Se olvida de agradecer los servicios a su antecesor, aunque defiende su multillonaria pensión
El nuevo consejero delegado del BBVA no aspira a nada, "sólo a hacer mi trabajo lo mejor posible"
En su estreno asegura que no ambiciona ser vicepresidente ni sustituir a Francisco González en la presidencia del banco
Una de cal y otra de arena. El nuevo consejero delegado del BBVA, Ángel Cano, se estrenó en la presentación de resultados con un detalle humano, como lamentar el fallecimiento esa mañana de Carmela Arias, de quien destacó que fue la primera mujer en llegar a la presidencia de un banco en España, el Pastor. Pero falló al no hacer ninguna mención a su antecesor, José Ignacio Goirigolzarri, ni en su exposición ante los analistas ni en la posterior ante los periodistas. Sólo cuando uno de éstos se lo reprochó, contestó con palabras que sonaron forzadas: "He tenido la suerte de trabajar ocho años con José Ignacio, con una química excelente; ha sido un magnífico profesor, del que he aprendido una barbaridad; le deseo lo mejor". Eso sí, defendió con insistencia tanto los más de tres millones de euros de pensión vitalicia de Goirigolzarri ("era un contrato transparente y aprobado por consejeros independientes") como el sistema de retribución del BBVA, "ligado no sólo al beneficio sino también al consumo de prima de riesgo y de capital y que una parte se cobra en acciones del banco", como ahora están planteando las instituciones de supervisión tras la crisis financiera internacional.
Si Goirigolzarri presentaba los resultados solo, Cano se reforzó con la presencia del director financiero, Manuel González Cid, quien respondió algunas de las cuestiones más técnicas, como las referidas a las cuotas de mercado ("la hemos mantenido en crédito, mejorando en hipotecas; hemos ganado en pasivo transaccional, fondos de inversión y planes de pensiones, y hemos perdido algo en depósitos a plazo, pero nuestra estrategia no está orientada a la ganancia de cuota, sino a la rentabilidad"), el dividendo ("uno de los más atractivos de la banca europea, sin necesidad de hacer ampliaciones de capital", en alusión al Santander y al Popular), el riesgo sistémico ("menor, porque el grupo tiene un balance pequeño, centrado en banca minorista y las filiales son independientes desde el punto de vista financiero, no recurren a la matriz"), o la pérdida esperada por la morosidad ("sustancialmente inferior a las provisiones genéricas", cuando el Popular la cifró en el 30%).
Cano aguantó, eso sí siempre con una sonrisa, un chaparrón de preguntas vinculadas a su nombramiento. Por ejemplo, aseguró que no sabe a cuánto asciende su plan de pensiones ("no he dedicado ni un segundo a leer el contrato"), que "no tengo más aspiración que hacer mi trabajo lo mejor posible", no a ser vicepresidente ni mucho menos a relevar a Francisco González en la presidencia del segundo grupo bancario de España: "No le he preguntado si se va a jubilar ni cuándo". Intentó tranquilizar a la organización: "No hay ningún cambio previsto en el organigrama". Tampoco "hay un plan concreto de reducción de plantilla, más allá de la adaptación al ajuste de la red". Pero los números muestran que en España hay 1.381 empleados y 400 oficinas menos que en septiembre de 2008.
Y que "no habrá cambios fundamentales en la estrategia del grupo, seguiremos en la misma línea que antes". Con dos matices. Uno: "Más autonomía en las áreas de negocio para acelerar la toma de decisiones", lo que se ha interpretado como una vocación más compradora. Cano admite que "estaremos con las orejas abiertas escuchar y analizar las operaciones que pueda haber en cada momento", especialmente en Estados Unidos, donde buscan "masa crítica, aunque en Texas ya tengamos una cuota de mercado del 6%". En España, las territoriales tienen la consigna de "seguir captando negocio", con el acento puesto en el crecimiento orgánico, desmarcándose de la compra de activos de las cajas. Dos: "más velocidad en la adaptación tecnológica".
Fiel a la norma de la casa, Cano se negó a hacer previsiones sobre el cierre del ejercicio ni sobre 2010. Lo más que dijo fue que, aunque las entradas en mora se van estabilizando, "hay que ser prudente, porque durante los dos primeros trimestres del año que viene podemos ver lo que falta del crecimiento de morosidad", subrayó Cano durante la presentación de los resultados de la entidad. No espera "sorpresas" en el último trimestre, sino que se empezarán a ver datos positivos de la economía. "Esperamos pasar bien 2010", enfatiza el consejero delegado del BBVA, que espera una mayor aportación procedente de Estados Unidos y una recuperación de México, apoyada en la financiación hipotecaria. España "va a salir más tarde de la crisis", pero ya no se verán las caídas de actividad contempladas este año.
El BBVA ha cerrado los nueve primeros meses del año con un beneficio neto de 4.179 millones de euros, lo que supone una reducción del 7,2%, mejor de lo previsto por los analistas. Éstos critican la mala evolución de los ingresos por comisiones, pero aplauden el mejor comportamiento en morosidad (3,4%, el doble que un año antes) y el esfuerzo en provisiones, especialmente que los 830 millones de plusvalías por la venta (con arrendamiento a largo plazo) de sucursales se destinen a la hucha y que Cano haya anunciado que cualquier beneficio extraordinario tendrá el mismo destino. También destacan la creciente aportación de América del Sur y las expectativas en Estados Unidos.
Ante los analistas, Cano destacó que desde que estalló la crisis subprime hace dos años, el BBVA ha ganado 2,5 puntos, hasta el 7,6%, de cuota en margen neto sobre el grupo de bancos de referencia. La mejora es de 15 puntos, hasta el 19,9%, en beneficio atribuido.