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Publicado el jueves 5 de noviembre de 2009
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Sentido Común

Por Lucía Casanueva.– Al que fuera uno de los más importantes dirigentes de la Unión Soviética, Leónidas Breznev, le hicieron una vez una entrevista en la que le pedían respuestas breves. El entrevistador le preguntó: "¿Cuál es la situación económica de este país?". A lo que Breznev respondió con un lacónico: "good". Ante lo conciso de la respuesta, el periodista le pidió una descripción de la situación en dos palabras, entonces, Breznev replicó: "not good". Algo parecido nos pasa en España. Hemos pasado del good al not good. Según la mayoría de los barómetros que hace el CIS, para más del 75% de los españoles, el paro es el principal problema. A finales de octubre, la ministra de Economía, Elena Salgado, ya nos anunció que los datos de desempleo serían preocupantes en la última recta del año.

Unas declaraciones en línea con las de Zapatero que ya ha destacado que la recuperación económica no está asegurada y su velocidad menos, en clara referencia a la creación de empleo. A esto hay que sumar que el Gobierno de Zapatero recibe estos días la peor valoración ciudadana en los últimos 13 años.

Nunca me he creído del todo eso de que los políticos están al servicio de la sociedad. Menos estas semanas que nos estamos desayunando con el destape de distintas tramas de corrupción. Creo que el primer objetivo de cualquier político es ser elegido para pasar a un segundo reto que es su reelección aunque por ello tenga que cortarle el cuello a su mismísima madre. Ahora, con el panorama de Spain (not good), a lo mejor empieza a tocar eso de que "la política está al servicio de los ciudadanos y no al revés". No me voy a poner a predicar pero un mínimo de sentido común, algo de sentido cívico y conocer a mucha gente válida, honrada y trabajadora en el paro me preocupa. Como a cualquiera.

Y me pregunto si, aplicando el sentido común, no podemos dedicarnos a copiar medidas que se adoptan en países de nuestro entorno. Políticas que funcionan bien y aplicarlas aquí. A lo mejor, también sería bueno revisar nuestra propia historia reciente: en 1959 Franco cambió radicalmente la política económica. Se abandonan la autarquía y el proteccionismo por la liberalización y el mercado. Se sustituyó a los ministros mercantilistas por tecnócratas. O sea, se escogió a "listos contrastados" de la sociedad civil para liderar el cambio y la mejora del país. Así se decretó el Plan de Estabilización y el primer Plan de Desarrollo. Ideologías aparte, la medida funcionó bien. Los pobres pasaron a ser menos pobres y la España Negra empezó el camino hacia el progreso y la modernidad. Gracias a las medidas de los sesenta podemos repetir la famosa frase de Alfonso Guerra en las elecciones del 82: "¡a España no la conoce ni la madre que la parió!".

Matthew Bishop, redactor-jefe de The Economist, ha publicado un libro titulado: "Filantrocapitalismo: cómo los ricos pueden salvar al mundo y por qué deberíamos dejarles". El autor defiende que los líderes empresariales podrían poner su conocimiento y éxito en el mundo de los negocios al servicio de los Gobiernos y en beneficio de todos. De entre los Consejeros Delegados y Presidentes de las compañías del FTSE 100 debería salir una especie de "Comité de Sabios" que tendría la misión de mejorarlo todo: desde la educación a las políticas medioambientales. ¿Por qué deberían meterse los empresarios a políticos? Por dos razones; la primera sería la mejora de la imagen tanto de las empresas como de sus primeros ejecutivos; la segunda sería el transvase de la práctica empresarial eficaz para adoptar medidas útiles que los políticos no están dando.

Bill Gates, Richard Branson, Mohamed Yunus, Bill Clinton y Tony Blair consideran clave para salir de la crisis la entrada en los Gobiernos de empresarios de éxito contrastado. La sociedad necesita la experiencia y el método de resolución de problemas de la empresa aplicados a la resolución de los problemas del Estado. ¿Se imaginan un Comité de Sabios que incorporase a los diez CEOs de las diez primeras empresas del IBEX? Seguro que las cosas mejoraban rápido.

En el Foro de Davos de este año, Tony Blair comentó que los gobernantes lo hacen muy mal en todo lo relacionado con la innovación, el desarrollo y el fomento del espíritu emprendedor. ¿Por qué? Por su aversión al riesgo. Lógico. Es mucho más cómodo tener el carné del partido desde los 16 años y ejercer la política en formato funcionario. O sea, vivir apesebrado ad eternum. Otra medida de sentido común que me gustaría proponer es que los políticos tengan un mínimo de ocho años de carrera profesional. Esto es, que se ganen la nómina en una empresa privada o que creen su propia empresa. Ahí, hace falta currar, sobra la demagogia y cantan los números.