Los dividendos de ambas compañías han sido muy parejos en los últimos doce meses
La diferencia de negocios de Telefónica y Repsol incide en su política de retribución al accionista
Las últimas inversiones de las dos multinacionales españolas tienen plazos de maduración completamente diferentes
Los resultados no son siempre lo único importante. La Bolsa ha pasado por distintas etapas históricas, casi siempre cíclicas, en las que una vez el dato fundamental es el beneficio. En otras ocasiones es la deuda y de cuando en cuando renacen algunas, como la actual, en las que ni lo uno ni lo otro. Lo importante para muchos -pese a los ríos de tinta que corren por informes de analistas, noticias contradictorias y sesudos análisis de expertos-, son los dividendos. Telefónica y Repsol han terminado hoy, por lo que a grandes empresas cotizadas se refiere, la presentación de resultados trimestrales, el 3T de 2009. Nada fuera de lo normal. Telefónica se mantiene en cifras parecidas a las de 2008. Repsol, igual que sus competidoras internacionales como Shell, Total o Exxon, no ha ido a mejor después del verano.
En ambos casos, la tendencia que será remarcada por muchos titulares se refiere sólo a los beneficios, al igual que en las últimas semanas han proliferado las advertencias sobre la posibilidad de que Repsol contenga la retribución al accionista vía dividendo mientras Telefónica mantiene sus anuncios de incremento hasta 2012. Para 2010 ya ha anunciado un aumento del 21,7% hasta los 1,40 euros por título. Repsol repartió 1,05 euros por acción con cargo a los resultados de 2008 pero en 2009 las cuentas no son las mismas. Por raro que parezca, ambas cosas tienen sentido.
En Repsol, además, se ha abierto un comprensible debate entre sus dos principales accionistas sobre qué hacer con la política de dividendos ante el recorte de los resultados, unos datos que tienen mucho más que ver con la baja del dólar y el precio del crudo que con otras consideraciones, a su vez importantes. Lógicamente, el primer accionista de Repsol -la constructora Sacyr, que entró en el momento álgido de la cotización de la petrolera en 2006 y se mantiene con un 20,01%, en un acuerdo para preservar la españolidad de la compañía- ambiciona el mantenimiento del dividendo mientras que la Caixa, con un 14,30% (directa, 9,28%; e indirecta, via Repinvest, del 5,02%), pero apoyado por el silencio de otros accionistas minoritarios- busca un compromiso bajo el argumento de mantener una estrategia cautelosa de largo plazo. La discusión en el consejo de la petrolera -ampliamente difundida en la Prensa- se ha aplazado al próximo trimestre, antes de cerrar las cuentas del 2009.
(A este respecto, la Caixa dejó filtrar ayer que la entidad no entra "en cuestiones internas de gestión en Repsol" y "asume las decisiones del consejo de administración". Las fuentes señalaron a Europa Press que "Criteria, holding que agrupa sus participadas, siempre estudia las situaciones y desde su independencia actúa", y que su "único interés" en Repsol es que la compañía "crezca y sea rentable en beneficio del conjunto de los accionistas, los empleados y la sociedad en general".)
VALOR DEL TÍTULO SIMILAR
Telefónica y Repsol tienen un valor por título muy parecido en estos momentos, en el entorno de los 19 euros por acción. En el período de los doce últimos meses, la rentabilidad por dividendo ha sido también muy pareja. La de Telefónica se ha situado en el 5,12% y la de Repsol en el 5,55%. En cuanto a la cotización bursátil, que es la otra forma de completar la rentabilidad total, las acciones de Telefónica han subido un 19,8% y las de Repsol lo han hecho en un 24,16%. Y todo ello sabiendo, como se sabe, que los beneficios de la operadora de telecomunicaciones van a ser muy parecidos este año al de 2008 mientras que el de Repsol no va a correr la misma suerte.
Pero es que esta similitud en las cifras procedentes de la Bolsa no pueden ocultar la diferencia esencial de los negocios en los que cada una de estas dos empresas se juega sus beneficios futuros. Dos ejemplos ilustrativos son los últimos movimientos estratégicos de cada una de ellas. Telefónica se ha hecho con la operadora alemana Hansenet y la ha sacado para ello de la órbita de su competidora y colega Telecom Italia por la bonita cifra de 900 millones de euros.
La cifra supone tres veces y medio el beneficio anual de la sociedad adquirida, lo que supone de hecho que en menos de cuatro años Telefónica habrá amortizado su inversión. Pero es que, además, esos 250 millones año de beneficio de Hansenet significan que Telefónica habrá logrado obtener una rentabilidad del 27,7% anual por cada euro dedicado a la operación. ¿Alguien es capaz de encontrar un sitio donde se pueda invertir dinero al 27,7% de interés anual?
En el caso de Repsol, comprometido a una inversión en mantenimiento y nuevas adquisiciones de negocio de 8.000 millones anuales, aproximadamente (cifra que resulta de restar el flujo libre de caja del ebitda) ha logrado incrementar su cartera de posibles reservas de gas y petróleo con 17 nuevos y grandes descubrimientos en los que participa como socio con otras multinacionales. Estas inversiones, lentas, casi invisibles, son las que después dejarán a la compañía en una situación de mayor blindaje ante subidas y bajadas del crudo. La rentabilidad aquí no se ve a corto plazo porque no se está comprando una cartera de clientes sino las reservas que garantizarán la actividad futura a precios rentables.
Los inversores lo han entendido así hasta ahora y por ello han mantenido subidas muy parecidas en las cotizaciones. Si se observan los gráficos de evolución puede verse que salvo en las etapas de burbujas (la de las puntocom para Telefónica en los 2000 y las históricas subidas del crudo para Repsol de 2006 y 2007), resulta que ambas compañías tienen un comportamiento parelelo en la última década. Los resultados trimestrales sirven para lo que sirven, pero no mucho más. Pero en ningún caso pueden considerarse como criterio suficiente para decidir si un dividendo es bueno o malo o si una empresa se lanza al vacío o no en su relación con los accionistas. Cada una tiene sus tiempos.