner, al que ha enviado a Londres para preparar la cumbre del G20 del próximo día 2 de abril, ha advertido de nuevo que será un momento crucial. Para añadir inmediatamente después que, tras la puesta en marcha de las medidas adoptadas por su Administración, éstas no serán suficientes para lograr la recuperación si otros países no hacen lo mismo. Europa pide a cambio tener su voz en la reforma del sistema financiero de EEUU cuyas ayudas distorsionan la competencia.
Barack Obama, que ha puesto sobrela mesa 787.000 millones de dólares para mantener la demanda y conseguir la recuperación, ha pedido a europeos, rusos y asiáticos hacer un esfuerzo similar. La respuesta por parte del presidente del Eurogrupo, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, no ha podido ser más clara, al tiempo que insatisfactoria para la Administración norteamericana: "Hemos hecho lo que debíamos hacer". En términos similares se ha manifestado Pedro Solbes, quien ayer se unió al sentir de los norteamericanos, calificando la próxima cumbre del G-20 como determinante para recuperar la confianza y sentar las bases de la recuperación económica.
Obama ha utilizado su principal artillería para advertir a los europeos que lo que quiere es que sigan su modelo. A través de su principal asesor económico, el ex secretario del Tesoro y ex presidente de la Universidad de Harvard, Larry Summers, también ha pedido llenar de contenido los programas de relanzamiento económico.
Los medios anglosajones y parte de los alemanes y franceses consideran que estas advertencias no se deben al azar. Las consideran como preparadas para que la agenda de cumbre del día 2 de abril se haga de acuerdo con los programas económicos de dos años ya aprobados por Estados Unidos. De no conseguirse un compromiso concreto en este sentido, los norteamericanos responsabilizarían a sus socios comunitarios del retraso en la recuperación. Los países europeos más influyentes en cambio siguen insistiendo en que el origen y la responsabilidad de la crisis está en Estados Unidos que debería anunciar los puntos clave de la reforma del sistema financiero antes de seguir aprobando presupuestos multimillonarios sobre los que cada vez más mucho economistas expresan dudas sobre su eficacia. Sobre todo no quieren que EEUU imponga sus condiciones sobre los recursos mundiales a emplear para relanzar la economía y no quiera que nadie le indique ni una coma sobre cómo deben fijarse las nuevas normas de regulación del sistema financiero mundial.
Existe acuerdo, como ha dicho el ex secretario del Tesoro, Jame Baker, de que los grandes bancos norteamericanos y británicos son demasiado grandes para dejarles caer, demasiado frágiles para poder sobrevivir sin ayudas, e imposible de reestructurar sin la ayuda del Estado. Esto fija unos evidentes desajustes en la competencia internacional, como han reiterado los representantes del sector financiero español, que los europeos no quieren que se haga sin acuerdo.
La reciente visita del primer ministro británico Gordon Brown a Washington fue un fracaso de protocolo. Para haber sido el primer dirigente europeo que visitaba al nuevo presidente de Estados Unidos, los incidentes como rehusar hacer una rueda de prensa conjunta no pueden ser más desalentadores de cara a conseguir un acuerdo eficaz en los próximos días para afrontar la crisis. El fracaso de la cumbre en una alternativa. La recuperación sería mucho más difícil. Aunque no le prestemos mucha atención a los preparativos de la misma.