UN BANCO EN EL RETIRO
Perú, 'the market under the skin'
Hace ya bastantes años unos anglosajones curiosos y cultivados solicitaron el consejo de Don Eugenio Dors acerca de cómo administrar sus pasos para conocer las esencias españolas en un corto viaje de tres días. No tenían más tiempo. Don Eugenio categóricamente recomendó recorrer Portugal. A mí me había pasado algo parecido acerca de los cronistas de Indias y la España del Siglo de Oro, por fortuna un joven amigo mío, uno de los más importantes especialistas en Perú me hizo una propuesta convincente: busca una oferta barata de viajes, lee a Don Pedro Cieza de León y vete a Cuzco en Perú. Pues dicho y hecho.
Aquel excelente reportero de las crónicas de Indias, del S.XVI, Pedro Cieza de León, escribía hace más de 400 años: "... los incas construyeron el camino más grandiosos que existe en el mundo y también el más largo. Pasa por valles profundos y soberbias montañas. Con terrazas niveladas en las pendientes montañosas, cortado en la roca viva, sostenido a lo largo de los bancos fluviales con paredes de contención, edificado en las cubres con peldaños y descansos, y en toda su longitud conservado, nítido, limpio y libre de desperdicios".
La prosa del soldado cronista y luego después las calles, iglesias y conventos de Cuzco, Arequipa y también Lima me devolvían a los S.XVI y XVII. Ciudades cuidadosamente trazadas. Iglesias barrocas deslumbrantes no sólo en las ciudades si no a lo largo de espacios desérticos situados a más de 4000 metros de altura.
Y, sin embargo, la sorpresa al aterrizar en el aeropuerto de Lima fue el orden, la eficacia y la pulcritud. ¿Acaso habían vuelto los incas, con su disciplinada organización jerárquica para imponer la limpieza y nitidez de ciudades y caminos? La respuesta es más próxima. La iniciativa corresponde a los ciudadanos y autoridades de la República del Perú. La limpieza de Lima o de cualquier pueblo del altiplano no desmerecen en modo alguno de Suiza. Este viajero, como cualquier madrileño, sintió una sensación de infinita envidia. ¿Por qué no hay desperdicios? ¿Por qué las obras municipales no interrumpen la confortable comodidad ciudadana, o incluso parecen invisibles? El secreto curiosamente está en el mercado.
Las autoridades municipales han encontrado en las concesiones a compañías privadas, que luchan en rabiosa competencia, la fórmula del éxito. Una gestión impecable hermanada con un sustancial ahorro presupuestario. Ha desaparecido la gestión municipal, la ineficacia y la corrupción. El aeropuerto de Lima ha recibido el reconocimiento internacional como el mejor gestionado de toda la América Latina. La excelencia corresponde a un gestor privado.
Pero la iniciativa privada no se contenta con la limpieza sino que es el motor de la prosperidad. El reclamo de la superación frente a sus vecinos bolivianos o ecuatorianos, mejor dotados de recursos energéticos gas o petróleo pero mucho más atados por las intervenciones estatales, regionales o municipales. Nuevos cultivos de exportación, cooperativas convertidas en empresas mercantiles (Perú es el segundo productor de espárragos del mundo, después de la omnipresente China), el primer exportador de pescado -nada que envidiar en este capítulo a nuestra dieta, incluso, yo diría, que en sus langostinos (camarones), navajas, almejas o corvinas, incluso sopas de pescado, nos superan en calidad y no digamos en precio-, sin olvidar la excelente elaboración y diseño de todo tipo de prendas de confección y género de punto.
En los últimos 5 años la tasa de crecimiento del PIB peruano ha sido la más alta de América Latina, siempre por encima de 5% con récord del 9 y 8% en 2007 y 2008. La crisis naturalmente ha pasado factura. Dos primeros trimestres de 2009 con crecimiento próximo a 0 pero ya con una recuperación positiva en el tercero y una magnífica resistencia del empleo, que diferencia de lo sucedido en el resto del mundo ha tenido un comportamiento menos negativo que la producción.
La presencia española sigue indeleble en plazas, calles, ciudades, edificios religiosos y civiles pero también en el Perú moderno con los letreros de Repsol, BBVA y Banco de Santander además de unos excelentes servicios de telefonía fija o móvil suministrados por la Telefónica de España. Pero ahí, por desgracia se acaba nuestra influencia económica. Las exportaciones españolas de mercancía a Perú en 2008 son todavía inferiores a las del año 1996; ahora 253,8 millones de euros, entonces 254,2 millones (cifras sin corregir por la variación de los precios, es decir que en volumen vendemos mucho menos).
¿No conseguiremos acaso abrirnos paso en una economía competitiva abierta al exterior? ¿es un fracaso de nuestras empresas, de nuestras autoridades o sencillamente el reflejo de una súper preferencia por nuestro mercado interior y el de la unión Europea?. Perú vendía a España en 1996 mercancías por un valor de 116 millones de euros. En los años 2007 y 2008 nuestras compras se sitúan en torno a los 800 millones de euros. Sin duda los peruanos nos venden más mercancías ahora que antes, son más eficaces y activos en el terreno de los intercambios comerciales que nosotros los españoles modernos y contemporáneos.