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Publicado el jueves 3 de diciembre de 2009
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Zapatero y la energía nuclear

De hombres es equivocarse, de necios persistir en el error

El Gobierno puede "cambiar de posición"

Alberto Valverde.– La cita se atribuye a Cicerón pero bien podríamos utilizar la expresión más conocida de "Si errar es de humanos, rectificar es de sabios". Y aunque no es nada seguro que José Luis Rodríguez Zapatero vaya en esa dirección, todo indica que el presidente del Gobierno ha decidido dar marcha atrás en algunas de sus banderas políticas más recalcitrantes, como su oposición a la reforma laboral y a la energía nuclear. ¿Tendrá nuevos asesores de imagen o es que le van mal las encuestas? El caso es que el líder sociaiista parece haber iniciado una nueva senda que enmienda algunos de sus empecinamientos más polémicos. Sólo así se puede entender que, a lo largo de las dos últimas semanas, el inquilino de la Moncloa haya indicado -hasta donde pueda ser políticamente correcto- que sus posiciones ideológicas no son inamovibles. La primera cuestión ha sido la reforma laboral, que ya asume como posible y factible en la nueva ronda del diálogo social previsto para el primer trimestre del año próximo. Y en el segundo asunto -el cierre de Garoña y el futuro de la energía nuclear-, sorprendió ayer en el Congreso, al afirmar que puede cambiar de posición..., si el PP aporta "valor añadido" a la negociación en curso para llegar a un Pacto de Estado sobre Energía.

El día de ayer fue pródigo en sorpresas mayúsculas para muchos de los escépticos que dudan de la capacidad de este Gobierno para sacar al país de la crisis. Primero estuvo el rifirrafe en la Conferencia Empresarial 2009 entre Pepiño Blanco -el ministro preferido por los empresarios de la construcción- y Claudio Boada Junior, el presidente del Círculo de Empresarios que sigue sin cuajar y sin convencer a muchos de sus asociados dado su bajo perfil mediático. Boada leyó la cartilla a Blanco, quizá porque Zapatero no se le pone a tiro y porque el ministro ayer se pasó. Pero su firme censura a la política de críticas que mantiene el Gobierno hacia los empresarios -a los que sólo le falta culpar de generar la actual crisis económica-, es de agradecer. Al fin y al cabo, su competidor ideológico, el presidente de la CEOE Díaz Ferrán, no está para realizar al 100% su función. Su gestión como empresario deja mucho que desear y más en unos días en los que sus empleados en Air Comet le someten a una huelga por el mayor pecado que puede cometer un empresario para sus trabajadores: no abonar los salarios debidos.

Boada se fue en momentos por los cerros de Úbeda, pero no dejó de estar firme y convincente. Incluso recibió el aplauso más largo de la audiencia. "De la crisis se sale con los empresarios, no contra ellos", afirmó Boada, que reclamó -como Díaz Ferrán y el presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección, José María Aguirre González- una reforma administrativa y laboral urgente. "Un modelo económico basado en la crítica y demonización de los empresarios está enfocado al fracaso", sentenció. Blanco apenas tuvo palabras para repatirle, aunque reconoció que sin los empresarios no se podrá salir de la crisis. Todo ello después de demonizarlos en una actitud que algunos asistentes calificaron de provocación deliberada. Hasta el ínclito Gómez Navarro, que ya no sabe si miilita en el PSOE o en los acaudalados pesebres de las Cámaras de Comercio, escondía la cabeza de vergüenza.

El ministro gallego es, nadie lo duda, uno de los dos "ideólogos" (el otro es, o era, el líder de UGT, Cándido Méndez) de un Gobierno que va a la deriva. Y por más que el ministro de Fomento haya mejorado la imagen de su departamento frente a la que heredó de la ínclita Magdalena Álvarez, resulta obvio que todavía no es suficiente. A Dios rogando pero con el mazo dando, dicen los empresarios. Y el recién estrenado doctor Blanco todavía no ha conseguido canalizar las suficientes inversiones hacia las maltrechas empresas de la construcción, aunque sea en infraestructuras y obras públicas, no en innecesarias viviendas. Tampoco parece que ha acelerado mucho, según algunos que lo sufren, los retrasados pagos en las obras de las concesiones ya realizadas, lo que está creando una cadena de retrasos y hasta de impagos en pequeñas y medianas empresas. 

En su defensa de la Economía Sostenible, proyecto que llega al Parlamento con más de dos años de retraso y cuando el paro enfila los cinco milones de afectados, Zapatero tocó ayer en el Congreso, aunque fuera de pasada, un asunto que puede ser decisivo para acelerar la salida de la crisis, el Pacto sobre Energía con el Partido Popular. El presidente del Gobierno tendió una mano al PP, quizá porque ya sabe que el partido de la oposición no entrará al trapo en este asunto si no se habla de energía nuclear y del acelerado cierre de la central nuclear de Garoña.

Zapatero se defendió y aseguró que la futura ley  de Economía Sostenible aporta "previsibilidad" al establecer en 40 años la vida útil de las centrales. Incluso admitió que el cierre anunciado se realizó obviando algunas "lagunas legales" que alberga esta decisión. "Hay terreno para el acuerdo" con el PP, dijo, aunque recordó que la posible construcción de nuevas centrales nucleares requerirá un mayor protagonismo del sector público con inversiones más cuantiosas de las que hoy requieren las energías renovables. "Pongámonos a la tarea de intentar alcanzar un acuerdo sobre todos estos temas", añadió el presidente. ¿Será?, será.