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Publicado el martes 27 de octubre de 2009
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TENDENCIAS

A vueltas (a la baja) con el dólar

DolarTendencias.– El pasado día 19 de octubre, a las 18.55 horas, el dólar se cambiaba a 1,490 euros y la tendencia indica que seguirá la cuesta abajo, una vez alcanzado el valor más bajo adquirido por la divisa norteamericana frente al euro. Desde el tipo de cambio entre la moneda estadounidense y la moneda única europea de principios de año (1 euro= 1.25 dólares) al día de hoy, ha habido una revalorización del euro cercana al 20% frente al dólar y muchos son los analistas que mantienen una posición bajista para el billete verde en el medio-largo plazo.

El déficit comercial, el endeudamiento presupuestario y la batería de medidas expansivas, junto a unos tipos en mínimos históricos, plantean un escenario en el que el dólar se verá presionado a la baja, aunque no se puede olvidar que esto dependerá del manejo que las autoridades monetarias USA hagan en el escenario inflacionista en el que nos movemos, aunque que en estos momentos parece ser el mal menor, pero que sin duda se convertirá en el autentico quebradero de cabeza para no lastrar e incluso anular la tan ansiada recuperación económica.

Muchos son los que parecen tener claro que la importante cantidad de dinero que se está introduciendo en el sistema  por los bancos centrales va a provocar unas tasas de inflación que preocupan y de las que no será fácil salir.

Al calor de esta incipiente recuperación, cada vez más surgen las preguntas de rigor sobre el papel que ha jugado el dólar en esta crisis, la situación en la que se va a encontrar esta moneda al final del  proceso, en qué medida la caída del dólar perjudica a las exportaciones europeas y, por tanto, a la recuperación de su economía o sobre las posibilidades de reemplazar al dólar como moneda de intercambio mundial.

Hace cinco años, con un déficit fiscal en EEUU superior al 5% del PIB, muchos economistas dieron la voz de alarma demandando medidas de política económica con carácter urgente si no se quería que apareciera  la primera gran crisis financiera mundial del siglo XXI. Las medidas no se tomaron y la crisis, finalmente, apareció con las consecuencias que todos conocemos.

Hoy, son muchos los tremendistas  que se preguntan si la crisis no se está cerrando en falso y en qué medida el déficit comercial y fiscal en crecida libre, provocará que los inversores bursátiles empiecen a vender acciones denominadas en dólares, a lo que seguirá una estampida provocando el hundimiento de la moneda norteamericana y desencadenando una nueva crisis de consecuencias imprevisibles dentro de seis u ocho años.

Para bien o para mal, el dólar está en boca de todos en un momento en el que la economía mundial y su globalización anuncian nuevas reglas de juego y cada vez más la sociedad es consciente del papel que juegan en sus vidas las políticas monetarias e instituciones como la Fed, el BCE, BoJ o el banco central chino.  

Aunque sea entrar en el mundo de la política ficción, algunos analistas aventuran la posibilidad de que una vez que la economía mundial empiece a dar señales de recuperación de la confianza, la situación en el mercado de divisas puede empezar a cambiar y es entonces cuando se plantea un improbable cambio de modelo. Y en ese contexto las miradas se vuelven hacia el dólar y las posibilidades que tiene de seguir teniendo un papel tan predominante como moneda de reserva.

Sobre las perspectivas negativas de un dólar fuerte influyen igualmente los pronósticos a largo plazo sobre el inmenso déficit presupuestario de EEUU, que aumenta día a día como consecuencia de los planes de rescate preparados por el gobierno para evitar la verdadera depresión. Además de los efectos negativos que las medidas de rescate tienen en relación al dólar en términos de endeudamiento presupuestario, éstas, en sí mismas, pueden producir la pérdida de valor adquisitivo del dólar. Sin embargo, las tesis que pronostican un futuro más sólido al dólar destacan que el déficit comercial de Estados Unidos se ha venido reduciendo y que está aumentando la tasa de ahorro. Ambos datos reducirían el riesgo de un ajuste brusco.

Pese a todos los argumentos a favor y en contra de reemplazar al dólar por otra moneda o por una canasta de monedas, no es ésta una cuestión ni fácil ni simple y nadie puede ignorar que desde que comenzó la crisis, el dólar y el yen han actuado como monedas de refugio. ¿Qué otra moneda es tan fuerte, ha resistido tanto tiempo y es tan atesorada como el dólar? Es la pregunta que se hacen los que propugnan el que todo siga igual.


Para que el dólar dejara de ser moneda de reserva internacional, hacen falta dos premisas difíciles de cumplir: que los principales tenedores de deuda del Tesoro Americano (China, Japón...) le hagan un colosal desplante  a USA a costa de sus propias reservas, lo que afectaría seriamente a sus propias economías dependientes del potentísimo e insustituible consumo norteamericano, o que haya voluntad real de cambiar el actual Sistema Monetario Internacional, algo que los Estados Unidos, jamás aceptaría. Sin embargo, es una realidad que las primeras voces sobre este
asunto han comenzado a escucharse tímidamente en algunos medios e incluso China ha solicitado al mundo un debate sobre la conveniencia de sostener al dólar como moneda de cambio mundial.

En este sentido, las autoridades chinas empiezan a mover ficha y han empezado a prestar yuanes a países como Argentina, Indonesia o Corea del Sur, además de  anunciar nuevas medidas para alentar que haya más operaciones financieras y comerciales en su cada vez más potente divisa.
Sin embargo, no se puede obviar que a principios de 2009 China contaba con casi dos billones de dólares de reservas en diversas divisas, de los que unos 700.000 millones lo eran en bonos del Tesoro norteamericano, lo que refleja hasta qué extremo también China está pillada en este debate,
ya que si los bancos centrales se desprendieran masivamente de sus dólares éstos perderían valor y consecuentemente disminuiría el monto de las reservas que tienen los países.

Poner fin a una historia que se inició al final de la II Guerra Mundial, cuando en la conferencia de Breton Woods se fijó el valor del oro en 35$ la onza, convirtiéndose en el estándar internacional de mediciones de las divisas, no resulta fácil, aunque en 1971 Nixon sacara al dólar de patrón fijo oro para convertir a la divisa norteamericana en el único instrumento monetario global, ejerciendo los Estados Unidos el patrimonio de poder imprimirlos en exclusividad y haciendo de su moneda una moneda de referencia mundial. Esto ha llevado a que no haya una relación entre el valor del dólar y su economía, aunque EEUU se beneficia de está función de forma más que considerable. 
Los libros de texto dicen que el valor de la moneda está en función de la economía de cada país y, sin embargo, esto no sucede con el dólar porque es la moneda mundial del comercio, adquiriendo así un valor fiduciario basado en la garantía que se supone que le da la solidez económica
norteamericana.

Por eso, desde 1945, la fuerza del dólar ha residido en ser la divisa internacional para las transacciones petroleras globales. Los cientos de billones de dólares que han “fabricado” los Estados Unidos, sin respaldo económico alguno, los han usado los países para comprar petróleo y energía a los productores de la OPEP. Los famosos petrodólares han seguido, a lo largo de la historia, un camino de vuelta hacia los Estados Unidos, vía letras del tesoro u otros activos denominados en dólares.

Antes de la llegada del euro, a finales del pasado siglo, más del 80% del comercio en moneda extranjera y el 50% de las exportaciones mundiales se hacían en dólares. Hoy la divisa norteamericana está siendo cada vez más cuestionada en la medida en que le ha salido un competidor fuerte de referencia como el euro, que poco a poco le va ganando terreno y ha
emergido con fuerza el gigante chino.  El bocado que el euro está quitando al dólar es importante y el que Asia demande para sí una parte del pastel es cuestión de tiempo.

(1) TENDENCIAS es una publicación de análisis socioeconómico y circulación restringida, coordinada por Carlos Díaz Güell. La colección completa puede consultarse en www.serfusion.com