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Publicado el miércoles 18 de noviembre de 2009
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Monitor de Latinoamérica

Hugo Chávez hace posible que la situación no llegue a ser desesperada

Los apagones vuelven a Cuba 

Su economía atraviesa la peor crisis desde la desaparición de la URSS

Cubanos haciendo colaAlfred Greens.– Cuba está padeciendo una grave crisis energética que recuerda a la de 1991, tras la disolución de la Unión Soviética. Las autoridades han dado instrucciones a las empresas para que tomen "medidas extremas" y así evitar que la economía cubana se paralice por la falta de suministro eléctrico. Diez años después de que el 'amigo soviético´ dejara de abastecer petróleo a precio subvencionado a Cuba, la percepción generalizada en la isla es que la situación es "crítica" tras los primeros cierres de empresas. No está resultando esta vez ni siquiera la ayuda que el vecino venezolano Hugo Chávez presta, prácticamente de manera gratuita, al regimen de los hermanos Castro.

En un informe interno del Gobierno distribuido por la agencia Reuters recientemente, el momento es tan delicado que de no tomarse medidas inmediatas los apagones serán inevitables. "La situación que confrontamos con la energía eléctrica es crítica y de no adoptarse medidas extremas tendremos que recurrir a los apagones programados, afectando a la población".

Este verano, la Habana dio un ultimátum a empresas estatales para que redujeran en un 12% el consumo de electricidad o se exponían a sufrir apagones. Según otro documento oficial, se han dado instrucciones para ahorrar consumo de energía en todas las actividades excepto aquellas que sean estratégicas o de servicios básicos. "Los directores de Uniones y Empresas (...) realizarán un análisis de las actividades que paralizan o redimensionan, dejando aquellas que garantizan exportaciones, sustitución de importaciones y servicios básicos a la población".

Cuba recibe de su mejor aliado, Venezuela, unos 93.000 barriles diarios de petróleo con los que atiende las dos terceras partes de su consumo pagándolos con el envío de personal médico y especialistas desplegados por el país sudamericano. La colaboración providencial de Hugo Chávez está haciendo posible que la situación de Cuba no llegue a ser tan desesperada como lo fue a raíz del colapso de la Unión Soviética, pero la economía cubana no da para más.

La crisis financiera internacional, que ha provocado la caída de ingresos en las actividades turística y exportadora, y de la inversión exterior, ha deteriorado la ya maltrecha economía cubana hasta el punto que no puede asumir la compra de más combustible. Por si fuera poco, los daños infligidos en 2008 por los huracanes ocasionaron pérdidas económicas valoradas en más de 10.000 millones de dólares, según estimaciones oficiales. El Gobierno de Raúl Castro ha tomado medidas para  reducir el gasto y las importaciones, que han caído un 30 por ciento,  suspendido el pago de la deuda y ha congelado las cuentas bancarias de empresas extranjeras que operan en el país.

En este escenario, el malestar entre la sociedad cubana está provocando el estallido de focos de protesta ante iniciativas gubernamentales como las de restringir cualquier tímido intento de libre mercado en el sector agrícola. Las medidas reformadoras de Raúl para permitir cierto grado de iniciativa privada, sobre todo en la comercialización de alimentos, para aumentar la producción agrícola, siguen esperando.

Recientes rumores en el sentido de que el Gobierno estaba preparando congelar los precios en los más de 300 mercados autorizados a vender productos agrícolas según la ley de la oferta y la demanda, pero con precios controlados, causaron tensiones entre la población y la policía, algo insólito en un país donde la gente lleva viviendo cinco decenios de restricciones. Los incidentes, según algunos observadores, son reflejo del descontento de consumidores y productores a que las autoridades aumenten su intervencionismo en unos momentos en que la crisis está agravando el pobre abastecimiento de alimentos. En las décadas de los 80 y 90, y también tras el rastro de destrucción sembrado por los huracanes,  la Habana endureció las condiciones de los incipientes mercados libres alegando que generaban un mercado negro y el enriquecimiento de los intermediarios.