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Publicado el sábado 21 de noviembre de 2009
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EDICIÓN DE FIN DE SEMANA

En apenas 40 años, la población mundial podría superar los 10.000 millones de personas

La nueva revolución verde lleva genes de Monsanto

La escasez alimentaria anima a las grandes compañías a invertir miles de millones en atajar la hambruna

MonsantoAlfred Greens.– La población mundial se enfrentará en los próximos decenios a uno de los mayores desafíos económicos y humanos para el que aún no se ha encontrado solución: la escasez alimentaria. Casi cuarenta años después de la llamada "revolución verde", que supuso el empleo por primera vez de semillas de cereales de alto rendimiento y el uso intensivo de fertilizantes en la India, donde las hambrunas estaban diezmando la población, el mundo necesita de otra revolución que satisfaga los 9.400 millones de estómagos que se calcula habrá en 2050, desde los 6.700 millones de ahora, con la misma superficie cultivable. Una posible respuesta a este desafío es la ingeniería genética aplicada a la agricultura que lleva años experimentando la empresa estadounidense Monsanto, una de las firmas punteras en el diseño y modificación genética de semillas, sobre todo de maíz y trigo, para su adaptación a suelos y climas extremos.

Creada a principios del siglo pasado para la fabricación de sacarina, Monsanto está trabajando en semillas de maíz resistentes a la sequía para los agricultores de África, experimentando con la combinación de un número de genes que estimulen una mayor fotosíntesis y poder recolectar más granos con menos agua, y cuya comercialización prevé para 2012. En esta carrera contra reloj en la que ser el primero puede significar cifras de negocio fabulosas, participan otros gigantes como la química DuPont, que está desarrollando una semilla con cualidades similares a las de Monsanto, Dow Chemical y BASF, entre otras.

El Departamento de Agricultura estadounidense ha pedido a todas ellas que colaboren con organismos académicos y filantrópicos para encontrar soluciones que permitan incrementar la producción agrícola. Según reconoce un reciente estudio de las Naciones Unidas, los avances científicos y tecnológicos para aumentar la producción agrícola en los últimos 30 años no han servido para mejorar el acceso a la alimentación de millones de pobres. El informe, en el que han participado 400 expertos de todo el mundo, propone prácticas agrícolas más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente, que sean beneficiosas para los 900 millones de pequeños agricultores del mundo y no solo para la gran industria del sector.

Para muchos científicos, la respuesta a la crisis alimentaria que puede sufrir la población mundial en los próximos años, un problema que ya teorizó Malthus en su Ensayo sobre el principio de la población, es una segunda revolución verde, basada en los conocimientos de la ingeniería genética. Ya se conoce la secuencia casi completa de los casi 50.000 genes que componen el genoma del maíz y de la soja. Si se logra acceder a los secretos genéticos que esconden, por ejemplo, las semillas del maíz y del trigo, alimentos que representan el 40% de la dieta humana y la cuarta parte de las calorías que ingieren los más pobres, según la FAO, para hacerlas más resistentes a la sequía que está trayendo el cambio climático, es probable que una gran parte del desafío pueda superarse.

En Monsanto están convencidos del esperanzador futuro que se abre con la ingeniería genética, que permitirá a los fitogenetistas mejorar los cultivos incorporando rasgos beneficiosos de otras especies más productivas y resistentes a la sequía. No obstante, los críticos señalan que de momento la manipulación genética no ha sido capaz de mitigar la dependencia de los cultivos surgidos en la revolución verde respecto al regadío y los fertilizantes. Los intentos de modificar las plantas para que fijen el nitrógeno por sí mismas o resistan mejor la sequía no han dado los resultados esperados.

Monsanto, que además comercializa semillas y productos químicos de alto precio para los países ricos, tuvo unas ventas de 11.700 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2009, pero sus críticos no la dispensan el mismo favor que Wall Street. Se ha querido ver en su política de ayuda a los agricultores de los países pobres una estrategia de vinculación comercial para sus patentes.

La empresa dice que aunque esa ayudas son un "buen objetivo global" a corto plazo, espera que los agricultores se conviertan en clientes. "Esperamos que estos proyectos (de ayuda) los saquen de la pobreza y que un día el mercado funcione y ellos puedan convertirse en nuestros clientes", ha declarado a Reuters un directivo de Monsanto.

Como en la primera revolución verde, la próxima también necesitará del conocimiento científico para tratar de alimentar a una población que crecerá en los próximos 40 años a razón de 70 millones anuales. Los expertos estiman que la producción agrícola debe crecer un 70% para entonces, si no habrá hambre y altos precios, y la posibilidad de ganar nuevas tierras cultivables es mínima. "Si tenemos éxito, no solo será bueno para Monsanto, sino para el mundo", afirma Rob Fraley, jefe de tecnología de Monsanto.