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Publicado el martes 3 de noviembre de 2009
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ANÁLISIS

Rato acepta el liderazgo de Rajoy y se 'retira' a Caja Madrid

Aburrido en Madrid, descarta su vuelta a la política a sus 59 años

Alberto Valverde.– No resulta nada complicado entender por qué todo un ex director gerente del Fondo Monetario, ex vicepresidente del Gobierno y ex ministro de Economía ha aceptado "retirarse" a la presidencia de Caja Madrid, un cargo "menor" para las lógicas aspiraciones de tan impresionante curriculum, pese a que la entidad madrileña es la cuarta institución financiera de este país, por detrás del Santander, BBVA y 'la Caixa'. El secreto de tan incomprensible misterio es que Rodrigo Rato se aburre de solemnidad en sus responsabiiidades en Lázard Fréres y en el cargo de representación que tiene en el Santander. A sus 59 años, el ex gerente del FMI sigue siendo un animal político, muy necesitado de su ración diaria de adrenalina, y además sabe perfectamente que sólo un milagro le permitiría volver a lo más alto del Partido Popular, en sustitución claro está de Mariano Rajoy.

Hace tiempo que Rato tiró la toalla en sus aspiraciones políticas. Rajoy, probablemente presionado por José María Aznar (no le perdona que se opusiese a la foto de las Azores y al protagonismo inútil de España en la campaña de Irak), nunca contó con él en la campaña electoral de las generales del 2008, pese a su vuelta precipitada a España procedente del edificio de la calle H y la 19th Street de Washington, sede del FMI. No hizo mal volver un año antes de tiempo, y además existían poderosas razones familiares para hacerlo. Permanecer hasta completar su mandato, con la que se avecinaba en la economía mundial (un año después reventó la crisis financiera), hubiese supuesto prolongar su estancia cuatro años más, algo que no podía ni debía hacer. La vuelta implicaba una oferta casi incondicional de colaboración con Rajoy, que necesitaba ganar las elecciones de 2008.

Pero el candidato popular apostó por Manolo Pizarro para "insuflar" su deficiente campaña electoral y, dicho sea de paso, el ex presidente de Endesa no lo hizo nada mal (el que afirme lo contrario que dé ahora un repaso a sus previsoras predicciones sobre la crisis que se nos venía encima), pese al descalabro de sus debates televisivos con Pedro Solbes. Probablemente su único error fue aceptar el enfrentamiento cara a cara con el curtido vicepresidente y ex comisario europeo, sin apenas  evaluar que carecía de información y experiencia de primera mano en el terreno político. En cierto sentido, a Pizarro le ocurrió lo que a Richard Nixon durante la campaña electoral de 1960, cuando cayó ante las movedosas cámaras de TV frente a un irresistible John F. Kennedy. Nixon regresó y ganó después en 1968 y Pizarro aún puede volver, pese a que Rajoy no cuenta con él porque, injustamente, le reprocha ser parcialmente responsable de su segundo descalabro electoral frente a Zapatero.

Pizarro ha perdido la ocasión de rehabilitarse con el cargo en Caja Madrid, pero no hay duda que esperará pacientemente su oportunidad. Es, como Rato, otro animal político y cederle el honor a su antiguo patrocinador dentro del PP es consecuencia de una necesidad inmediata que tiene el PP, cercado por la presión popular del caso Gürtell y las rencillas de salón de los mentideros populares madrileños. Porque para muchos -y más teniendo en cuenta el estado de necesidad en el que Miguel Blesa deja Caja Madrid- sólo han existido dos candidatos realmente serios a la presidencia de la entidad madrileña, Pizarro y el propio Rato. El chiste de la candidatura de Ignacio González no era ni creible ni acertado. Es más, es muy probable que el gerente del Canal de Isabel II haya actuado de "liebre" de la florentina Esperanza Aguirre, que está encantada de que finalmente haya salido elegido Rato, su candidato primigenio. Caso distinto es, dicho sea como un inciso, el de Luis de Guindos, que hubiese sido una solución técnica muy válida  y al que finalmente sólo apoyaba (es curioso) el PSOE, quizá por su perfil más bajo e hipotéticamente más manipulable.

Para Rajoy, colocar a Rato en Caja Madrid es un alivio. Nadie va a discutir ya su liderazgo, maltrecho por los recientes escándalos de corrupción, pese a que ayer las encuestas dan al PP una ventaja sobre Zapaterio de casi cuatro puntos. Faltaría más dada la situación caótica en que se encuentra este país. Y si Rajoy gana colocando a Rato en la entidad madrileña, también lo hace el ex vicepresidente en la etapa de Aznar. No tendrá ya que aburrirse en interminables reuniones de renegociación de créditos con sus jefes de Lazard ni rendir pleitesía a Francisco Luzón en el Santander. Y, además, pondrá a prueba sus labores como gestor. Porque, digan lo que digan las cuentas provisionales de los dos últimos trimestres, Caja Madrid está hecha unos zorros. Ya se lo contaremos muy pronto.