ANÁLISIS
La banca europea toca a rebato en Basilea
Se siente perjudicada frente a la norteamericana
Todos a una, como en Fuenteovejuna. La banca europea ha sacado a la calle a su lobby para que las nuevas normas que preparan los reguladores tras la crisis financiera internacional más grave de la historia no terminen como el rosario de la aurora. O que salga el tiro por la culata. Es decir, beneficiando a los que generaron la crisis, que fueron los bancos norteamericanos. El Comité de Basilea ha fijado un plazo muy amplio, entre 10 y 20 años, para que la banca internacional pueda adaptarse totalmente a las nuevas exigencias de capital que plantea Basilea II, que entran en vigor a partir de 2012. Aunque con letra pequeña, si los principales bancos estadounidenses y británicos introducen la norma antes de 2012, será una obligación para todos. Los bancos estadounidenses se sienten fuertes, porque han devuelto ya 135.000 millones de dólares de las ayudas públicas por la crisis financiera que contribuyeron a generar.
Pero la banca europea ha tocado a rebato. Porque cree que el exceso de control que quieren imponer los reguladores, más exigentes que los norteamericanos, la coloca en inferioridad de condiciones respecto a sus competidores. "A pesar de que el origen de la crisis financiera internacional y de que las mayores pérdidas se han producido en Estados Unidos, extrañamente los reguladores europeos son más duros, más exigentes, que los norteamericanos, por lo que hay un riesgo de perjuicio de los jugadores europeos frente a los americanos", opina Ramiro Mato, el representante de BNP Paribas en España.
En el cuaderno de quejas de la banca europea figura que se exija a todas las entidades, sin tener en cuenta su nivel de riesgos y el control sobre éstos, un capital básico mínimo del 8%. También, el proyecto de que las participaciones preferentes dejen de considerarse Tier 1, capital de la máxima calidad.
Pero el lobby bancario europeo está muy preocupado porque empieza a generalizarse el impuesto sobre los bonus. Primero fue el Reino Unido, con una tasa del 50% sobre las primas que superen las 25.000 libras (27.500 euros) . Y ahora, Francia, que hará lo mismo. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, explica que "no queremos castigar a los bancos franceses, simplemente queremos que todos jueguen en pie de igualdad. Aplicaremos esta medida, pero no tiene sentido hacerlo sólo en París. Ahora esperamos convencer a nuestros socios europeos y a los Estados Unidos", para tratar de vencer la oposición suscitada", ha defendido. Pero la banca europea sabe que en Estados Unidos las intervenciones estatales sobre entidades privadas están muy mal vistas, y dudan de que esa tasa sobre los bonus llegue a implantarse allí.
El primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, propusieron aplicar a escala mundial un impuesto extraordinario sobre los bonus cobrados por los directivos de la banca en 2009 por considerar que estas primas sólo han sido posibles gracias al apoyo de los Gobiernos para rescatar de la crisis al sector financiero. Y publicaron un artículo conjunto publicado en The Wall Street Journal en el que defienden la creación de una tasa sobre las transacciones financieras, la puesta en marcha de fondos como el Frob español para que los propios bancos contribuyan a la reestructuración o liquidación de entidades con problemas, y que los bancos paguen una prima por las garantías públicas que reciban.
No se trata de que yo me quede tuerto con tal de que mi enemigo se vuelva ciego. Sino de que todos jueguen con las mismas reglas. Y que la factura de la crisis la paguen más los que la han provocado que los que son víctimas de ella. Y ya se sabe que en Europa gusta mucho eso de ser más papistas que el Papa. No hay más que recordar la guerra por garantizar los depósitos, no sea que el dinero abandone mi país para irse al de al lado. O la escalada de ayudas públicas, muchas de ellas encubiertas (como sucedió con el Royal británico), que se utilizaron en algunos casos para captar clientes de otras entidades que rechazaron ese dinero para poder seguir siendo libres.
La crisis ha enseñado que todo control es poco, pero prevenir la próxima no implica que en Europa se sea más estricto que en Estados Unidos. Quizás la solución pase por la personalización, la individualización, de las nuevas exigencias, porque no es lo mismo un banco exclusivamente comercial y minorista, como en España, que un grupo con mucho peso en banca de inversión y en operaciones de trading propio, donde los riesgos se multiplican exponencialmente. Y espero que eso no se interprete como que estoy barriendo para casa.