Venta de Cuatro y Sogecable
Jesús Polanco tenía razón: "La televisión nos viene grande"
Casi 20 años después, el análisis del fundador de Prisa se cumple y deja al grupo en ropa interior
Corrían los últimos meses del año 1989 y el Gobierno de Felipe González se aprestaba a liberalizar -a su estilo, obviamente- el mercado de la televisión con la concesión de tres licencias a otros tantos grupos mediáticos. En una de las muchas reuniones al más alto nivel que Prisa celebró para estudiar la presentación de una oferta, el desaparecido Jesús Polanco reflexionó en alto: "La televisión no es lo nuestro. Nos viene grande y podemos truncar la buena marcha de nuestro negocio editorial. Además, carecemos de experiencia y no lo sabríamos gestionar". La alianza con Canal+ Francia, la concesión de la licencia pra emitir en codificado y la suculenta tentación de obtener y monopolizar los derechos de imagen del furtbol, convencieron al patrono de Prisa para acudir al concurso, que finalmente ganó junto a las ofertas de Antena 3 y Telecinco.
En los 20 años transcurridos desde entonces, los avatares de Prisa para sobrevivir son harto conocidos. Sin los favores de los Gobiernos de turno y el recurso permanente al bastón y tentetieso de El País, es muy probable que el primer grupo mediático español, levantado con el entusiasmo y el esfuerzo ingenuo de numerosos profesionales que creyeron fielmente en el proyecto nacido durante la Transición, hubiese entrado en barrena varias veces. Para convertirse en el primer grupo mediático, Prisa ha tenido que devorar, con artes poco convencionales, la cadena SER (gracias a la mediación de Goyito Marañón y Matías Cortés/Mario Conde), Antena 3 Radio (González dixit), Vía Digital (Juan Villalonga, después de las zancadillas de José María Aznar, eso sí) y recibir varios 'regalos' inmobiliarios, como pudo ser la compra-venta de un edificio en la Gran Vía madrileña a un precio estupendo (otra vez la mano alargada de Conde).
Si "no hay cojones para negar una televisión a Jesús Polanco", como dicen que afirmó el dueño de Prisa, tampoco lo ha habido para analizar detenidamente los derroteos del enriquecimiento que produjo la salida a Bolsa, apenas año y medio después, del grupo Prisa, realizado a un precio sin duda sobredimensionado a la vista de como se encuenta hoy el valor en Bolsa: menos de cuatro euros por título después de caer por debajo de un euro a primeros de 2009. No hay que olvidar que Prisa, en su mejor momento, rozó los 30 euros por título, momento que aprovecharon para vender algunos beneficiados de los créditos internos de la casa, obtenidos con un descuento importante con el objetivo de comprar a un precio muy inferior a la mitad de su máxima cotización.
Felipe González, evidentemente, no negó la concesión de una cadena televisivión al tánden Polaco/Cebrián, sino que además se vio forzado a colmarle de favores y beneficios para garantizar, en ocasiones, su supervivencia mientras abandonaba a su suerte a otros grupos mediáticos que, bien por las rarezas estrafalarias de sus dueños o los caprichos o convicciones de sus directivos, eran menos manejables. Pero el tiempo ha demostrado que, como pronosticó don Jesús, la tele les vino grande a los de Prisa o, dicho a su manera, "sus directivos no tenían el arte y conocimientos suficientes para gestionar la televisión".
Un periodista, como probaron muchos anteriormente, puede ser un buen periodista de prensa escrita pero un mal director de programas de televisión, aunque sean informativos. No digamos cuando se trata de gestionar un canal de televisión en competencia directa con otros que, aunque sea con sueldos a precio de oro, conocen mejor los entresijos del medio.
Está claro que a Prisa la competencia le sienta mal. Veinte años después del regalo recibido de manos de los hombres de González (algunos de ellos se refugian hoy en sus aledaños), Prisa ha tenido que entregar la televisión a uno de sus competidores -la Telecinco de Silvio Berlusconi-, después de rechazar sus directivos, obviamente encolerizados por la animadversión que profesan al grupo que les ha hundido, las ofertas in extremis de la Sexta de Jaume Roures, con la que visceralmente se han negado a pactar.
"Antes muerto que derrotado", ha debido pensar Juan Luis Cebrián, al que -se asegura en el entorno del consejo de Prisa- se le dará una buena despedida cuando se cumpla el plazo de cinco años que Jesús de Polanco le firmó en el lecho de muerte hace poco más de dos años. El plazo tardará algún tiempo en vencer, y antes de eso habrá que proclamar que el magnifíco periodista, maestro de muchos plumillas, no ha sido el peor de los protagonistas de esta historia. Quizá su único error, en la fase final del considerable lio que ha montado, ha sido no haber dado un golpe en la mesa del consejo el mismo día que alguien alli sentado propuso excluir Sogecable de Bolsa. Es cierto que la decisión se aprobó por unanimidad y en tiempos financieros boyantes (bueno, en su último estertor), pero su elocuente silencio le convirtió en responsable solidario.
Lo malo de esta historia es que Cebrían et al no sólo ha perdido el control de la televisión de Prisa, poniendo en peligro el futuro independiente del grupo mediático, sino que, además, se la ha entregado en bandeja a los intereses italianos de moda, con el silencio cómplice -más bien complaciente- de un Gobierno desbordado por la crisis económica. Pese a tener una economía en estado tan calamitoso como el que ahora atraviesa España (sus ratios de deuda y la mayor parte de sus fundamentales no son mejores que los españoles), la inicitaiva transalpina, en materia mediática, es muy superior a la nacional. Y eso que su situación financiera, si no contara con el apoyo de Mediobanca y de otras entidades financieras y empresariales bien asentadas aquí y allá, no es tan buena como la de otras muchas empresas españolas. Por ejemplo, el Santander y Telefónica. Sobre todo ésta ultima, cuyos intereses en Italia irán ahora necesariamente en ascenso.
El silencio compartido de Zapatero con Berlusconi y las necesidades de Prisa han brindado al grupo Mediaset la oportunidad de blindar su poder en España, sellando el ambicioso objetivo de convertirse en el primer grupo televisivo de España, rentabilizando a la vez que la TV pública se encuentra en franco retroceso. Pero es que, además, la compra del 80% de la Cuatro y del 22% de Sogecable por Mediaset se produce cuando se ha ofrecido a Mediobanca, presente en el consejo de El Mundo/Recoletos a través de Rizzoli, financiar la operación. ¿Terminarán Cebrían y Pedro J. sentados en el mismo consejo siendo empleados de lujo de los italianos? Sería paradójico.
Mientras, Antena 3 del Grupo Planeta (más italianos, a través de la editorial De Agostini) se apresta a devorar La Sexta; eso sí, engulléndose sus ocultos 5.000 millones de deuda. ¿Se le atrangatarán?
Que Dios nos proteja, colegas periodistas. Las fusiones consolidan financiera y empresarialmente, si. Pero uno más uno son nunca dos en materia corporativa y mucho menos en la laboral. Las reducciones de plantilla serán el siguiente paso en el procesolo mundo de la televisión. Y más con la crisis publicitaria en su apogeo.