Las consecuencias económicas de la corrupción
Si hay dos cuestiones que los grandes inversores internacionales no soportan, estas son la inseguridad jurídica y la corrupción, y cada una de ellas comporta una penalización que se proyecta sobre el PIB de cada país afectado por ambos estigmas. En España, el nivel de corrupción ha empeorado según la opinión de analistas y empresarios, lo que representa un "grave" problema para el país, ya que un aumento de la percepción de la corrupción conlleva una pérdida de la inversión extranjera.
Así, en el Índice de Percepción de la Corrupción 2008 de Transparency Internacional, que mide el grado de corrupción percibido en funcionarios y políticos de 180 países, España ha perdido en un sólo año tres puestos en el ranking de los países, al pasar del lugar 25 al 28, en tanto que su puntuación ha bajado 0,60 puntos desde 2004, año en el que obtuvo una nota de 7,10, frente al 6,50 que ha logrado en 2008.
Cada punto menos en el índice viene a suponer una pérdida del 0,5% del PIB o, lo que es lo mismo, perder inversión extranjera equivalente a medio punto del PIB y no esta el PIB en España para ir dejándose décimas por las esquinas. Marbella, Coslada, Palma, Gescartera, Gürtel, Roldan, Santa Coloma de Gramanet, GAL, El Ejido, Palau de la Musica, Faisan, Filesa, de la Rosa, Estivill, son solo algunos nombres -muy pocos- ligados a la historia de la corrupción en España y que demuestran que, aunque mayoría, no siempre esta lacra está ligada al sector inmobiliario y que entre los tres instrumentos de la corrupción -la extorsión, la manipulación y el nepotismo- no hay uno que prevalezca sobre el resto.
Aunque existen diferentes tipos de corrupción ligados al mundo de la política, la judicatura o la policía, bien es cierto que es en el sector inmobiliario en donde los corruptos encuentran su terreno abonado, habiéndose llegado a estimar que no existe en España un solo constructor o promotor que no haya estado sujeto en alguna ocasión a un caso en el que no haya mediado el pago del correspondiente estipendio por el supuesto o falso "favor" recibido.
A la vista de las cifras oficiales que se manejan, no parecen exageradas las aproximaciones. Actualmente en España existe una vivienda por cada dos habitantes (sólo en 2007 se construyeron 800.000 nuevas viviendas, tantas como en Reino Unido, Alemania y Francia en su conjunto). Sin embargo y en contra de cualquier regla del mercado, este aumento y exceso del producto no ha abaratado su precio, sino todo lo contrario, ya que los precios de los pisos han subido un 150% en siete años.
Alguien ha escrito que en su forma actual, la corrupción casi siempre envuelve una relación incestuosa entre el poder y el dinero, describiendo el mal uso del poder público a cambio de dinero. No importa, si el intercambio lo inicia la persona con dinero o la persona con poder; es el intercambio mismo lo que es la esencia de la corrupción. Y de eso en la España contemporánea se están dando casos para todos los gustos, pese a que, quienes estudian este crimen, señalan que como ocurre con los icebergs, solamente el 5 ó 10% de la corrupción se hace visible; mientras el otro 95 ó 90% restante permanece oculto.
El gran problema, en opinión de ciertos sociólogos, reside y seguirá perpetuándose en el terreno de la moral, en la desaparición del escándalo de la escena social. En contra de lo que ocurría en el siglo XIX y principios del XX, hoy nadie se escandaliza por nada, el relativismo se ha apropiado de nuestras vidas y lo políticamente correcto nos ha obligado a acuñar una terminología pacata en forma de "alarma social" propuesta por la política a la que muchos medios de comunicación se han uncido con la rapidez y la abnegación que en ocasiones les son propios.
Como viene ocurriendo cada vez que la corrupción irrumpe en las portadas de los periódicos, los "expertos" se aprestan a dejar constancia de sus conocimientos. En ese proceso surgen soluciones que giran en torno a la liberalización y la globalización de las economías; a la necesidad de resolver la financiación de los partidos políticos; a aumentar el numero de funcionarios de carrera en detrimento de los que acceden a los puestos por la vía "política"; a corregir las cerradas estructuras de los partidos; a acciones eficaces contempladas en ley del Suelo, en ley de Montes, en ley de Costas; a reformas imprescindibles tendentes a atacar el fraude fiscal; a dotar de más transparencia y participación ciudadana a la habitualmente opaca y compleja gestión urbanística, o que si potenciar el papel de la fiscalía.
odo un rosario de causas y soluciones que no nos pueden hacer olvidar que la corrupción pública es un crimen tan antiguo como el Estado y que en el siglo V , a.c , Platón la abordaba ya en Las Leyes y que dos siglos más tarde, el reformador político indio Kautiliya distinguía 40 tentaciones que podían pervertir a los funcionarios.
Que las sociedades contemporáneas conviven con un alto grado de hipocresía, parece algo demostrado empíricamente y quizá por ello nadie se ha querido mantener al margen en la condena y en la lucha contra la corrupción. Desde las Naciones Unidas al Vaticano, pasando por el G-8, el FMI, el Banco Mundial o la OCDE, no existe organización alguna que no se haya posicionado en las dos últimas décadas contra esta lacra. Y estas reacciones tienen su sentido en la medida en que a raíz de la desregulación y del desarrollo de las comunicaciones electrónicas, los capitales obtenidos mediante actividades criminales constituyen un factor de inestabilidad política y financiera de primer nivel, aunque ello no ha sido impedimento para que, un alto funcionario de uno de estos organismos pusiera el dedo el la llaga: "una sola plaza en el mundo, Suiza, garantizaba el secreto bancario hace 40 años. Actualmente, son más de 50". No caben comentarios.
Algo a nivel internacional se ha avanzado porque no se puede olvidar que hasta finales del pasado siglo en muchos países el pago de comisiones era tolerado y en Francia, por ejemplo, era posible declarar esos gastos a la administración fiscal y deducirlos de los beneficios imponibles.
No le faltaba razón a Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial hasta que un escándalo de corrupción le hizo abandonar el cargo y uno de los impulsores de la lucha contra la corrupción, cuando ponía el acento en que "la corrupción es la causa fundamental de la ineficacia de los gobiernos y debilita los sistemas y distorsiona el mercado. A la larga, los gobiernos y los ciudadanos sufren las consecuencias en términos de ingresos más bajos, menor inversión y mayor inestabilidad de la economía. Pero cuando los gobiernos cumplen su función pueden aumentar hasta cuatro veces su ingreso nacional".
Pese a los cientos de portadas y espacios dedicados por los medios de comunicación cada vez que surge un caso de corrupción, los distintos observatorios sobre la corrupción no contemplan un escenario en el que las fuerzas políticas y sociales decidan actuar seriamente contra ella, si no en su erradicación si en su "redimensionamiento.
Post-it
Corrupción: De las muchas definiciones, la de la OCDE puede resultar válida. Se entiende por "corrupción" la promesa de hacer un pago indebido o conceder otras ventajas a un funcionario público, en beneficio propio o de un tercero, directamente o a través de intermediarios, con el fin de influir sobre el funcionario público para que actúe o se abstenga de actuar en el ejercicio de sus funciones oficiales para conseguir o conservar un contrato.
Tipos de Corrupción: Los textos legales internacionales hablan de corrupción política; administrativa-pública; privada; militar; policíaca y judicial.
(1) TENDENCIAS es una publicación de análisis socioeconómico y circulación restringida, coordinada por Carlos Díaz Güell. La colección completa puede consultarse en www.serfusion.com