CAMPO BASE
Orgullo español
Por Lucía Casanueva
A pesar de la derrota de la candidatura olímpica de Madrid frente a Río de Janeiro, el viernes pasado tuvimos un auténtico "brote verde". La presentación de la candidatura de Madrid fue fantástica. Zapatero, el Rey, Esperanza Aguirre, Gallardón... todos estuvieron bien. El proyecto de la corazonada era el mejor. No ha podido ser y no hemos ganado por motivos que nada tienen que ver con el deporte. Las cuestiones geoestratégicas han primado y si Obama es carismático, Lula da Silva ha demostrado en esta ocasión serlo más, argumentando con un "porque nos lo merecemos" (¿acaso Madrid no?) el triunfo de su candidatura.
También se ha confirmado lo de la rotación de continentes. Teníamos la mejor candidatura por infraestructuras, experiencia, reputación y por el factor Samaranch pero... no ha podido ser.
La puesta en escena de Madrid 2016 ha sido un auténtico brote verde. En España, donde hay divergencia política en casi todo, ver este ejemplo de cohesión de las Administraciones con el Rey dirigiendo la orquesta es un maravilloso espectáculo que pocas veces podemos gozar. Madrid no se ha llevado los Juegos pero ha transmitido al mundo la imagen de lo que es: una gran ciudad cosmopolita, moderna e internacional. En el Bella Center de Copenhague hemos visto lo que nos gustaría disfrutar más a menudo a los ciudadanos: un equipo humano muy profesional que ha trabajado unido en aras de conseguir traer los Juegos a casa. El viernes, los ponentes de Madrid 2016 nos hicieron sentir "orgullo español". Durante cuarenta y cinco minutos de ventana promocional hacia el mundo, demostramos, que cuando nos da la gana, somos un gran país.
Queda el sabor amargo de la derrota pero la presentación de la candidatura aporta otro tipo de corazonada. La corazonada de que si conseguimos transformar la divergencia política permanente en avances hacia la convergencia en algo (por ejemplo, la educación) saldremos fortalecidos de la crisis. Copenhague ha sido un escaparate de Madrid hacia el mundo y el resultado del examen es para matrícula pero, al aterrizar en Barajas, todo esto se olvida y volvemos a enfangarnos en las disputas de reinos de Taifas de un país crispado y empobrecido.
Lo del viernes fue un ejercicio de unión nacional que nos subió la autoestima. Nuestro país, lleno de secesionismos pueblerinos, necesita muchos ejemplos de unidad como éste. Gracias por el brote verde de Copenhague, en especial a Juan Antonio Samaranch, que con 89 años, no ha cambiado su nombre por un oportunista Joan Antoni, y que ha defendido con serenidad, dignidad y emotividad la candidatura de Madrid.
No hemos conseguido los Juegos pero ojalá se pudiera contagiar un poquito de la magia unificadora que siempre tiene el deporte a la vida política nacional. Nos iría mejor.