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Publicado el sábado 5 de diciembre de 2009
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ANÁLISIS

Las cajas enmiendan la plana a Fernández Ordóñez

El acceso a la financiación de los hogares se reduciría sin ellas y crecería la exclusión social

José Hervás .– José Hervás.- El catedrático Santiago Carbó es muy claro. Familias y PYMES españolas verían reducir muy sensiblemente sus oportunidades de financiación si desaparecieran las cajas de ahorros. Afectaría gravemente a la competencia financiera, haría que la concentración bancaria se triplicase y un siete por ciento de los españoles se quedarían sin cobertura financiera en 2015 si estas no existieran. Carbó no es un cualquiera. Entre otros méritos reúne el de ser asesor de la Reserva Federal de Estados Unidos. Lo dice en el informe "El coste de un sector bancario sin cajas" publicado por la Fundación de Cajas de Ahorros y lo comentaba ayer en un breve encuentro con los medios de comunicación tras presentar su trabajo y otro muy completo y realizado por el Center For European Policy Studies sobre La Diversidad en el sector bancario europeo.

Lo que se desprende de su presentación y de los estudios es que en el proceso que ha abierto el Presidente del Gobierno, tras anunciar al presentar su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, que hay que modificar la Le y de Cajas, es que resulta necesario oír a alguien más que al Gobernador para llevar a cabo este proceso. No toda la sabiduría reside en el Banco de España. Para Ordóñez probablemente no tenga mucho interés que en muchas pequeñas localidades estén presentes las oficinas de las cajas pese a que no resulte económicamente rentable. Son las cajas las que acercan el sistema a un sector de la población que de otro modo podría quedar prácticamente excluido.

Tiene razón en este caso los políticos cuando defienden la necesidad de mantener la presencia de estas entidades para poder lograr la financiación necesaria para mantener el crecimiento económico regional. Fue la idea que defendió mil y una vez Fuentes Quintana cuando acudía a las diversas comunidades autónomas para ensalzar el papel de la presencia de estas entidades en sus comunidades de origen, que en más de una ocasión hubieran necesitado mayor control.

Carbó admite, que debido a la crisis, surgen cambios por la sobrecapacidad del sector financiero que conlleva reestructurar el sector, lo que es muy distinto a emprender iniciativas que alteren su naturaleza fundacional, su vinculación social y su aportación a la economía española.

No descarta Carbó que el proceso de reestructuración del sistema financiero pueda ser positivo y que el número de cajas que al final se implique en las fusiones sea mayor que lo que esperaba el gobernador del Banco de España,  quien aboga por la rápida fusión de un tercio de las 45 cajas de ahorros que hay en nuestro país. Pero la urgencia no es buena consejera. NI tampoco considerar que el único que puede llevar a cabo la reforma es el Banco de España con la presión de la banca.