FONDOS DE INVERSIÓN
Invertir en emociones resulta muy rentable
Aumenta el número de fondos en arte y vino
Invertir en vino y arte se está convirtiendo en una alternativa para inversores megamillonarios o institucionales que huyen de la sofisticación financiera. Algunos fondos de inversión han encontrado un nicho en activos que deleitan a los millonarios como los vinos y las obras de arte carísimos. Las perspectivas de una recuperación de la economía mundial han animado a los ricos a asomarse al mercado y a buscar opciones inversoras con una exposición menor a los mercados financieros y que ofrezcan una rentabilidad aceptable. Cuando el sector de fondos en general se ha visto sacudido por el tsunami financiero, los que han invertido en bienes de lujo han resistido mejor, e incluso han tenido rentabilidades superiores a las del mercado.
Por ejemplo, el fondo de pensiones de los empleados de los ferrocarriles británicos, el British Rail Pension Fund, consiguió un rendimiento anual del 11% invirtiendo en arte entre los años 70 y 90. Es uno de los más veteranos, pues la mayoría de este tipo de fondos tiene menos de 10 años de vida. Otro, el Fine Art Group, fundado en 2001, que recientemente compró una obra de David Hockney por unos 850.000 dólares, ha llegado a alcanzar una rentabilidad media por la venta de activos de su cartera del 30%, y estima que unos 350 millones de dólares se invertirán este año en fondos de arte, desde los 200 millones al inicio del año.
El mercado de vinos de grandes añadas es otra de las alternativas inversoras en estos momentos. El más conocido, el Wine Investment Fund, creado en 2003, ha dado una rentabilidad anual del 13 por ciento en los últimos cinco años y entre sus inversores, los institucionales representan alrededor de un tercio y van en aumento.
Otro mercado para inversores muy exclusivos es el de los automóviles de época. En Estados Unidos se empiezan a ver buenas oportunidades de inversión tras el desplome de los precios que trajo la crisis. Ahora, algunos modelos del período 1917-20 cotizan a la mitad del precio de los años de la burbuja. El problema de este mercado son las frecuentes alteraciones y restauraciones de los vehículos, o la profusión de los llamados clones, lo que hace que los originales sean muy escasos y caros.
El interés por los fondos de inversión especializados en arte y vinos, o en objetos exclusivos, estaría indicando un cambio en la actitud de los inversores, de manera especial en aquellos que prefieren, dadas las actuales circunstancias, colocar su dinero en activos tangibles, en activos que "pueden tocarse, sentirse", como sentencia un experto. La gestora británica Emotional Assets Management and Research acaba de lanzar un fondo que invierte en 15 diferentes categorías de objetos coleccionables ("Emotional Assets"), desde obras de arte a relojes antiguos, sellos, joyas y libros o manuscritos singulares. La inversión mínima es de 100.000 libras esterlinas durante un plazo de cinco años y la gestora se propone captar 15 millones y alcanzar unos retornos anuales del 15 por ciento.
Estas rentabilidades contrastan, por ejemplo, con las del sector de los hedge fund que ha perdido un 20 por ciento en 2008, el peor ejercicio de su historia. Además, la complejidad de estos fondos ha ahuyentado a muchos inversores de los productos financieros sofisticados escamados por los efectos devastadores que tuvieron en el agravamiento de la crisis financiera.
En opinión de algunos expertos, el sector de los "fondos emocionales", quizá por su juventud, incurre en ciertas insuficiencias, como la falta de transparencia en sus compras mediante contratos privados, o en conflictos de intereses entre los fondos y sus asesores independientes, a menudo marchantes con intereses entremezclados. Otro inconveniente es la imposibilidad de crear unos benchmarks que puedan orientar los precios disuadiendo a muchos inversores de entrar.
"La transparencia no es el fuerte de esos fondos", estima un especialista en arte y vino de un despacho de abogados.