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Publicado el domingo 1 de marzo de 2009
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Sorprende la falta de interés de Tomás Gómez por `tirar de la manta´

La sombra de la corrupción enturbia las aguas del Canal Isabel II

El organismo autónomo, presidido por Ignacio González, contrata a los hijos del consejero Macías Márquez, nombrado por el PSOE 

Ignacio González,José Hervás.– Lo que venimos conociendo las últimas semanas tras las investigaciones de la policía judicial sobre la trama de corrupción en la Comunidad de Madrid no debería constituir ninguna novedad. Hasta ahora todo parecía quedar entre amigos del PP. Ponía de manifiesto que una fatal arrogancia entre algunos de los dirigentes del Gobierno de Esperanza Aguirre les hace pensar que todo les está permitido. En consecuencia, los ciudadanos evidencian, cada vez, una gran desconfianza en el sistema. Este sistema de organización basado en la partitocracia, donde la estructura de los partidos políticos se impone sobre la defensa del bien común, nos lleva a lo que ya Alexis de Tocqueville quería ver fenecido cuando criticaba -allá tan lejos como 1840- los privilegios de la oligarquía norteamericana, con el poder concentrado en unos pocos. Ahora sabemos más de la maquiavélica forma de actuar de sus gestores. No sólo hacen favores a los de su partido. Los extienden, en algunos casos, a personas próximas al PSOE. Muchos no entendían cómo pese a las múltiples denuncias, la oposición y los sindicatos no actuaban de forma más contundente con las presuntas irregularidades y tratos de favor en una de las primeras empresas públicas de la Comunidad de Madrid, el Canal de Isabel II. En el caso de Tomas Gómez, líder del PSM, es patético.

Algunos interpretan que la falta de pulso en la acción de oposición de Gómez se debía a su interés por distanciarse de la estrategia de su antecesor, Rafael Simancas. El ex secretario general del Partido Socialista de Madrid, había hecho de la lucha contra la corrupción su leit motiv de la labor de oposición a Esperanza Aguirre. Y perdió las elecciones. Dos veces.

Parece haber servido de lección para Tomás Gómez. quien ha repetido muchas veces que no haría de la lucha contra la corrupción su bandera política. No lo comprendíamos. Pero debería explicarse. Sobre todo si sabemos que uno de los consejeros del Canal de Isabel II, el actual presidente de la Confederación Hidrográfica del Tajo, José María Macías Márquez, nombrado por Cristina Narbona en el 2004, ha visto cómo familiares próximos a él se han incorporado al Canal. Lo han hecho con nivel de responsables, y dependientes del Departamento de Control y Tecnología, una y de la división de Proyectos de Arquitectura, el otro.  

Como se preguntan los más conocedores de la situación: ¿sabe la actual ministra del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, que un alto cargo de su Ministerio, que debe ser garante de los intereses de la Administración ante el Canal, ha colocado a dos de sus hijos en el organismo que debe controlar?

¿Qué ha dicho el consejero José María Macías Márquez cuando el Canal de Isabel II concedió el contrato del golf a un conjunto de empresas, vinculada una de ellas al socio del hermano del vicepresidente primero del Gobierno de Esperanza Aguirre? Como dato anecdótico, se destacaba de la empresa del hermano de Ignacio González, para concedérsele el concurso, su experiencia en la importación de semillas. El campo de golf de Islas Filipinas está hecho con hierba artificial.

¿Qué ha dicho Macías Márquez cuando se ha concedido el contrato de Seguridad del Canal a la sociedad Segurisa, cuyo presidente viajó a Sudáfrica con el Presidente del Canal, Ignacio González, con billetes contratados en la misma agencia de viajes y en los que figura el mismo número de identificación 78203532?

¿No puede uno preguntarse, como hacen tantos otros, sobre la autoridad moral de Macías Márquez para enfrentarse a Ignacio González e Ildefonso de Miguel, el gerente del Canal, ante las cientos de sospechas de irregularidades que se pueden haber producido en la empresa? González lo tiene más claro. Cuando la Cámara de Cuentas pidió más datos sobre algunas de las operaciones comerciales o empresariales del Canal realizadas en 2004, Ignacio González realizó una jugada maestra. Propuso el nombramiento de Concepción Ruano, una antigua empleada de La Caixa sin experiencia de auditorías, esposa de Ildefonso de Miguel, miembro de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid. La Cámara es la encargada de inspeccionar las cuentas del Canal. Suena como mínimo a ‘despotismo suavizado'.

No es de extrañar que Alexis de Tocqueville lo denunciara cuando escribió ‘La Democracia en América' y detestara ese régimen de oligarquías por sus riesgos de ‘despotismo suavizado'. Aunque lo que sucede en la Comunidad de Madrid se parece cada vez más a los acontecimientos que los periodistas Sergio Rizo y Gian Antonio Stella denuncian en su libro 'La Casta', con el subtítulo de 'cómo los políticos italianos se han hecho intocables'. Libro, por cierto, que tenía Don Juan Carlos encima de su mesa de despacho en Zarzuela en fechas recientes. A alguno le ha recomendado encarecidamente su lectura. Pese a haber vendido más de 1.200.000 ejemplares, todavía no existe versión en castellano.