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Publicado el miércoles 25 de noviembre de 2009
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UN BANCO EN EL RETIRO

Unión Europea, 'Le bateau ivre'

Por Luis Alcaide.– Hace unos días, en Bruselas, y durante el café, después de casi una década de afanes para fortalecer las instituciones comunitarias, los jefes de Estado eligieron para dirigir a la UE de los 27 a dos políticos prácticamente desconocidos por millones de ciudadanos europeos.  A partir de enero del 2010, y durante dos años y medio, el Sr. Van Rampuy presidirá el Consejo de Ministros de la Unión y Lady Ashton será la vicepresidenta responsable de la política exterior. Los consejos de ministros que se celebren bajo presidencia española o austríaca estarán presididos por el Sr. Van Rampuy, aunque el estado miembro de turno mantenga todas las iniciativas para la confección de las agendas y propuestas que se sometan al Consejo de la Unión Europea. Este ciudadano belga, bautizado en las aguas benditas de la Unión Europea, cultivado, políglota y buen componedor será en los próximos cinco semestres el legítimo representante de la primera potencia comercial del mundo.

Una ciudadana británica será vicepresidenta y gran responsable de la política exterior de la Comunidad. El antecedente británico en las vicepresidencias, Lord Cockfield, no puede ser más alentador. En efecto, Cockfield -que ya fuera vicepresidente y responsable del mercado interior con el Presidente de la Comisión, Jacques Delors-, fue el hábil y decidido protagonista de la transformación del mercado interior en Mercado Único. La apertura británica es una estratégica ventana a todo ese mundo anglosajón, artífice destacado en la globalización, que, cualesquiera que sean las críticas actuales, fue una alternativa inapreciable frente a la Guerra Fría.

Bélgica y Reino Unido, la vieja y la Europa crítica aparece personificada en estos dos europeos que no arrastran los rencores del Sr. Blair ni tampoco los peligros de un eje franco-alemán convertido en protagonista privilegiado.

¿Cuáles son las competencias de los nuevos  dirigentes y cuál será la UE en la que los ejerzan?. Elijamos el caso concreto y actual, poco jaleado en los medios, como es la prórroga de los derechos "antidumping", que se aplica al calzado chino y vietnamita. Esta superprotección arancelaria trata de contrarrestar una práctica comercial denunciada como desleal. En efecto, el calzado chino y vietnamita se exporta a un precio inferior al que se comercializa en el interior de esos países. Los productores europeos, encabezados por Italia y España, exigen que esta anomalía se contrarreste con una protección adicional, como viene sucediendo desde el año 2006.

La prórroga se replantea ahora e inicialmente los funcionarios dependientes del Comisario del Comercio Internacional, hasta ahora la de la Sr. Ashton,  parecen que se muestran reacios. Argumentos: los zapatos no son un producto estratégicos y si salen baratos son toda una ofrenda al consumidor europeo; los productores que se dicen perjudicados se encasquillan en estructuras que rechazan la modernización tecnológica o la búsqueda de otros productos con un mayor valor añadido, olvidándose así de ser competitivos; finalmente el antidumping es una invitación a la retorsión contra las mercancías comunitarias.

Los Gobiernos de los estado miembros tienen más cerca las quejas de sus productores que también son votantes y contribuyentes. Quejas: el mayor precio de los zapatos vendidos en el mercado interno de China y Vietnam en los que no hay apenas competencia extranjera, permite disponer de un excedente para rebajar el precio del calzado vendido al exterior; además, el tipo de cambio del yuan, pegadito al dólar durante toda esta etapa de evaluación de la divisa americana, está manejado por las autoridades monetarias chinas, una fórmula eficaz de deslealtad competitiva. En cuanto a la retorsión y visto el superávit chino no hay que temer demasiado.

En definitiva. la política comercial es europea. Así como no hay peajes interiores en el Mercado Único sí hay también una protección única para todos los países de la Unión. El "alakrana" comercial sería asunto de todos y quizá no muy tarde también lo sea el "alakrana político". Europa está ahí, es un mecanismo de arbitraje para evitar conflictos internos y un baluarte desde el que el Sr. Rampuy y la Sra. Ashton cuidarán de la unidad europea y sin duda de su desarrollo institucional.

Sentado en mi banco de El Retiro, leo en voz alta el poema de Rimbaud, "Le bateau ivre", y escucho el ruido de esa Europa que a través de ríos impasibles desciende hacia los mares. El poeta "regrette l´Europe aux anciens parapets... ", desea que sus aguas "sean el charco negro y frío en el que el crepúsculo perfumado un niño en cuclillas lleno de tristeza juegue con un barquito frágil como una mariposa de mayo".

El barco es todavía frágil pero navega sin esclusas sin que nadie le arrastre, más libre y más seguro desplegando sus velas y cargado de mercancías y promesas europeas. ¿Estibarán los británicos sus libras junto al euro  en las aseadas bodegas de la Unión o correrán el riesgo, como ya se avisó Arthur Koestler,  de dejarse arrastrar hacia el gran océano en busca de las playas norteamericanas?