UN BANCO EN EL RETIRO
Aparcamientos periféricos: preparando Copenhagen
El promotor de sedes olímpicas más conocido reacciona al cambio climático
El miércoles 2 de diciembre, ocho gotas inoportunas formaron un barrillo resbaladizo y temible cuando se amalgamaron con toda la suciedad provocada por la contaminación. Los automovilistas pisaron el acelerador como si la estación seca continuase: choques y una hora punta interminable hasta las doce del mediodía para los madrileños automovilizados. Definitivamente no tuvieron una buena mañana. El Señor Alcalde ha reaccionado rapidísimamente. Solución: construir aparcamientos a la entrada de las ciudades. Solución oportunísima en vísperas de la cumbre mundial sobre el cambio climático. Una personalidad mundialmente conocida como promotor de sedes olímpicas estaba obligado, en fechas tan señaladas, a lanzar un mensaje ecológico.
Alguien puede pensar maliciosamente que había tenido mucho tiempo como presidente de la Autonomía y como alcalde, reelegido para los dos puestos, para haber desarrollado esta nueva solución. ¿Se le había olvidado o simplemente, es un pretexto para postularse una vez más como constructor o simplemente es un mensaje a la presidenta autonómica, dormida en los laureles?.
Bueno qué más da. Pues sí que da. En las mediaciones sobre contaminación se ha estimado y hecho público que a nivel global, es decir del planeta, el automóvil protagoniza un 10% de la contaminación total (el tráfico aéreo representa el 3% y lo mismo el marítimo), pero a nivel europeo la contaminación del automóvil llega hasta un 15%. En las ciudades europeas este porcentaje es sin duda más alto y ahí puede estar incluida Madrid que es todo un paraíso y al mismo tiempo un infierno para el uso utilitario y abusivo del automóvil.
En la tarde de la mañana del 3 de diciembre cuando el Sr. Alcalde ofrecía una solución, todo el Paseo de la Castellana, Recoletos y el Prado registraban un atasco monumental. No hay modo de evacuar Madrid por Santa María de la Cabeza porque las malditas y estúpidas obras impiden también las salidas.
Madrid efectivamente es un infierno pero también un paraíso. El automóvil es bienvenido. En Londres por ejemplo como es conocido, los automóviles que acceden al centro de la ciudad pagan una tasa bastante elevada. En Singapur todos los coches están obligados a instalar un dispositivo electrónico que permite conocer la cantidad de kilómetros que recorren en virtud de lo cual pagan una tasa proporcional. El precio de los aparcamientos en USA, Canadá o Europa es mucho más disuasorio que en España.
Pero este Sr. Alcalde postulante constructor de aparcamientos periféricos ha zanjoneado la calle Serrano o la Carrera de San Jerónimo precisamente para acometer más aparcamientos. Más coches. ¡Puñeta. Quizá no hay que ponerse así ni ser mal hablado, me diría cualquiera de esos muchísimos críticos al santo temor del cambio climático y de la contaminación. En efecto todos los modelos científicos utilizados para medir el cambio climático contienen elementos de incertidumbre; los mismos científicos lo han puesto de manifiesto. Pero las observaciones actuales son bastantes categóricas.
El calentamiento es un hecho, su duración una probabilidad pero sin duda un riesgo temerario. Los críticos también hacen hincapié en que los costes para la conservación de la naturaleza pueden ser tan altos que no justifiquen los eventuales riesgos futuros.
Este tipo de argumentos ya se barajó frente a la confianza de las autoridades de Nueva Orleans cuando fueron advertidos por los científicos de la "National Oceanic Atmospheric Ad" de los peligros de huracanes y de las carencias del sistema de esclusas que debía proteger la ciudad. Respondieron con los mismos argumentos de quiénes se oponen a unas mayores exigencias anticontaminantes. Todo estaba controlado y, en consecuencia, los gastos injustificados.
Ya recuerdan ustedes lo que pasó, centenares de muertos y unos costes infinitamente superiores a los que se hubiesen derivados de una mejorar de la red de contención que no acabaron proporcionando las esclusas. Se habían hundido unos cuantos centímetros en la tierra y las aguas pasaron por encima.
Afortunadamente el tráfico automovilístico y el alto nivel de contaminación generado por los continuos atascos en Madrid, se va a resolver pronto. Se construirán aparcamientos en las entradas a la Calle 30. Desde mi banco de El Retiro yo me pregunto para qué esos aparcamientos presuntamente disuasorios si los potenciales usuarios pueden aparcar en pleno corazón del centro ciudad.